En una etapa de grandes incertidumbres, extrema crispación e inseguridad bélica, hay que recordar que la política es algo central en la vida de las personas. Y que depende mucho de quien gobierne y lo que haga para que vayamos a escenarios de más bienestar y paz, o de más desigualdad y conflictividad.
Por ese motivo, ante unas élites que pretenden ocultar y silenciar lo bueno de la política y de la acción de un gobierno, en este caso el de España, hay que poner en valor unas políticas progresistas que están impulsando un tipo de crecimiento económico que sitúa a nuestro país como el país que más crece en la zona euro en los últimos años.
En 2024, un 3,2 por ciento, superando ampliamente el crecimiento promedio de la eurozona, que fue en torno al 0,8 por ciento, es decir, cuatro veces más y por encima de las previsiones.
Esto es la política, y no el fango y el intento de destrucción del adversario político, convirtiéndole en enemigo, para llegar al poder. Esta es la política de lo posible que solo puede realizarse si los ciudadanos no se dejan engañar por las mentiras y el desánimo de quienes pretenden alejarles de la política para que una minoría, que son ellos, gobierne primando sus intereses frente a los de la mayoría.
La mentira de que la izquierda no genera crecimiento económico y lleva a la destrucción de España, por muchas veces repetida no deja de ser eso, una mentira. Pero hay que combatirla.
Porque además de crecer, España lo está haciendo de una forma más justa y con el objetivo de reducir desigualdades. Si, hay un importante crecimiento en los indicadores macroeconómico, pero las políticas que se están haciendo están dirigidas también a tener una importante repercusión en la distribución de ingresos entre toda la población y en la reducción de desigualdades.
Es decir, están tenido un impacto positivo en la calidad de vida de la gente, porque hay mejores empleos, crecen más los salarios, y se han incrementado las políticas de protección y bienestar social para aquellos ciudadanos que las necesitan.
La equidad social está aumentando. España que en lo que se refiere al riesgo de pobreza, tiene un gran desafío, ha logrado tener, en el año 2024, la tasa más baja de riesgo de pobreza en los últimos veinte años, con un 19,7 por ciento. Tenemos que alegrarnos, porque significa que hay 1.263.416 personas menos en riesgo de pobreza ahora que en el momento más alto. Pero al mismo tiempo, hay que ser conscientes de la necesidad de continuar con estas políticas redistributivas y de crecimiento económico.
¿Se dejarán los ciudadanos engañar por los cantos de sirena de los populistas o se ataran al mástil sabiendo que las políticas actuales son las que más les convienen para su bienestar? Esta es la cuestión. Y ejemplos recientes tenemos de arrepentimientos masivos de votantes en otros países cuando despertaron del engaño embriagador de unos populistas que, al llegar al poder, ya no les necesitan y se han quitado las máscaras para defender a las elites que representan frente ellos.
En España, por ahora, y debido al voto que los ciudadanos dehpositaron en las urnas, tenemos un gobierno que, con dificultades que no hay que negar, continua con su objetivo de crecimiento y equidad. Se están consiguiendo muchas cosas, pero hay que acelerar ante las embestidas reaccionarias que están extendiéndose por el mundo.
Dos ejemplos:
- La Tasa AROPE, ha pasado en España de estar situada en el 30,2 por ciento en el año 2014 al 25,8 por ciento en 2024. Casi dos millones y medio de personas menos en riesgo de pobreza o exclusión social. Este indicador se basa en tres criterios principales:1.- Riesgo de pobreza relativa, es decir, personas con ingresos inferiores al 60 por ciento de la mediana de ingresos del país. 2.- Carencia material y social severa: personas que no pueden permitirse al menos 7 de 13 elementos esenciales, como pagar el alquiler, mantener la vivienda caliente o ir de vacaciones. 3.- Baja intensidad de empleo: personas en hogares donde los adultos trabajan menos del 20% de su capacidad total de trabajo en el año. Una persona se considera en riesgo de exclusión social si cumple al menos uno de estos criterios.
- Carencia material y social severa, se ha reducido en 2,4 puntos porcentuales, desde el 10,7 por ciento en el año 2014 al 8,3 por ciento en 2024. Más de 1,1 millones de españoles menos en carencia material y social severa. Este indicador mide una dimensión de la pobreza que no solo depende de los ingresos, sino también de las condiciones de vida y la capacidad de acceso a bienes esenciales. Una persona se encuentra en esta situación si no puede permitirse al menos 7 de los 13 ítems siguientes: gastos inesperados; una semana de vacaciones al año fuera del hogar; comer carne, pescado o equivalente vegetariano al menos cada dos días; mantener la vivienda a una temperatura adecuada; pagar a tiempo el alquiler, la hipoteca o facturas esenciales (agua, electricidad, gas, etc.); tener un coche; sustituir muebles desgastados o rotos; reemplazar ropa gastada con otra nueva; tener dos pares de zapatos adecuados (incluyendo un par de invierno);reunirse con amigos o familiares al menos una vez al mes; participar regularmente en actividades de ocio pagadas (cine, deporte, conciertos, etc.); tener acceso a Internet en casa; tener dinero suficiente para pequeños gastos personales cada semana.
No todas las familias españolas se encuentran ante los mismos riesgos de pobreza o exclusión social, sino que la incidencia de la pobreza es más alta en los hogares con un solo adulto, generalmente madres solteras, y con uno o más niños dependientes, con tasas del 50,3 por ciento; hogares con una persona, un 31,4 por ciento; y otros hogares con niños dependientes, un 30,2 por ciento.
Estas realidades indican que, aunque se han producido avances, la pobreza sigue siendo un problema importante en España que hay que combatir con crecimiento económico, con equidad y con recursos que tienen que venir de una fiscalidad justa, donde cada persona contribuya según su capacidad económica bajo el principio real de igualdad y progresividad.


