La pugna por la hegemonĂa dentro del espacio de la izquierda es lo mĂĄs relevante de los diversos acontecimientos que se han suscitado despuĂŠs del 26-J. Las diferencias de Ăşltima hora estĂĄn agudizando la divisiĂłn existente entre el PSOE y Podemos y hacen inviable cualquier tentativa encaminada a presentar una alternativa real a la investidura de Rajoy y, por lo tanto, a presidir un gobierno progresista al margen del PP. Todo ello se produce en un contexto polĂtico, econĂłmico y social donde es muy difĂcil crear unas mĂnimas expectativas de cambio ante unas hipotĂŠticas y nuevas elecciones generales que, todo hay que decirlo, nadie desea. En la prĂĄctica, y a pesar de la nulidad de Rajoy en el proceso de investidura, se estĂĄ produciendo todo lo contrario: la consolidaciĂłn aĂşn mĂĄs de la derecha polĂtica (incluida la recuperaciĂłn de Ciudadanos) -como se ha demostrado en la composiciĂłn de la mesa del Congreso de los Diputados-, la sensaciĂłn de derrota del PSOE y el declive del protagonismo presencial y mediĂĄtico de Podemos. Y esto es sĂłlo un adelanto de lo que nos espera, si nadie lo remedia, en los futuros debates parlamentarios que se producirĂĄn a lo largo de la prĂłxima legislatura.
Por lo tanto, no es extraĂąo que los ciudadanos, y particularmente los que estĂĄn sufriendo las consecuencias mĂĄs graves de la lamentable gestiĂłn de la crisis del PP, no den crĂŠdito a lo que estĂĄ pasando y reaccionen con manifiesta incredulidad ante una izquierda en el divĂĄn, sin capacidad de reacciĂłn y donde el PSOE ha perdido la centralidad en el tablero polĂtico y corre el riesgo de perder el liderazgo de la oposiciĂłn y de convertirse en un partido poco relevante en el escenario polĂtico. Con el agravante de que la izquierda, desde hace tiempo, viene inspirando muy poca confianza a los ciudadanos y de que ĂŠstos tampoco esperan que el PSOE y Podemos, en concreto, sean capaces de revertir la actual situaciĂłn y menos que sus polĂticas mejoren su precaria situaciĂłn econĂłmica y social.
Debemos recordar que el nacimiento y auge de Podemos -frenado bruscamente en las pasadas elecciones del 26J- tiene sus causas en una gestiĂłn muy regresiva de la crisis y en el considerable aumento de la desigualdad propiciado por una deliberada polĂtica econĂłmica (de marcado carĂĄcter neoliberal). En este contexto, Podemos ha sido capaz de hacer un buen diagnĂłstico de la situaciĂłn y, ademĂĄs, ha sabido canalizar el descontento social y democrĂĄtico de cinco millones de electores; y, nos guste o no nos guste, eso es lo que cuenta por el momento, al margen de las dificultades que tiene Podemos -y el conjunto de la izquierda- para ofrecer alternativas reales a la situaciĂłn de millones de personas que estĂĄn sufriendo las consecuencias de una polĂtica hostil y agresiva en los Ăşltimos aĂąos. Por lo tanto, el PSOE y Podemos no pueden desconocer esta realidad y deben reflexionar sobre su convivencia futura, al margen de las diferencias polĂticas entre ambas formaciones en la actualidad.
Eso explica que el PP haya pasado de puntillas por la Ăşltima campaĂąa electoral y que las crĂticas recibidas se hayan referido sobre todo a los escandalosos casos de corrupciĂłn y de financiaciĂłn ilegal del PP (que no cesan y estĂĄn creando nuevas alarmas sociales) y, en cambio, se haya hablado muy poco de las polĂticas econĂłmicas y sociales y menos de los estragos causados por las polĂticas de austeridad y por el durĂsimo ajuste econĂłmico y social. En definitiva, nadie ha sido capaz de imponer en la campaĂąa electoral un debate relacionado con los problemas derivados de la desigualdad, de la pobreza y de la exclusiĂłn social, que son los que verdaderamente preocupan a la mayorĂa de los ciudadanos.
Debemos recordar que la desigualdad se produce por una serie de causas que, sumadas, nos dan un resultado desalentador. La desigualdad (estamos entre los mĂĄs desiguales de la UE) es consecuencia de un elevadĂsimo desempleo; de una arraigada y exagerada precariedad de nuestro mercado de trabajo, amparada por sendas reformas laborales; de los bajĂsimos salarios; del desplome de la prestaciĂłn por desempleo; del deterioro de los servicios pĂşblicos; y de una polĂtica fiscal regresiva e ineficaz que sĂłlo beneficia a los mĂĄs ricos y a las grandes empresas. Todo ello ha supuesto una fuerte e intolerable transferencia de rentas del trabajo al capital -desconocida hasta ahora-, que se ha visto consolidada por las elevadas subvenciones y bonificaciones a las empresas (tarifas planas entre otras) para fomentar la contrataciĂłn de trabajadores, en muchas ocasiones sin fundamento ni justificaciĂłn (las empresas contratan cuando lo necesitan, no porque los contratos estĂŠn subvencionados), lo que ha terminado por malgastar, irresponsablemente, el Fondo de Reserva de la Seguridad Social entre otros asuntos importantes.
El PP, en su polĂtica de gobierno, ha apostado por salvar a las empresas antes que a las personas y ha seguido defendiendo el principio (ideolĂłgico) de que para repartir la riqueza debe crecer la economĂa, a sabiendas de que eso no es justo ni se corresponde con la realidad. Las tartas (las riquezas) se pueden repartir siempre, al margen de su tamaĂąo (del crecimiento de la economĂa). Por lo tanto, la redistribuciĂłn de la riqueza depende siempre de la voluntad polĂtica del gobierno de turno y no del crecimiento de la economĂa, como defiende el pensamiento liberal conservador. No es ocioso recordar que en tiempos de crisis econĂłmica las empresas exigen -para garantizar su supervivencia- acumular exclusivamente los beneficios obtenidos, mientras se agudiza el empobrecimiento de los trabajadores, y que en tiempos de prosperidad las mismas empresas siguen apropiĂĄndose de todos los beneficios sin que se planteen repartir, cuando menos, una parte de los beneficios que se generan por un mayor crecimiento de la economĂa, sin olvidar que el reparto, si se produce, serĂĄ debido a la presiĂłn y a las movilizaciones que ejercen los trabajadores organizados.
Por lo tanto, no es extraĂąo que los sindicatos exijan a los partidos polĂticos una polĂtica econĂłmica y social (â20 actuaciones urgentes por el progreso y el bienestar socialâ) encaminada a superar la lacra de la desigualdad, la pobreza y la exclusiĂłn social. En concreto, UGT y CCOO exigen derogar las reformas laborales de 2010 y 2012, la ley de protecciĂłn de la seguridad ciudadana y el artĂculo 315.3 del CĂłdigo Penal; establecer una prestaciĂłn de ingresos mĂnimos para los que carecen de un empleo; poner en marcha un Plan de Choque especĂfico para los colectivos con mayores dificultades para su recolocaciĂłn; incrementar el SMI a 800 euros en el primer aĂąo de legislatura; recuperar el subsidio para mayores de 52 aĂąos; articular un procedimiento para que los desempleados de larga duraciĂłn de mayor edad puedan alcanzar una pensiĂłn de jubilaciĂłn digna; abordar a fondo el incremento de los ingresos a la Seguridad Social; acabar con los desahucios; erradicar la pobreza infantil y energĂŠtica; y abordar una reforma fiscal progresista (que paguen mĂĄs los que mĂĄs tienen), que posibilite mantener una polĂtica econĂłmica y social mĂĄs justa y sostenible y corregir de manera negociada el dĂŠficit y la deuda pĂşblica.
En definitiva, el combate contra la desigualdad y la pobreza debe convertirse en el principal objetivo de la UE y, particularmente, de nuestro paĂs y esto sĂłlo serĂĄ posible llevarlo a cabo desde la izquierda, lo que requiere aceptar de entrada lo que se viene llamando la hegemonĂa compartida (asumida y no competitiva) entre el PSOE y Podemos, ademĂĄs de seguir colaborando con los sindicatos para seguir defendiendo a la mayorĂa social de nuestro paĂs. Hoy, desgraciadamente, ni siquiera la lucha contra la desigualdad es capaz de unir a los partidos progresistas, lo que no deja de resultar lamentable porque perjudica sobre todo a los mĂĄs dĂŠbiles, como lo recogiĂł El ROTO, en El PaĂs, el pasado 25 de julio: âla derecha con la derecha y la izquierda contra la izquierdaâ. Perjudica tambiĂŠn al PSOE -que es el segundo partido mĂĄs votado y primero en el espacio de la izquierda y que, por lo tanto, deberĂa encabezar el liderazgo de la izquierda y el combate contra la desigualdad-, vĂctima de la divisiĂłn interna y de las absurdas lĂneas rojas marcadas por su ComitĂŠ Federal para frenar la bĂşsqueda de algĂşn tipo de acuerdo con los nacionalistas vascos y catalanes y sobre todo con Podemos, asĂ como de los continuos e inoportunos pronunciamientos de sus lĂderes territoriales e, inclusive, de ex responsables institucionales y de gobierno sin ningĂşn cargo orgĂĄnico en la actualidad.
Como consecuencia, nos espera mĂĄs derecha hoy, maĂąana y pasado maĂąana. Simplemente porque el electorado asĂ lo ha querido, al posicionarse, irremediablemente, a favor del PP, ante el dicho: âel PP nos roba y Podemos nos expropiaâ, a lo que hay que aĂąadir la profunda divisiĂłn de la izquierda. Mientras tanto, el PSOE se afana en seguir ocupando el centro polĂtico junto a Ciudadanos y, en coherencia con ello, mantiene un discurso ambiguo, dubitativo y, como consecuencia, poco convincente y creĂble, lo que no genera ninguna ilusiĂłn en el electorado. Esperemos con renovada confianza que el PSOE y Podemos, asuman, de una vez por todas, que la oposiciĂłn en el parlamento debe consistir en combatir exclusivamente las medidas regresivas del gobierno del PP y trabajar a fondo por la regeneraciĂłn moral y democrĂĄtica de la vida polĂtica a todos los niveles.
En este escenario, y pasado el mes de agosto y la investidura, se comenzarĂĄ a hablar de los problemas reales que tiene nuestro paĂs: por ejemplo del ajuste econĂłmico exigido por la UE (mĂĄs de 10.000 millones de euros), de los Presupuestos Generales del Estado (PGE-2017), del desempleo, del futuro de las pensiones (capĂtulo de ingresos) y, cĂłmo no, del prĂłximo congreso ordinario del PSOE y, en concreto, de las opciones de Pedro SĂĄnchez para revalidar su secretarĂa general, asĂ como de las polĂticas encaminadas a recuperar la credibilidad de los ciudadanos que, sin lugar a dudas, pasan por defender con valentĂa las ideas socialdemĂłcratas, fortalecer la democracia interna y fomentar la participaciĂłn de los militantes en la polĂtica partidaria y, sobre todo, en el entramado y complejo tejido social. Seguiremos atentos, a pesar del caluroso verano⌠Buenas y merecidas vacaciones.
