DespuĂŠs del resultado electoral, el panorama polĂ­tico tiende a aclararse, sobre todo, a raĂ­z de las reflexiones de los partidos sobre su nuevo papel en el parlamento.

Inicialmente, quien lo tiene mĂĄs definido es el PP que ve superado su momento mĂĄs bajo y parece que la corrupciĂłn ya no cotiza en negativo, aunque a muchos nos siga pareciendo una indecencia social y moral. Y Rajoy sigue haciendo lo mismo de siempre: dejar que el tiempo pase y gobernar como si fuera un administrador de fincas, cuadrando nĂşmeros y balances, sin mĂĄs aspiraciĂłn ni trascendencia. Muchos ciudadanos han votado mediocridad y corrupciĂłn, porque mĂĄs vale malo conocido que bueno por conocer, como dice el refrĂĄn, y el sentimiento del miedo, el inmovilismo, el conformismo, y las pocas aspiraciones se han llevado por delante la oportunidad de cambiar el rumbo de este paĂ­s.

Ciudadanos tiene su propia crisis ya que no ha conseguido ser la alternativa moderna a la derecha espaĂąola. Ahora tendrĂĄ que mover bien sus hilos para no desaparecer. Y lo tiene difĂ­cil, tanto si se une al gobierno como si se mantiene fuera en la oposiciĂłn. De momento, Rajoy se dedica a ningunear a Rivera. Y no es casual, es una estrategia medida porque Ciudadanos es la competencia al PP, y por eso hay que deshincharlos.

Pero, en mi opiniĂłn, el mayor interĂŠs estĂĄ en la izquierda. En el papel que deben ocupar ahora PSOE y Podemos.

Esta semana hemos visto las deliberaciones de Podemos y algunas conclusiones que se pueden obtener son: que no estĂĄ clara que la uniĂłn con IU haya sido positiva, pero este partido ha desaparecido engullendo a un millĂłn de votos que ahora estĂĄn huĂŠrfanos; que los bandazos ideolĂłgicos de Pablo Iglesias intentando sumar desde la izquierda mĂĄs radical como los antisistema hasta el centro izquierda moderado del PSOE no ha funcionado, quizĂĄs porque se ha visto muy maniqueo y precipitado, quizĂĄs porque no se puede aglutinar tantas piezas diversas; la amalgama del rompecabezas que ha supuesto Podemos ha pasado factura, por ejemplo, con el pĂŠsimo resultado de las mareas. Ahora bien, hemos visto una conclusiĂłn que Pablo Iglesias y algunos de sus dirigentes han manifestado con claridad: Podemos deja el romanticismo, la frescura, la trinchera, la reivindicaciĂłn antisistema, etc, para pasar a ser un partido mĂĄs moderado, mĂĄs serio, mĂĄs centrado.

ÂżPor quĂŠ? Pues la respuesta es evidente: porque quieren gobernar.

Para despertar simpatĂ­as estĂĄ muy bien ser un joven protestĂłn, pero para gobernar hay que ofrecer seguridad. Y en eso estĂĄ Podemos; reubicando su espacio electoral.

Y, Âża costa de quiĂŠn es ese espacio nuevo? Evidentemente a costa del PSOE, que, pese a sus peores resultados, ha mantenido contra todo pronĂłstico a muchos de sus votantes y un codiciadĂ­simo espacio electoral: ese centro izquierda desde donde se gobierna.

Por eso, el panorama mĂĄs interesante estĂĄ en la izquierda.

El PSOE debe pelear para mantener su posiciĂłn de alternativa y de jefatura de la oposiciĂłn. Por eso, ni siquiera por gobernabilidad, se puede permitir la abstenciĂłn a Rajoy, porque entonces dejarĂ­a el campo abierto a Podemos. De la misma forma que se exige desde cĂ­rculos mediĂĄticos que se abstenga el PSOE, podrĂ­a hacerlo, aunque suene inverosĂ­mil, Podemos, ya que ellos se juegan menos en esa abstenciĂłn. Su recuperaciĂłn ahora mismo pasa por un proceso mĂĄs lento, que sĂłlo se darĂĄ a partir de que el parlamentarismo empieza a funcionar. Es decir, su protagonismo ya no estĂĄ frente al PP ahora, sino en encontrar su discurso en el Congreso. Pero no es sĂłlo un discurso lo que debe elaborar Podemos, sino tambiĂŠn un partido, con una estructura nacional, que defina unos estatutos, una organizaciĂłn, una direcciĂłn y unas estrategias. Resulta sorprendente pero Podemos es un importante grupo parlamentario sin partido.

De la misma forma que Podemos ha decidido sacudirse algunos tics de “revolucionarios” para hacer política “seria”, -más o menos así venían a definirlo-, el PSOE debe hacer a la inversa: quitarse el tapón que le impide recuperar la frescura con la que ha ganado elecciones, dejar ese olor a “casta” que a veces desprende cuando muchos de sus cargos se les ve inmóviles y acomodados a la realidad política, y aprender a oxigenar la estructura de su partido que ha quedado claramente envejecida.

Podemos quiere ser un poco PSOE y el PSOE necesita ser un poco Podemos.

En el nuevo escenario polĂ­tico se debe perfilar quĂŠ es la socialdemocracia y quiĂŠn la ostenta, y cĂłmo se articula el espacio de la izquierda espaĂąola.