La confirmaciĂłn de Brett Kavanaugh como noveno juez del Tribunal Supremo ha tenido un efecto de huracĂĄn de grado cinco en la polĂtica y la sociedad de Estados Unidos.
Hay precedentes de altos tribunales muy sesgados ideolĂłgicamente. Hacia el lado conservador, en los aĂąos veinte del siglo pasado, cuando numerosas iniciativas progresistas en materia de derechos laborales y sociales, fueron abortadas por el Supremo. Al contrario, desde el final de la II Guerra Mundial se extendiĂł un periodo de sentencias mĂĄs liberales, entre la cuales destacĂł el blindaje del derecho de las mujeres a decidir en materia de reproducciĂłn.
En virtud de la dinĂĄmica de pĂŠndulo y de la loterĂa vegetativa, la revoluciĂłn conservadora que cuajĂł en los ochenta no sĂłlo capturĂł el ejecutivo y el legislativo, sino que, por ende, alcanzĂł al Poder judicial. En realidad, cabrĂa hablar de reacciĂłn mĂĄs que de conservaciĂłn. La Ăşltima generaciĂłn de jueces orientados a la derecha ha resultado ser mucho mĂĄs militante. Y los presidentes republicanos mucho mĂĄs sectarios a la hora de promover a exponentes de estas corrientes marcadamente conservadoras.
Lo ocurrido durante el mandato de Obama es muy significativo. El primer presidente de origen afro-americano pudo introducir a dos figuras progresistas en el alto tribunal, Sonia Sotomayor y Elena Kagan. Pero tras la muerte del juez ultra Scalia, en 2016, el nominado por Obama, el prestigioso juez Merrick Garland, fue boicoteado por los republicanos, haciendo uso de su mayorĂa en las dos CĂĄmaras, mediante maniobras de obstruccionismo que impidieron la culminaciĂłn del proceso. El puesto quedĂł vacante.
Con Trump en la Casa Blanca y confirmado el control del legislativo por el Great Old Party (GOP), el desenlace estaba cantado. No cabĂa esperar otra cosa que un reforzamiento ultraconservador del mĂĄximo Ăłrgano de justicia. Un Trump deseoso de demostrar credenciales conservadoras nominĂł a un discutido Neil Gorsuch nada mĂĄs ocupar el despacho oval y el Senado lo invistiĂł en abril de 2017. Ahora, tras la jubilaciĂłn del centrista Kennedy, ha profundizado en lo mismo, aunque el proceso haya sido mucho mĂĄs tortuoso con Kavanaugh.
De esta forma, los republicanos cuentan con mayorĂa de cinco jueces mĂĄs o menos afines: ademĂĄs de los dos mĂĄs recientes ya citados, el ultra Samuel Alito, el muy conservador Clarence Thomas (objeto en su dĂa de denuncias por acoso sexual) y el mĂĄs moderado John Roberts, presidente actual y del que algunos esperan una actitud conciliadora. Los tres inclinados hacia posiciones demĂłcratas son las tres mujeres del Tribunal: Ruth Ginsburg (desde la ĂŠpoca de Bill Clinton) y las ya mencionadas Sonia Sotomayor y Elena Kagan.
Al ser vitalicios estos cargos y puesto que el mĂĄs veterano de los jueces no pasa de los 70 aĂąos (Thomas), es previsible que la actual composiciĂłn de este Tribunal se mantenga durante mucho tiempo. En todo caso, el suficiente para favorecer una involuciĂłn social e ideolĂłgica tanto o mĂĄs profunda que la experimentada en los aĂąos de Reagan.
Los sectores progresistas norteamericanos han identificado las ĂĄreas en las que los avances sociales y polĂticos se presumen mĂĄs claramente amenazados: derechos de las mujeres (aborto y planificaciĂłn familiar), defensa de las minorĂas (acciĂłn afirmativa en materias laborales, administrativas y econĂłmicas), promociĂłn de la participaciĂłn (eliminaciĂłn de las restricciones para votar y limitaciĂłn de la influencia del dinero en las campaĂąa) y control de las armas de fuego (refuerzo de las condiciones para acceder a mĂĄquinas de matar de uso privado y cotidiano).
Se comprende el desasosiego de los sectores liberales (progresistas) en Estados Unidos y la tentaciĂłn de revertir o al menos equilibrar la situaciĂłn mediante medidas excepcionales. Las dos posibles, y arriesgadas, iniciativas, serĂan las siguientes:
– Aumentar el nĂşmero de jueces del TS, cuando un demĂłcrata conquiste la Casa Blanca y cuente con un legislativo favorable.
– Intentar destituir a Kavanaugh, basĂĄndose en mentiras y malas prĂĄcticas realizadas en sus cometidos profesionales anteriores, en particular al servicio de Bush hijo, y sustituirlo por otro u otra con credenciales mĂĄs progresistas. En todo caso, esta iniciativa esta bloqueada hasta 2021, cuando expira la cobertura del secreto que cubre las acciones de la administraciĂłn.
Aparte de estas limitaciones legales, algunos analistas consideran que estas dos medidas serĂan objetables desde un punto de vista constitucional. NingĂşn juez del Supremo ha sido sometido al procedimiento de destituciĂłn (impeachment). Si hay, en cambio, precedente de la extensiĂłn del TS: fue durante el mandato de Franklin Delano Roosevelt. Los jueces del mĂĄximo Ăłrgano de justicia se opusieron tenazmente a las medidas legislativas del New Deal y el jefe del ejecutivo intentĂł ampliar el Tribunal para neutralizar esa resistencia. Al final, no pudo hacerlo, porque el Congreso rechazĂł la iniciativa en forma de proyecto de ley de reforma del TS que presentĂł la Casa Blanca. Muchos demĂłcratas no brindaron su apoyo al Presidente. Al final no fue la voluntad sino la paciencia lo que le permitiĂł cambiar la situaciĂłn. En su tercer mandato como Presidente, debido a la excepcional situaciĂłn que supuso la prolongaciĂłn de la guerra mundial, ocho de los nueve miembros del Supremo fueron propuestos por ĂŠl.
Hoy en dĂa, un presidente demĂłcrata necesitarĂa un Senado con 60 votos favorables a esta causa; en caso contrario, los republicanos podrĂan acudir a uno de esos procedimientos llamados filibusteros, que retrasarĂan muchĂsimo el proceso. Al cabo, serĂan necesarios dos tercios de la CĂĄmara para sacarlo adelante.
AdemĂĄs de esta circunstancia, se plantean otras reservas morales y/o polĂticas. Si los demĂłcratas propiciasen aprobar una ley que ampliara la dimensiĂłn del Tribunal para corregir el desequilibrio actual, no serĂa descartable (mĂĄs bien lo contrario) que los republicanos hicieran lo propio cuando recuperasen el control combinado de los dos poderes clĂĄsicos del Estado.
Numerosos expertos legales y judiciales de universidades e institutos se muestran muy reticentes a la acciĂłn polĂtica directa o la manipulaciĂłn legal del Tribunal y prefieren apuntar soluciones internas, discretas o prudentes. La mayorĂa confĂa en que el Chief Justice Roberts entenderĂĄ que una cascada de resoluciones orientadas sistemĂĄticamente hacia la derecha sĂłlo contribuirĂa a intensificar y agravar la actual situaciĂłn de divisiĂłn y fractura social y, por tanto, debe esperarse que sea capaz de imprimir al sanedrĂn judicial una mayor templanza, un esfuerzo persistente de consenso.
Se cita otro motivo para esperar una trayectoria mĂĄs equilibrada en Marble Palace (sede del Supremo): el interĂŠs de los propios jueces por no proyectar una imagen de sumisiĂłn a las dinĂĄmicas de partidismo descarnado que impera desde hace tiempo en Washington. Las relaciones personales y profesionales entre los propios integrantes del Tribunal podrĂan contribuir a hacer las cosas mĂĄs fĂĄciles, se apunta en distintos ĂĄmbitos jurĂdicos y acadĂŠmicos.
Pero los liberales y/o progresistas son muy escĂŠpticos, teniendo en cuenta el historial de las posiciones adoptadas por Roberts. Por eso, todo indica que el huracĂĄn Kavanaugh no ha cesado y asistiremos a rĂŠplicas mucho mayores que las tormentas tropicales polĂticas al uso.
REFERENCIAS
– âOn the left, Eyeing more radical ways to fight Kavanaughâ. CHARLIE SAVAGE. THE NEW YORK TIMES, 7 de octubre.
– âBitter partisan battle wounded Kavanaugh and the Supreme Court heâs joinedâ. ROBERT BARNES. THE WASHINGTON POST, 7 de octubre.
– âThe Kavanaugh Court is the one conservatives have worked decades to buildâ. ROBERT BARNES. THE WASHINGTON POST, 6 de octubre.
– âConfirming Kavanaugh: a triumpf for conservatives, but a blow to the Courtâs imageâ. ADAM LIPTAK. THE NEW YORK TIMES, 6 de octubre.
– âKavanaugh is confirmed. Now what? NAN ARON. THE NATION, 6 de octubre.
– âBrett Kavanaugh has lied his way onto the Supreme Court. The House has a duty to do: investigate this shameful jurist and hold him to accountâ. JOHN NICHOLS. THE NATION, 6 de octubre.
– âBrett Kavanaughâs ugly confirmation fight may reverberate for years inside the supreme courtâ. ED PILKINGTON. THE GUARDIAN, 10 de octubre.
