Nada nuevo descubrimos aquí si nos hacemos eco del progresivo envejecimiento de la población, sobre todo en los países occidentales. Según el Instituto Nacional de Estadística, en España, en el año 2039, se habrá triplicado el número de personas con 100 o más años. Junto a ello, también un tercio de los hogares españoles será de una sola persona.

Según proyecciones del INE las personas con 80 o más años crecerán un 47,5% en los próximos 15 años, al pasar de cerca de 3 millones en 2024, a 4,35 millones en el año 2039. Y por lo que a los centenarios se refiere, estos casi se triplicarán, al pasar de los 17.000 actuales, a 46.000. Son estas, algunas de las conclusiones de las proyecciones de población que elabora el Instituto Nacional de Estadística y que, a juicio de dicho organismo, más que constituir una predicción de futuro, tratan de dilucidar cómo evolucionará nuestro país, si se mantienen las tendencias demográficas actuales.

Dentro de esos 15 años analizados, las defunciones seguirán superando a los nacimientos, aunque el previsible crecimiento poblacional se deberá fundamentalmente a la migración.

Otro dato muy significativo en estos tres lustros es el de que para 2039 se prevé que los hogares españoles de una sola persona alcanzarán los 7,7 millones de viviendas, frente a los 5,4 actuales.

Esta última variable es un fiel indicador de cómo ha cambiado España en las últimas décadas. Los hogares no dejan de reducirse, no paran de bajar en el número de sus miembros componentes. Desde las cerca de 4 personas que conformaban un hogar en nuestro país en el año 1979, a las 2,5 que proyecta el INE para 2024; desembocando en 2,32 personas de promedio en cada hogar en el año 2039.

En dicho periodo, comprendido entre 2024 y 2039, habrá 3,7 millones más de hogares, hasta superar los 23 millones. Dándose la circunstancia de que los hogares que más crecerán serán los más pequeños, los unipersonales (que liderarán ese incremento, con casi un 42%) o los formados por 2 personas. En menor medida, los de 3 o más personas; mientras que los de 4 o más o no crecerán o incluso puede que sufran un decrecimiento. De tal forma que en el año 2039 el tipo de hogar más frecuente en España será el de una sola persona (un 33,5% del total, por delante del 31% que supondrán los de dos personas).

En cuanto al número de hijos por familia, la tónica general es también la de que existirá un solo hijo o a los sumo dos. Resultando una rareza el que las familias tengan tres o más hijos. En España resulta evidente que desde hace años cada vez se retrasa más la maternidad y se tienen menos hijos; incluso ya es un hecho que muchas parejas no tienen descendencia. Todo ello sin olvidar que como las mujeres viven por regla general más que los hombres, a medio plazo las familias irán decantándose a favor de los hogares unipersonales constituidos por mujeres de edad avanzada.

Analizando lo atinente a las viviendas unifamiliares en relación con las diversas Comunidades Autónomas, en 2039 estará a la cabeza Castilla-León, con un 41,9%, seguida de Asturias con un 40,52% y Extremadura con un 38,2%. Debiendo considerar a estas tres regiones, como las más envejecidas de España. Por el contrario, las que menos porcentaje de hogares unifamiliares tendrán, serán Baleares, con un 28,9%, Murcia, con un 29,52% y Madrid, con un 30,4%.

Diego Ramiro, profesor de Investigación en Demografía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha analizado el hecho relativo al efecto que puedan tener en estos datos los patrones de emparejamiento y de ruptura de parejas, partiendo de su incuestionable influencia. Señalando que “hace 50 años, poca gente cohabitaba sin casarse. Ahora – prosigue – esto ha cambiado, pero no tenemos información al respecto. Aunque – concluye -, sería interesante poder contar con una encuesta que midiera los patrones de las formas familiares”.

Debiéndose añadir a todo ello el hecho contrastado de que la mayor parte de quienes viven solos son personas mayores, al menos de momento. Lo que bien puede alterarse y cambiar en un relativamente no lejano futuro, como consecuencia del cada vez más elevado precio de las viviendas, tanto en propiedad, como en alquiler. Sobre todo en las grandes ciudades, donde vivir solo estará (ya lo está) al alcance de pocos, especialmente entre los jóvenes.

El Instituto Nacional de Estadística y el profesor Ramiro antes citado concuerdan en que el gran factor que condicionará los próximos años es la migración. Según sus proyecciones, España ganará más de cinco millones de habitantes en los próximos tres lustros y casi seis millones hasta 2074, alcanzando entonces los 54,6 millones de habitantes. Resultando fuera de duda que el incremento de la población se deberá únicamente a la llegada de extranjeros; hecho que compensará las defunciones.

“En los últimos años – según el profesor Ramiro – hemos tenido amplios flujos migratorios. En 2022 se alcanzó un saldo migratorio de 727.005 personas, el más alto en 10 años. Siendo un volumen comparable al de la década entera de los años 2000”.

Constatándose así cómo la inmigración internacional se incorpora como un elemento estructural de la sociedad española. Todo ello, en contra de lo que se podía pensar con la propia tendencia demográfica, que nos asomaba al decrecimiento poblacional. Pues, en efecto, la población nacida autóctonamente en España disminuirá de forma paulatina, y pasará del 81,92% actual al 61% dentro de 50 años. Pero todo ello se verá sin duda drásticamente afectado y sustancialmente trastocado por la población migrante que busque su destino en nuestro país.

Aun así, ese crecimiento no será homogéneo en todas las regiones. Si bien aumentaría en 13 Comunidades Autónomas, hay 4 que registrarían una bajada. De tal modo que Baleares y Comunidad Valenciana experimentarían los mayores crecimientos, con un 19%; mientras que los mayores descensos se presentarían en Asturias, con un 4,1%, y en Extremadura, con un 3,4%. Evidenciándose así que crecerá la zona del mar Mediterráneo, mientras decrecerán las regiones más envejecidas.

A cuanto antecede, el Instituto Nacional de Estadística añade tres variables para así poder hacer frente a sus proyecciones de población. Además de las migraciones, están las defunciones y los nacimientos. Las primeras continuarán en aumento. Es más, durante los 50 años analizados se prevén más muertes que alumbramientos. Produciéndose el máximo de fallecimientos en 2065. Y, aunque la esperanza de vida seguirá en aumento, lo hará de forma menos lineal que en los años anteriores.

El INE estima que la esperanza de vida subirá en 5,6 años para los hombres, hasta alcanzar los 86 años en 2073; mientras que será menor el crecimiento en el caso de las mujeres; un 4,3%, hasta los 90 años. Y si bien debe destacarse que entre 1975 y 2022 la esperanza de vida en España subió en 10 años, este dato positivo se contrasta con el hecho de que ese menor crecimiento de la esperanza de vida de las mujeres se debe a factores negativos como el tabaquismo y la obesidad. El primero incrementará la mortalidad por cáncer. El segundo, sobre todo en la infancia, generará una población con mayor prevalencia de la diabetes. Aunque, resulta evidente, son hábitos poco saludables y conductas perfectamente eludibles.

Lo que puede resultar importante por sí mismo, lo es también en el plano de la salud y de los gastos sanitarios que esos hábitos conllevan.

De todas formas, es evidente que cuanta más edad tiene una población, más servicios sanitarios requiere, más atención por dependencia, y mayor gasto en pensiones. Ante cuya realidad el Estado tendrá que prepararse para cada vez dedicar, en cifras absolutas y relativas, más presupuesto para estas poblaciones mayores.

Téngase a estos efectos en cuenta que, si en 2024 el porcentaje de personas con 65 o más años es del 20,4%, en torno al año 2055 ese porcentaje ascenderá al 30,52.

Que los octogenarios, un 6,2% de la población en 2024, serán un 12,3% en 2074.

Que las personas que lleguen a cumplir los 100 años se triplicarán. Y que de las 80.000 actuales se pasará a unas 245.000.

Tendiendo hacia una pirámide poblacional invertida. Una población envejecida. Una fecundidad (número de hijos por mujer) bastante baja. Una clara caída de los nacimientos. Con cada vez menos niños y nacidos más tardíamente. Pero con la esperanza de que todo esto se solvente, al menos en parte, con el fenómeno migratorio; con los inmigrantes que España reciba en todo este periodo aquí analizado.