El aplazamiento en el Consejo de Asuntos Generales de la Unión Europea del debate sobre la reforma del Reglamento de Lenguas Oficiales para incluir como una de esas lenguas oficiales de la Unión el euskera, el catalán y el gallego es, más allá de sus efectos políticos inmediatos, una buena ocasión para reflexionar sobre fenómenos políticos internos y comunitarios que están aflorando últimamente. Porque detrás de este debate hay, por los menos, cuatro cuestiones que merecen comentarse: a) la europeización de la labor opositora del Partido Popular; b) la feroz oposición de las derechas españolas a todo gesto de reconocimiento identitario de las nacionalidades y regiones, salvo cuando precisan para gobernar el apoyo de los partidos nacionalistas; c) la entrada del Partido Popular en el universo ideológico de la extrema derecha; y d) la incoherencia de Junts en sus relaciones con el Gobierno y con el Partido Popular.
a) La europeización de la labor opositora del Partido Popular. No es un fenómeno de hoy, sino desde el día en que Rajoy dejó la Presidencia. Para debilitar al Gobierno español, el Partido Popular ha inventado una nueva, y a veces muy eficaz, técnica de oposición que es utilizar los órganos constitucionales comunitarios (especialmente el Parlamento, pero también la Comisión y el Tribunal de Justicia). En el pasado, los dos focos de oposición más destructivos fueron la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo y el anterior Comisario de Justicia.
Cuando el Parlamento eligió Presidenta de la inocua Comisión de Peticiones a la ex Ministra de Rajoy, Dolors Montserrat, nadie dio importancia a este nombramiento, pero pronto se vio que la eurodiputada, rompiendo una regla de oro del Parlamento Europeo, estaba utilizando su cargo parlamentario, no para hacer política europea, sino para practicar oposición y desprestigiar al Gobierno español en la Unión Europea. Doble deslealtad hacia sus deberes como europarlamentaria y hacia su país, pues no ha dudado en desprestigiar a España con tal de hacer oposición al Gobierno del Presidente Sánchez. Mientras presidió la Comisión de Peticiones, Dolors Montserrat no dejó de enviar comisiones parlamentarias a España para que investigaran o informaran sobre cualquier asunto que pudiera desprestigiar a España y, de paso, al Gobierno. Una gran patriota la señora Montserrat, que recorre los pasillos del Parlamento Europeo con un saco de basura que va esparciendo para que los otros veintiséis países de la Unión crean que España está en bancarrota y es además un Estado fallido. Donde más se lució la eurodiputada Montserrat, esta vez sin éxito, fue intentando impedir el examen favorable de Teresa Ribera como Comisaria y Vicepresidenta de la Comisión. No todas las legislaturas España tiene la oportunidad de conseguir la primera Vicepresidencia de la Comisión, pero Montserrat, en connivencia con Manfred Weber, interesado a su vez en boicotear a su compañera de partido, von der Leyen, hizo lo imposible por impedir que Ribera pasara el examen del Parlamento. Enric Juliana contó en La Vanguardia lo contenta que salió Montserrat de la comisión parlamentaria, gritando que había hundido a Ribera… Gran patriota doña Dolors.
Al lado de la basura concienzudamente repartida por Montserrat, en la anterior legislatura del Parlamento Europeo el Partido Popular se valió del anterior Comisario de Justicia, el liberal belga Didier Reynders, hoy acusado de blanqueo de capitales, para extorsionar al Gobierno español, invocando la falacia de que el ordenamiento comunitario obliga a que los Consejos de la Magistratura sean de lección judicial. Empujado por el Partido Popular, el corrupto Reynders presionó hasta el último minuto, pero no fue capaz de explicar por qué hay países como Alemania donde no existe un Consejo de la Magistratura y, sin embargo, la Justicia funciona aceptablemente.
Es decir, no ha de extrañarnos que el Partido Popular lance sus largos tentáculos en las instituciones comunitarias para prolongar fuera de España su oposición destructiva al Gobierno español porque Núñez Feijóo, gracias al entusiasmo antiespañol de Dolors Montserrat, ha hecho de la europeización de la labor opositora uno de los instrumentos más eficaces y más deshonestos de su trabajo.
b) La feroz oposición de las derechas españolas a todo gesto de reconocimiento identitario de las nacionalidades y regiones. ¿Se va a romper España porque la Unión Europea declare idioma europeo el euskera, el catalán o el gallego? ¿Son lenguas bantúes o lenguas españolas? Los ciudadanos españoles que tienen alguna de estas lenguas como idioma materno, ¿no tienen derecho a que las instituciones comunitarias reconozcan su idioma? Las derechas españolas no han aprendido nada del pasado. Siguen con la misma mentalidad fanática centralista que tenía Calvo Sotelo (José). ¿No se han dado cuenta las derechas españolas de que las oligarquías periféricas están a la que salta para romper España (con la complicad de la extrema izquierda, rama marciana) y que tienen capacidad para movilizar (engañándoles) a numerosos ciudadanos, como se vio en 2017? Si las derechas españolas no tuvieran las orejeras de José Calvo Sotelo comprenderían que hay gestos identitarios muy baratos (como el uso de varias lenguas en el Congreso), que refuerzan la unidad de España y no la rompen.
Pero lo peor de todo es que, como se vio en 1996, si Núñez Feijóo, necesitara los votos nacionalistas para formar Gobierno se prestaría a pedir que se declaren lenguas europeas no sólo el euskera, el catalán o el gallego, sino también el bable, el leonés antiguo y hasta el silbo gomero.
c) La entrada del Partido Popular en el universo ideológico de la extrema derecha. Esta ceguera de un partido como el Partido Popular que necesita al electorado de centro no sólo de Madrid y de las Castillas, sino también de Cataluña y del País Vasco, nos lleva a la tercera cuestión que está latiendo tras el veto a las lenguas europeas. Si el partido de Núñez Feijóo se enfanga en una operación que le puede costar muy cara en Cataluña y en el País Vasco es por tratar de aproximarse al electorado de Vox, de arrancarle unos votos a la extrema derecha. Ahí se equivoca el Partido Popular, no es capaz de analizar las tendencias de opinión pública y comprender que sólo un partido de centro derecha puede ganar las elecciones, porque cuanto más asume el ideario de la extrema derecha, más se refuerza a Vox y demás grupos fascistas. Hoy la cúpula del partido conservador estará satisfecha por el gol que ha marcado al Gobierno ilegítimo de Sánchez sin darse cuenta de que el gol lo ha marcado Vox en la portería del Partido Popular.
d) La incoherencia de Junts en sus relaciones con el Gobierno y con el Partido Popular. Las primeras noticias que nos llegan sobre la reacción de Junts ante el fracaso de Bruselas son de gran irritación con el Partido Popular. ¿Puigdemont y su equipo se habrán caído del guindo? ¿Habrán comprendido que el juego perverso de hacer guiños al Partido Popular a costa de derrotar al Gobierno es muy peligroso y, sobre todo, muy poco útil? Si no existiera Vox como obligada muleta de cualquier Gobierno del Partido Popular¸ quizá el juego de Junts pudiera ser útil, pero el tripartito Partido Popular-Vox-Junts es imposible, y, en cambio, debilita al Gobierno sin reforzar lo más mínimo al independentismo. A ver cómo explica Junst este triunfo en Cataluña.
