Las elecciones catalanas del 12 de mayo han sido, al menos en lo que se refiere a los resultados, unas elecciones predecibles. Otra cosa serán sus efectos sobre la formación del Gobierno, de lo que luego hablaremos. Pero, aun siendo predecibles, justifican algunas reflexiones sobre la situación política de Cataluña.

La primera idea que debemos avanzar es que en esta ocasión los sondeos no se han equivocado. Tanto los que ha realizado el Centro de Investigaciones Sociológicas, como la mayoría de los que ha publicado la prensa, han acertado al predecir el éxito del PSC, el pequeño avance de Junts, el gran fracaso de Esquerra y de los Comunes y la desaparición de Ciudadanos.

La segunda idea, la más importante, es el descenso notable de los independentistas (ya no hay catalanistas no independentistas) y el paralelo incremento de los partidos que podríamos llamar no nacionalistas. La suma de los sufragios de los cuatro partidos independentistas (Junts, Esquerra, la CUP y Aliança Catalana es 1.324.183 votos -43’2%-) frente a los 1.489.578 votos (47’7%) obtenidos por el PSC, el Partido Popular, Vox, los Comunes y Ciudadanos, es toda una novedad en el comportamiento electoral catalán, pues desde las segundas elecciones al Parlamento autonómico, en 1984, las dos formaciones catalanistas (la coalición CiU y Esquerra) solían alcanzar más votos que las restantes (en 1984, el 50’41%). Al día de hoy, hay más votantes catalanes disconformes con toda la rebelión secesionista de la década pasada que a favor. Es de esperar que ese distanciamiento siga disminuyendo salvo que un Gobierno de Madrid vuelva a prender el fuego. Con esto se evidencia el acierto de los indultos y de la futura amnistía, que neutralizan a los independentistas su arraigado victimismo.

La tercera idea, vinculada a la anterior, es el fracaso de Junts. Dirá el lector que Junts, a diferencia de Esquerra, ha ganado 0’9% de votos y tres escaños, lo que no es un fracaso. Pero es que Puigdemont quería ser el vencedor para presidir la Generalidad y esas exigencias ya no se podrán cumplir. Puigdemont puede aspirar a ser el líder de la oposición parlamentaria, pero no el Presidente de Cataluña. Que al día siguiente de la elección insista que quiere presidir la Generalidad es otro ejemplo de su forma de actuar, entre matón y trilero, y avanza esas propuestas imposibles para disimular su fracaso. Si al final Puigdemont es amnistiado, ¿será el jefe de la leal oposición?

La cuarta reflexión es el fracaso de Esquerra. Cabría pensar, ab initio, que el gran fracaso del partido republicano viene de su política realista y más conciliadora que Junts. No es imposible que la media del electorado independentista no sepa o no quiera salir del belicismo de Junts y que una política más pragmática sea rechazada por una parte de esos votantes. Pero el fracaso de Esquerra se puede deber a otras causas. Puede también deberse a la bicefalia Junquera-Aragonès, pues toda bicefalia (salvo en el PNV) es disfuncional en política y lanza mensajes equívocos a los votantes y simpatizantes. El fracaso de Esquerra puede deberse también a su mediocre acción del Gobierno, que los electores han castigado. En todo caso, hoy, como explica Lola García en La Vanguiardia el 13 de mayo, Esquerra debe tomar grandes decisiones (el propio Aragonés ha hablado ya de pasar a la oposición) y en este momento es una incógnita si el partido decide proseguir su política pragmática o se mete en la senda de confortación de Junts. El dato no es inocuo porque va a incidir en las posibilidades de formar Gobierno.

La quinta reflexión es la cierta solidez de las derechas españolistas. El triunfo del Partido Popular es muy superior a la suma de PP y Vox en las elecciones de 2021 y Vox se mantiene muy bien. Es la base españolista de Cataluña y no es menor, pues es casi el 17% de los votantes. Que Vox no haya sobrepasado al Partido Popular y que éste pase de tres a quince escaños refuerza a Núñez Feijóo y, en cierto modo, debilita la posición ultra de Díaz Ayuso, aunque habrá que ver cómo se comporta ese partido en el nuevo Parlamento. En todo caso, es relevante que, como recuerda Iván Redondo en La Vanguardia el 13 de mayo, que haya tantos votantes de Esquerra como del Partido Popular y Vox juntos.

La sexta reflexión se refiere al hundimiento (pleno) de Ciudadanos y (casi pleno) de la CUP. Son dos buenas noticias. Ciudadanos pudo gobernar en España en 2018 con el PSOE y por la irresponsabilidad y egolatría de su líder, Albert Rivera, ha desaparecido de la política española. A ver si aprenden los empresarios catalanes, tan dados desde 1986 a crear partidos artificiales, a no financiar aventuras y aventureros. En cuanto al fracaso de la CUP, también es buena noticia porque se trata de un grupo de francotiradores antisistema que solo aportan crispación y confusión a la política.

La séptima reflexión apunta al fracaso de los Comunes. Ha tenido que influir en ese fracaso la política de boicot de Ada Colau en el Ayuntamiento de Barcelona, pero también lo mal que ha llevado la dirección de Sumar sus relaciones con Podemos y, posiblemente, el sesgo demagógico de algunos de sus políticos.

La octava reflexión se refiere a la candidatura de Salvador Illa. Su triunfo, además de los condicionantes de la política de Cataluña y de la del Gobierno del Presidente Sánchez, ha venido porque Illa era un buen candidato (véase el artículo de Xavier Vidal Folch en El País de 13 de mayo). Es todo un ejemplo de la importancia de los candidatos y todos los partidos deberían sacar consecuencias de esta circunstancia

La penúltima reflexión se dirige a la formación de Gobierno. Illa, si no cambian los resultados con el voto exterior, puede formar un Gobierno tripartito de izquierdas con Esquerra y con los Comunes. ¿Aceptará Esquerra? ¿Qué franja del espíritu del partido republicano, la pragmática o la de la confrontación, vencerá? Es decir, al día de hoy no se puede dar por segura la posibilidad de un Gobierno de Illa, si bien ni a Junts ni a Esquerra le interesan, posiblemente, unas nuevas elecciones.

La décima y última idea que conviene estudiar es la repercusión de lo que ocurra en Cataluña en el Gobierno del Presidente Sánchez. Faltan pocas semanas para que la proposición de ley orgánica de amnistía para la normalización institucional, política y social de Cataluña retorne al Congreso desde el Senado para que aquel levante el veto que interpondrá la segunda Cámara. Del levantamiento de ese veto depende que Puigdemont (y otros políticos independentistas) sea amnistiado, por lo que el voto favorable del Grupo Socialista al levantamiento del veto es esencial para que el ex Presidente catalán regrese a España. Ese voto favorable no se agota en una proposición de ley, sino que debe tener influjo a lo largo de toda la legislatura. Es de esperar que Junts lo comprenda.