España ha crecido un 3,2 por ciento en 2024, superando ampliamente el crecimiento promedio de la eurozona, que se situó en torno al 0,8 por ciento. Es decir, cuatro veces más y por encima de las previsiones. Un crecimiento cuyas políticas están dirigidas a que la gente tenga más ingresos y vida mejor con el fin de reducir las desigualdades dentro de España.

Esto es la política de lo posible, que solo puede realizarse si los ciudadanos no se dejan engañar por las mentiras y el desánimo de quienes pretenden alejarles de ella para que una minoría poderosa gobierne primando sus intereses frente a los de la mayoría.

Cuando el engaño es masivo, quien antes y más sufre siempre es el ciudadano normal, quien menos tiene y más necesita del compromiso de toda la sociedad, como se está empezando a ver de nuevo en Estado Unidos.

El crecimiento en España se está orientando para que sea un crecimiento justo, pero el camino es largo y tiene que ser continuo en el tiempo para reducir las desigualdades.

Es muy positivo que durante el segundo trimestre de 2023 la ocupación en España por primera vez se situara en más de 21 millones de personas, según la Encuesta de Población Activa (EPA), y en 21.857.900 personas durante el cuarto trimestre de 2024.

Es muy positivo que el número de trabajadores asalariados haya crecido hasta llegar al 85 por ciento en el año 2024, con un aumento de la proporción de asalariados en el sector público, que ha pasado del 17,8 por ciento en 2006 al 19,3 por ciento en 2024, según el Instituto Nacional de Estadística (INE).

A pesar de los avances que se han producido, España continúa teniendo problemas estructurales que hay que corregir, como la dificultad que tienen millones de españoles para llegar a fin de mes. Es cierto, que se ha reducido este porcentaje en 20,5 puntos porcentuales desde 2014, pasando del 67,9 por ciento de la población con dificultades para llegar a fin de mes ese año a un 47,4 por ciento en 2024.

Pero que el 47,4 por ciento de la población tenga dificultades para llegar a fin de mes visualiza la precariedad en la que se encuentra prácticamente la mitad de la población en España. Estamos hablando de más de 23 millones de personas.

Es cierto que hay distintos niveles de dificultad. Un 9,1 por ciento tiene mucha dificultad para llegar a fin de mes. Estamos hablando de casi cuatro millones y medio de personas, que se encuentran en una situación extremadamente vulnerable al tener que afrontar un día a día con insuficientes recursos, que les impiden cubrir adecuadamente sus necesidades básicas, lo que afecta a su salud y al hogar.

Un 12, 7 por ciento, llega a fin de mes con dificultad. Más de seis millones de personas que experimentan problemas de ansiedad ante una precaria situación económica que los lleva a temer cualquier imprevisto.

Un 25,6 por ciento, llega a fin de mes con alguna dificultad. Es cierto que estas personas pueden cubrir sus necesidades básicas, pero les preocupa el incremento de precios, los imprevistos y que la economía vaya mal.

Esta realidad evidencia la concentración de la riqueza y, al mismo tiempo, que queda mucho por hacer para reducir las desigualdades y aumentar la cohesión social en España.

Hablando claro, hay que repensar el modelo económico y social vigente, entre todos, con una estrategia global que permita afianzar un Estado de Bienestar capaz de responder a las necesidades del siglo XXI con crecimiento, justicia, convivencia y equidad.