Todos los años el mundo celebra el 17 de octubre como el día internacional para la erradicación de la pobreza. O el día de la lucha contra la pobreza.

Este año, coincidiendo con estas fechas, el Banco Mundial presentó el pasado día 15 de ese mismo mes un informe en el cual se afirma que, al ritmo actual, se necesitará más de un siglo para eliminarla, tal y como se la define en casi la mitad del mundo. Es decir, aquellas personas que viven con menos de 6’88 dólares al día en el estándar para países de ingresos medios, el 44% de la población mundial, o lo que es lo mismo 3.500 millones de personas están en esta situación. Además, el número de personas que viven con menos de este estándar apenas ha cambiado desde la década de 1990 debido al crecimiento demográfico.

El objetivo de poner freno a la pobreza extrema (2’15 dólares por persona y día) para 2030 no es posible, es más, puede alargarse a más de tres décadas para hacerlo. Actualmente más de 700 millones viven en el mundo con menos de esos ingresos.

Tras años de avances en esta lucha, el mundo está retrocediendo. El lento crecimiento económico, la pandemia, el excesivo endeudamiento de muchos países con estructuras muy frágiles, los conflictos internos y las catástrofes climatológicas y medioambientales han sido determinantes.

La pandemia del Covid estancó los progresos en la reducción de la brecha de prosperidad mundial. Los ingresos tendrían que haberse quintuplicado en todo el mundo para haberse llegado a los 25’8 $ por persona y día, el nivel mínimo de prosperidad para los países de ingresos altos.

La desigualdad llega a más de 1.700 millones de personas, donde las diferencias son enormes y la mayor concentración de ellas están en América Latina, Caribe y África Subsahariana.

En 2024, el África Subsahariana representa el 16% de la población mundial, y el 67% de las personas que viven en extrema pobreza (2’15 $ por persona al día). Dos tercios de la población mundial más pobre viven ahí.

Según la proyección actual, 622 millones de personas vivirán en la pobreza extrema en 2030.Esto significa que pueden reducirse 69 millones en 6 años. En comparación con los 150 millones que lo hicieron entre 2013 y 2019 la regresión en la lucha mundial contra la pobreza extrema es alarmante. Si el crecimiento no se acelera y se hace más inclusiva su reducción, su desaparición se convertirá en una utopía y un enorme fracaso de la humanidad.

Para ello es imprescindible mejorar los ingresos laborales y crear más y mejores empleos, invertir en educación, infraestructuras y servicios básicos. Sin avanzar decididamente en este sentido será imposible vencer las enormes desigualdades; cuando la falta de movilidad socioeconómica queda estancada se merman las posibilidades de crecimiento y se lastra el desarrollo de las iniciativas individuales.

En la actualidad una de cada cinco personas corre el riesgo de sufrir un fenómeno meteorológico extremo a lo largo de su vida, lo cual obstaculizará en gran parte los esfuerzos que se hagan para reducir estas ratios de pobreza extrema. Para protegerlas hay que reducir su vulnerabilidad, mejorar la gestión de riesgos que tienen y prevenirlos reduciendo las emisiones contaminantes en todos los países. Conseguir un mundo libre de pobreza en un planeta habitable es posible, pero requiere esfuerzos rápidos y solidarios.

Las economías que generan más emisiones y, por lo tanto, que más contaminan, que más contribuyen al cambio climático y a la generación de fenómenos meteorológicos extremos, no son las que corren más riesgos, sin embargo, las economías con mayor proporción de población en riesgo emiten muy poca contaminación y arrastran el mayor porcentaje de pobreza extrema.

El informe del Banco Mundial es preocupante, porque el retroceso en la lucha contra la pobreza es un lastre para la población mundial, condenar a una vida sin recursos a centenares de millones de personas, cuando el mundo desarrollado nada en la abundancia, es tal incongruencia que los poderes públicos no deberían consentir.

Avanzar en la solución solo puede hacerse mediante la cooperación global, con ayudas económicas y potenciando desarrollos inclusivos.