La expresión más usada en los medios durante esta semana es la llamada “prioridad nacional”, eje central de la imposición de Vox al Partido Popular para poder alcanzar acuerdos de gobierno en la Comunidades Autónomas en las que no le dan los números. Así ha sucedido hasta ahora en Extremadura y Aragón, y todo apunta a que van a continuar del mismo modo. Es alarmante que el Partido Popular haya abrazado este precepto, que conculca el principio de igualdad constitucional, tal como apuntó el Presidente Sánchez en la sesión de control en el Congreso de los Diputados, cuando le espetó al señor Feijóo: “Han dado una patada a la Constitución, violando el principio de igualdad entre ciudadanos y ciudadanas y el principio de no discriminación”.

Pero, ¿qué es la “prioridad nacional”? No es ni más ni menos que exclusión, racismo y xenofobia, es discriminación de las personas por su origen, es exclusión hacia el diferente, al menos así se está asimilando: ante recursos escasos, nos dicen, los españoles primero. En la cabeza pequeña de las derechas los recursos siempre van a ser escasos, porque se cargan los impuestos progresivos y automáticamente desciende el montante para invertir en servicios públicos, y estos quedan raquíticos, abriéndose paso a privatizaciones de los mismos con empresas amigas. Este es un patrón repetido en los lugares en los que gobiernan las derechas, el deterioro de los servicios públicos va de su mano, porque su “prioridad nacional” real es el negocio por encima del bienestar colectivo.

¿Esta “prioridad nacional” que han pactado las derechas significa dejar sin atención médica y sin vacunas a los niños y niñas según su origen, o tal vez sin el menú escolar? ¿Significa acaso, dejar de atender a una mujer que ha sufrido violencia porque sea peruana, inglesa, marroquí o congoleña? ¿O acaso dejar morir sin atención médica a un trabajador que ha sufrido un accidente laboral, porque le delata el color de su piel?

El término tiene su miga. En realidad, bajo el paraguas de la idea de “prioridad nacional” cabe cualquier cosa a la que le quieran dar “prioridad”. El caso es que dándole vueltas al término, me he acordado de la idea machacona del falangista Onésimo Redondo de “redención nacional”; bajo esta idea “La Patria”, así en mayúsculas, era la prioridad absoluta. Y su idea de “Patria” era la misma idea pequeñita y reduccionista que tienen las derechas españolas actuales, la de regresar a los “valores tradicionales”, el “catolicismo” como única religión posible y verdadera, la escuela en manos de la Iglesia, el matrimonio como “dios manda”, las mujeres en casa y obedientes, las personas gais y lesbianas perseguidas y encerradas, los pobres y los gitanos tratados como “vagos y maleantes” porque ensucian las calles y una sociedad de orden, en la que se sepa bien quién es el patrón. Me pregunto, ¿queremos una sociedad regida según la idea que tiene el señor Abascal de lo que cabe o no en la sociedad española? La memoria nos alerta sobre hacia dónde condujeron semejantes ideas en los años treinta.

El cine como memoria colectiva

Hace unos días vi una película titulada La Invasión de los bárbaros, de Vicent Monsonis, que se estrenó en Valencia en noviembre de 2025 (la película está rodada en versión original en valenciano). El film utiliza la desaparición del cuadro –del mismo nombre– de Ulpiano Checa en 1939, que ilustra el saqueo de Roma protagonizado por los Unos, como percha para contar una redonda historia de memoria democrática sobre la represión franquista en Valencia y su repercusión en la actualidad en la reclamación de memoria democrática en la apertura de fosas del franquismo. La película tiene inevitables lecturas y enseñanzas para entender el presente.

Con todo lo que está pasando estos días, la película de Vicent Monsonís no deja de acudir a mi cabeza. El film retrata sin concesiones cómo se impone “la Victoria” fascista al cuerpo social valenciano, cómo los bárbaros se apoderan de todo a sangre y fuego, expoliando bienes y libertades, cómo las vidas dejan de valer nada, cómo desaparecen los derechos y las personas pasan a ser súbditas de un régimen de hambre, cartillas de racionamiento, represión, miedo a delaciones y sometimiento absoluto a la cuadrilla de golpistas, que impuso su libertad de matar a cualquiera que no pensara como ellos tras finalizar una guerra desigual, que ganaron los rebeldes dopados por las fuerzas nazifascistas de alemanes e italianos. Como digo, tengo la cabeza llena de imágenes de esta película que es una advertencia severa sobre el presente.

La “prioridad nacional” de los pepevoxianos se carga el principio de igualdad establecido en la Constitución española de 1978. Un paso regresivo sideral.

Además de violar este principio, tanto en Extremadura como en Aragón, en esta última Comunidad Autónoma han acordado también crear una “Vicepresidencia de desregulación”, la motosierra de Milei se enchufa para cercenar derechos, imponer recortes y practicar la xenofobia activa. Es muy grave lo que está sucediendo en nuestro país. Están usando los votos que consiguen en las elecciones contra la propia institucionalidad y legalidad vigente, contra la democracia. Paso a paso, las derechas están volviendo por sus fueros excluyentes y convierten las Comunidades Autónomas en las que gobiernan en espacios de tensión institucional permanente, donde no se aplican las leyes que aprueba el Parlamento de España. Ahora directamente retan a la propia Constitución.

Pretenden desmontar la legalidad democrática vigente. Lo siguiente qué va a ser, ¿crear un ICE y ponerse a detener gente por las calles para llevarlas a un campo de concentración, como está pasando en Estados Unidos, y como ya ocurrió tras la Guerra Civil, que se detenía a las personas en sus casas, en sus centros de trabajo, o por las calles tras ser delatadas por rojas, y se las robaba las casas, las fincas y hasta los hijos, tal como nos recuerda la película de Monsonís? Antes excluyeron a las personas rojas, las gitanas, las pobres, las “desviadas sexuales”, incluso se excluía a las personas con diversidad funcional (sordas, ciegas, tullidas), ¿qué horizonte tenían en esa España, Una, Grande y Libre?

¿A cuántas personas quieren excluir ahora según dicte su “prioridad nacional”?

No podemos permitir que nos vuelvan a invadir los bárbaros, la ciudadanía democrática debe activarse, estar alerta y trabajar con cabeza. Nos va la vida en ello.