El Estudio Actitudes hacia el Estado de Bienestar, de noviembre de 2024 que ha elaborado el Centro de Investigaciones Sociológicas nos muestra que una mayoría de los encuestados cree que en el futuro empeorará la atención sanitaria (42’3%), el sistema público de pensiones (55’9%) y el acceso a la primera vivienda (58’4%). Es decir, sanidad, pensiones y viviendas son las mayores preocupaciones de los encuestados y donde se polarizan sus temores como ciudadanos frente a los poderes públicos (pregunta 4). Por el contrario, sólo el 32’5% de los encuestaos cree que el sistema educativo público empeorará. No ha extrañar estas respuestas porque en las sociedades occidentales la sanidad y la vivienda son, junto a la enseñanza, los grandes problemas vitales de la ciudadanía.
Pensaba en estos datos mientras oía las preguntas que los profesionales de la prensa formularon al Presidente del Gobierno el pasado 23 de diciembre tras la celebración del Consejo de Ministros. Salvo excepciones muy limitadas, todos los periodistas preguntaron machaconamente sobre el Fiscal General del Estado, sobre la persecución judicial contra la familia del Presidente, sobre toda clase de escándalos de corrupción que planean sobre España y sobre la duración y estabilidad del Gobierno. Los buenos datos de la economía española a los que aludió el Presidente Sánchez no se tuvieron en cuenta ni siquiera, como incluso hubiera sido lógico, para analiza de qué manera las grandes magnitudes macroeconómicas inciden sobre el nivel de bienestar de todos los ciudadanos. A la prensa sólo le interesaban cuánto aguantará este Gobierno y los grandes escándalos que la de derecha ha ido impulsando con la complicidad de ciertas autoridades y que la propia prensa contribuye a difundir mediante grandes dosis de desinformación y de patrañas.
Porque la sociedad española se caracteriza actualmente por una gran disociación entre las preocupaciones de los ciudadanos y sus mensajes políticos. A la prensa de todos los formatos le interesa la persecución judicial contra el Presidente del Gobierno y su familia, pero salvo excepciones (El País, La Vanguardia, el Diario.es y alguna cadena regional), no es capaz de mostrar las triquiñuelas procesales y las irregularidades que caracterizan estos procesos. Y a ello se suma una información deformada por parte de ABC, El Mundo, La Razón y muchos diarios locales. Nada digamos de los digitales nativos que con dos euros montan un pseudo-periódico.
Voy a poner un solo ejemplo de desinformación:
“La plantilla pública engorda en 407.139 nuevos empleos con Sánchez, el 95% en las autonomías”.
Así titulaba ABC el 19 de diciembre el incremento de personal en el sector público. Se puede estar de acuerdo o en contra de aumentar los efectivos del sector público, pero no se debe lanzar un mensaje equívoco porque sólo el 5% del incremento de plantillas parece, según la información del propio diario de la derecha, al Gobierno del Presidente Sánchez. Es más, el porcentaje más elevado de incremento del personal del sector público parece que debe imputarse al Partido Popular que gobierna en doce Comunidades Autónomas, en las dos Ciudades Autónomas y en miles de Ayuntamientos. Pero, como el aumento de funcionarios es un desvalor para la ideología de ABC (no para sus lectores, en gran parte clases medias envejecidas insertas en la función pública), el diario de la derecha mete en el titular de la noticia a Sánchez, que es el último y menor responsable del fenómeno que describe. Así actúa la prensa conservadora en España y así desinforma.
Otra cosa es que la prensa, conservadora o no, influya efectivamente en la opinión pública. En 2023 los doce primeros diarios tiraban casi cuatro millones doscientos ejemplares, y de esta tirada cerca de dos millones (1.841.000) correspondía a cuatro diarios deportivos (apud Abigail Orús). Añadamos los lectores digitales de estos mismos diarios y los digitales nativos y las cifras son realmente pobres. Con lo que se puede llegar a la conclusión de que la prensa escrita en España contribuye poco a orientar y formar a la opinión pública.
En cualquier caso, es preocupante que los representantes de los grandes diarios, ante una comparecencia del Presidente del Gobierno, sólo busquen, en su mayoría, el escándalo y la noticia sesgada, sin tratar de averiguar si son ciertos los cambios socioeconómicos que el Gobierno anuncia y si tales cambios inciden en el bienestar de los españoles.
