“No sé con qué armas se librará la Tercera Guerra Mundial,
pero la Cuarta se librará con palos y piedras.”
Albert Einstein

En la madrugada del jueves 5 de febrero de 2026 expiró formalmente el tratado New START, el último acuerdo que, por una parte, imponía límites vinculantes en cuanto al número de ojivas estratégicas desplegadas y a los sistemas de lanzamiento (misiles balísticos intercontinentales, submarinos, bombarderos) y, por otra, establecía mecanismos de transparencia (intercambios de datos, notificaciones, procedimientos de verificación e inspección) sobre los arsenales nucleares estratégicos de Estados Unidos y Rusia, las dos potencias que concentran la mayor parte de las armas nucleares del mundo.

Con su desaparición, se cierra una era, ya que, durante más de medio siglo, incluso en los momentos de mayor tensión de la Guerra Fría, Washington y Moscú mantuvieron algún tipo de acuerdo (Salt I, Salt II, Start I, Sort y el New Start), para contener la carrera nuclear y reducir el riesgo de una catástrofe.

Aunque la formalidad de su finalización se produce este 5 de febrero, el tratado llevaba años en una lenta agonía. Las inspecciones y los mecanismos de cooperación se fueron deteriorando de manera progresiva. Un proceso que se aceleró tras la invasión rusa de Ucrania, que acentuó la desconfianza entre las partes y dejó en suspenso buena parte de su funcionamiento práctico.

En ese contexto, en febrero de 2023 el presidente ruso, Vladímir Putin, anunció la suspensión de la participación de Rusia en el tratado, sin que desde entonces se concretara ninguna vía para su renovación o sustitución. Aunque el día 4 de febrero, in extremis, Rusia propusiera a Estados Unidos una prórroga de este, no obteniendo respuesta por parte de Trump.

Por primera vez desde la década de los setenta, el planeta se queda sin un marco legal que limite estos arsenales. Y lo hace, además, en un contexto marcado por conflictos armados activos, una creciente rivalidad entre las grandes potencias y una profunda erosión de la confianza mutua. Factores todos ellos que reavivan el fantasma de un mundo sin reglas y eleva el riesgo nuclear a niveles que no se veían desde hace décadas. De ahí que resulte más urgente que nunca restablecer mecanismos de control, transparencia y verificación.

“La expiración del tratado de reducción de armas estratégicas new START representa un momento grave para la paz y la seguridad internacionales…Pido a ambos Estados que regresen sin demora a la mesa de negociaciones y alcancen un acuerdo sucesor que restablezca límites verificables, reduzca riesgos y refuerce nuestra seguridad común”. Con estas palabras, el secretario general de la ONU, António Guterres, ha advertido de las consecuencias globales del fin del tratado New START.

A su llamamiento se ha sumado también el Papa León XIV, que afirmó que “la situación actual exige hacer todo lo posible para evitar una nueva carrera armamentística que amenace aún más la paz entre las naciones”. E hizo un llamamiento “para que no se abandone este instrumento sin tratar de garantizarle un seguimiento concreto y eficaz”. Todo ello en un marco de reconstrucción de la confianza donde “es más urgente que nunca sustituir la lógica del miedo y la desconfianza por una ética compartida, capaz de orientar las decisiones hacia el bien común y de hacer de la paz un patrimonio custodiado por todos”.

El control de armas no impide que existan conflictos entre Estados, pero sí funciona como un freno para evitar que una crisis convencional desemboque en una escalada nuclear. Al fijar límites claros y mecanismos de verificación, reduce el riesgo de que los países sobredimensionen las intenciones del adversario, adopten decisiones basadas en información incompleta, malinterpreten movimientos militares o reaccionen de forma precipitada en momentos de máxima tensión.

Por ello, hay que realizar un nuevo tratado, siendo conscientes que recuperar un tratado de control de armas no significa únicamente volver a imponer límites verificables, sino algo más importante y decisivo como es mantener canales de comunicación estables y prevenir sorpresas estratégicas que, en un clima de desconfianza, podrían tener consecuencias catastróficas.

En ese camino de cooperación, que es urgente transitar, es preciso adaptarse a la nueva realidad geopolítica en el mundo, lo que significa incluir a China para que no amplie sus capacidades nucleares y mejoren los canales de comunicación y control.

Estamos a tiempo de que no se cumpla la frase de Albert Einstein: “No sé con qué armas se librará la Tercera Guerra Mundial, pero la Cuarta se librará con palos y piedras”.

Pero recordemos: estamos a 85 segundos de la medianoche.