La agitaciĂłn de los fantasmas extremistas domina el discurso europeo en este inicio de un aĂąo augurado como problemĂĄtico (por los templados) o como catastrĂłfico (por los pesimistas). El peligro mĂĄs cotizado estos dĂas es el de Trump, acompaĂąado de su adlĂĄtere, el personaje internacional del momento, Elon Musk, animador de una extrema derecha crecida por doquier.
Tiene pinta de que las andanadas verbales del magnate de las redes sociales, los coches elĂŠctricos y las aventuras espaciales van a copar titulares en las prĂłximas semanas o meses. Es probable que Trump, pese a su infatigable ĂĄnimo de generar titulares de impacto (ahĂ estĂĄn sus insinuaciones sobre la toma de Groenlandia o del Canal de PanamĂĄ), conceda a su generoso donante de campaĂąa buena parte del foco principal en esta continua gresca mediĂĄtica.
Los rifirrafes verbales de Musk con el premier Starmer o con el Presidente Macron son sĂłlo el principio (1). La anunciada entrevista con Alice Weidel, la dirigente de los ultras alemanes, a sĂłlo un mes de las elecciones anticipadas en la RepĂşblica Federal, aĂąadirĂĄ mĂĄs tensiĂłn. Pero cabe preguntarse si llegarĂĄ la sangre al rĂo. Los vigilantes del orden occidental, en ambos lados del AtlĂĄntico, tratarĂĄn de evitar que se incendien los cimientos de la Alianza. Pero algunos ya se estĂĄn preguntando quĂŠ serĂĄ Musk en la Corte de Trump: ÂżbufĂłn o valido? Otros, como el semanario THE ECONOMIST se preocupan por su influencia en la polĂtica econĂłmica. ÂżTendrĂĄ un poder real desde su pilotaje de la âeficacia administrativaâ? (2).
LA ULTRADERECHA SIGUE AVANZANDO
La ultraderecha europea se felicita del viraje en Washington y los avances electorales recientes (Italia, PaĂses Bajos, Austria, Eslovaquia, Rumania) envĂan un mensaje de sintonĂa a la dupla Trump-Musk. La pieza mayor de esta âEuropa central putinistaâ (THE ECONOMIST) serĂa Alemania. Que gane en febrero la UniĂłn Cristiano-demĂłcrata no rebajarĂĄ la dimensiĂłn del problema. El futuro canciller, Friedrich Merz, serĂĄ el mĂĄs derechista desde el nacimiento de la RFA. Ese ha sido el ĂŠxito principal de los amigos de Musk, la Alternativa por Alemania (AfD), tanto o mĂĄs que sus ĂŠxitos en los länders orientales. La derecha liberal-conservadora estĂĄ adoptando el discurso y las polĂticas de la extrema derecha, y no sĂłlo por motivos tĂĄcticos (frenar su ascenso). TambiĂŠn por convicciĂłn: cree llegado el momento de aparcar sus decoros centristas y apuntarse a la reacciĂłn.
La primera consecuencia de este cambio de paradigma estratĂŠgico serĂa el abandono de la ficciĂłn del cordĂłn sanitario, es decir de aislamiento polĂtico de la extrema derecha. Se estĂĄ viendo estos dĂas en Austria, donde el dirigente del Partido Popular (ĂVP), Karl Neuhammer, ha tenido que declinar el encargo de formar gobierno y dimitir como lĂder de su partido, al no encontrar una fĂłrmula de gobierno que excluyera a los ultras del Partido de la Libertad (FPĂ), el mĂĄs votado en las elecciones de septiembre (29%). Las puertas de la cancillerĂa se abren para Herbert Kickel, una figura oscura que se ha apuntado a las proclamas reaccionarias mĂĄs extremas. El ĂVP se deja abiertamente querer y la socialdemocracia se lame las heridas (3).
Hace unas semanas, Stephen Walt, heterodoxo profesor de relaciones internacionales en Harvard, presentaba a Austria como el âmodelo europeo para AmĂŠricaâ, por sus notables logros sociales, polĂticos y econĂłmicos. Una estancia de meses en el paĂs le habĂa seducido, aunque no hasta el punto de cegarle ante su rostro mĂĄs despreciable (4).
El caso austrĂaco es todo menos pionero. La actual Presidenta de la ComisiĂłn Europea y el jefe del Grupo Popular en la EurocĂĄmara hace tiempo que vienen practicando la misma polĂtica, por caminos y con estĂmulos distintos. MĂĄs que la preservaciĂłn de los valores, el motor en Europa es la conservaciĂłn del poder, a toda costa. El cordĂłn sanitario se ha convertido en un estorbo. Bien lo saben los franceses, que han visto como el partido de Marine Le Pen, aĂşn en el limbo de las pretensiones de poder, ha sido capaz de derribar el simulacro de gobierno Barnier.
A este panorama de peligros, amenazas y debilidades polĂticas se suma la perspectiva sombrĂa sobre la evoluciĂłn de la guerra en Ucrania. El avance lento pero seguro del ejĂŠrcito ruso en el Donbass y el temor a que la administraciĂłn Trump cumpla su ambigua promesa de favorecer un final de conflicto favorable a los intereses del Kremlin tiene muy agitado al establishment europeo y a sus gabinetes de pensamiento.
En un artĂculo para el Consejo de Relaciones exteriores de Washington, uno de los principales think-tanks occidentales, un grupo de acadĂŠmicos, ex altos cargos y estrategas de cinco grandes paĂses europeos (entre ellos, la exministra espaĂąola de asunto exteriores, Arancha GonzĂĄlez Laya) recomienda un ârearmeâ de Europa a todos los niveles (econĂłmico, comercial y militar) frente a la doble amenaza del âasedioâ ruso y del âabandonoâ norteamericano del vĂnculo transatlĂĄntico. Poco importa que en ocho aĂąos Europa haya duplicado sus gastos militares, en tĂŠrminos relativos (en relaciĂłn al PIB), o que su ayuda militar, financiera y humanitaria a Ucrania ya haya superado a la de EE.UU (109 mil millones frente a 90 mil millones de $). Se pide mĂĄs, se recomienda mĂĄs, se advierte que, sin mĂĄs, Europa puede condenarse (5). Lo que los autores no explican es cĂłmo esta Rusia que no ha sido capaz de doblegar en tres aĂąos a Ucrania, podrĂa atreverse a atacar a un paĂs europeo de la OTAN. Es el viejo discurso de la guerra frĂa que resulta rentable para cierto sector de la industria y sus tentĂĄculos polĂticos, militares y acadĂŠmicos.
EL RECURSO ISLAMISTA
Si no fuera suficiente con la ultraderecha crecida y un temido entendimiento de conveniencia entre Rusia y Estados Unidos, el temor a un retorno del islamismo extremista favorece los enfoques alarmistas. Hay cuatro factores coadyuvantes, de distinto nivel e intensidad.
a) El acto terrorista de Magdeburgo, aunque fuera cometido por un musulmĂĄn anti islamista y simpatizante de la AfD, abona el miedo. El efecto se multiplicĂł con el atentado de aĂąo nuevo en Nueva Orleans. Se percibe un nuevo impulso del enfoque policial.
b) La muerte, esta misma semana, del fundador del Frente Nacional de Francia y los homenajes de sus huestes mantendrĂĄn a la ultraderecha en el centro del escenario durante algunos dĂas. Otro acontecimiento ha ayudado al expandir el mensaje xenĂłfobo de los lepenistas: la conmemoraciĂłn del dĂŠcimo aniversario de la matanza de Charlie-Hebdo y de los otros atentados islamistas de enero de 2015 en ParĂs. La ultraderecha no dejarĂĄ que la amenaza islamista se desvincule de la inmigraciĂłn. Y la derecha liberal, tampoco.
c) La barbaridad de Gaza hace temer una respuesta de los radicales islamistas por la pasividad con la que muchos estados europeos han reaccionado ante la matanza israelĂ. Tarde o temprano, se sospecha, alguien pagarĂĄ por ello. Este y el siguiente son los factores consecuenciales mĂĄs determinantes.
d) La incertidumbre ante la evoluciĂłn la evoluciĂłn de la crisis en Siria. Hay que recordar que el aplastamiento de la rebeliĂłn siria fue la causa de la mayor parte de la crisis migratoria en Europa en 2015. Ahora, el triunfo de una organizaciĂłn franquicia de Al Qaeda, aunque luego desvinculada de ella sin abjurar de su ideario islamista, ha generado un debate sobre cĂłmo relacionarse con el nuevo poder en Damasco. De momento, domina la vĂa pragmĂĄtica, es decir, utilitarista, resumida en una fĂłrmula tan sencilla como antigua: si los nuevos dirigentes colaboran con Occidente, se olvidarĂĄn viejos pecadillos; pero si se muestran demasiado acomodaticios con los enemigos de esta ĂŠpoca (lĂŠase IrĂĄn, Rusia, China o AfganistĂĄn) solo pueden esperar un trato no muy diferente del infligido al rĂŠgimen derrocado (6)
Es muy improbable que Al-Shara y su milicia islamista enfaden a Occidente, cuando necesitan miles de millones de dĂłlares para reconstruir el paĂs. Los paĂses del Golfo, con sus disputas y sus habituales juegos de tronos, no dudarĂĄn en acudir al rescate de un paĂs que hasta hace un mes parecĂa fuera de su ĂĄrea de influencia (7).
Otra cosa son los efectos colaterales que el realineamiento de Siria puede provocar en la regiĂłn. La gran incĂłgnita es cĂłmo conciliar los intereses occidentales con los designios de TurquĂa. Como ya ocurriera durante la campaĂąa contra el Daesh, el rĂŠgimen turco no estĂĄ dispuesto a tolerar que se consolide un semi-estado autĂłnomo kurdo al otro lado de su frontera suroriental. Trump tuvo la tentaciĂłn temporal de entregar a los valiosos aliados kurdos a los caprichos de Erdogan, pero lo impidieron tanto el PentĂĄgono como del Departamento de Estado, que lo obligaron a rectificar. Como en tantas otras cosas, se ignora lo que harĂĄ ahora.
NOTAS
(1) âLâannĂŠe Trump sâouvre sur une offensive antidĂŠmocratique et anti-europĂŠenne menĂŠe par Elon Muskâ. SYLVIE KAUFFMANN (Editorialista). LE MONDE, 3 de enero.
(2) Will Elon Musk dominate President Trumpâs economic policy? THE ECONOMIST, 2 de enero.
(3) âÂżEl canciller Kickl o nuevas elecciones? CĂłmo podrĂa continuar la polĂtica austriaca ahoraâ. DER STANDARD, 5 de enero.
(4) âAustria Should Be Americaâs European Modelâ. STEPHEN M. WALT. FOREIGN POLICY, 11 de diciembre.
 (5) âCan American Abandonment Help Europe? The Continent Has a Chance to Address Its Own Weaknessesâ. ARANCHA GONZĂLES LAYA, CAMILLE GRAND, KATARZYNA PISARSKA, NATHALIE TOCCI Y GUNTRAM WOLFF. FOREIGN AFFAIRS, 6 de enero.
 (6) âThe Best Way for America to Help the New Syriaâ STEVEN SIMON & JOSHUA LANDIS. FOREIGN AFFAIRS, 3 de enero.
(7) âSaudi Arabia and U.A.E. Tread Cautiously With Syriaâs New Leadersâ. ISMAEL NAAR. THE NEW YORK TIMES, 4 de enero.
