El 49,7 por ciento de las mujeres en EspaĂąa afirma que la polĂtica les interesa poco o nada. 15,7 puntos porcentuales mĂĄs que los hombres que muestran poco o ningĂşn interĂŠs, que se sitĂşa en el 34 por ciento. En cuanto a las mujeres que les interesa la polĂtica mucho o bastante, el porcentaje llega al 47,9 por ciento. 13,5 puntos porcentuales menos que los hombres, que se sitĂşan en el 61,4 por ciento, segĂşn la encuesta sobre ParticipaciĂłn PolĂtica, realizada por el Centro de Investigaciones SociolĂłgicas (CIS) recientemente.
Estos datos muestran que persiste una brecha en el interĂŠs por la polĂtica entre mujeres y hombres. Muestran que persisten obstĂĄculos estructurales y culturales que todavĂa dificultan la plena participaciĂłn polĂtica de las mujeres. Pero tambiĂŠn, que, si los ponemos en contexto, se constata que el interĂŠs de la mujer por la polĂtica y su participaciĂłn en ella han avanzado en EspaĂąa desde la llegada de la democracia, donde se estableciĂł la igualdad de todos los ciudadanos en el artĂculo 14 de la constituciĂłn.
Un avance, especialmente en las Ăşltimas dĂŠcadas, gracias a las transformaciones que ha experimentado el paĂs, al impulso de polĂticas de igualdad entre las mujeres y los hombres en todos los ĂĄmbitos, y al poder trasformador de un movimiento feminista cada vez mĂĄs fuerte en la sociedad espaĂąola.
AsĂ, se ha pasado del 17 por ciento de mujeres que en el aĂąo 1985 afirmaban tener mucho o bastante interĂŠs por la polĂtica, al 47,9 por ciento actual. Y de un 77,5 por ciento de mujeres que decĂan que les interesaba poco o nada la polĂtica al 49,7 por ciento.
En una EspaĂąa, donde determinadas ĂŠlites econĂłmicas, polĂticas, mediĂĄticas y judiciales han decidido derribar a un gobierno elegido democrĂĄticamente por los ciudadanos, a travĂŠs de una estrategia de crispaciĂłn y de polarizaciĂłn donde todo vale para llegar otra vez al gobierno de EspaĂąa, es prioritario destacar la importancia del respeto de las opiniones discrepantes; lo decisivo que para nuestra libertad y bienestar es vivir en una democracia asentada; y aceptar que aunque hay distintas visiones para afrontar los retos que tenemos por delante, el diĂĄlogo y los acuerdos son determinantes en democracia.
El respeto a las opiniones de los demĂĄs, aunque sean diferentes a las nuestras es un valor mayoritariamente compartido en la sociedad espaĂąola, tanto por hombres como por mujeres. Concretamente, el 93,8 por ciento de los espaĂąoles estĂĄn muy de acuerdo o de acuerdo con esta aptitud. Un 95,3 por ciento de mujeres y un 92 por ciento de hombres.
Una seĂąal que refuerza el compromiso con el pluralismo de una sociedad que es diversa, y que evidencia, al mismo tiempo, el alejamiento que existe entre unos representados que creen en el respeto y unos representantes que estĂĄn instalados en el insulto permanente. Si bien es cierto, que unos mĂĄs que otros.
La democracia es un sistema polĂtico frĂĄgil que tenemos la obligaciĂłn de cuidar entre todos los ciudadanos de manera activa. MĂĄs aĂşn en momentos como el actual donde una ola reaccionaria recorre el mundo con la intenciĂłn de reducir, cuando no acabar, con nuestra libertad y bienestar.
La falta de escrĂşpulos de estos populismos totalitarios, que nos pretenden dominar, los lleva a doparnos de desinformaciĂłn y de bulos. Los lleva a anestesiar nuestra voluntad y hasta nuestra conciencia para hacernos creer que todo es por nuestro bien.
Hay que defender la democracia. Porque, aunque es decisivo que un 87,2 de los ciudadanos crean que la democracia puede tener problemas, pero siempre es preferible a cualquier otra forma de gobierno, hay que ser ciudadanos activos en esa defensa, porque lo demĂĄs ya no vale.
Y aquĂ, las mujeres lo tienen un poco mĂĄs claro que los hombres, ya que para un 88,5 por ciento la democracia siempre es preferible, frente a un 85,9 por ciento de los hombres. Entre otras cosas, porque la democracia ha sido y tiene que seguir siendo en el futuro el espacio donde las mujeres han reivindicado y conseguido derechos y oportunidades que histĂłricamente se las habĂa negado. Y algunos les quieren volver a negar.
Ser activo para que la democracia cada dĂa funcione mejor, significa tener claro que existen distintas visiones del mundo, que tienen que dialogar para ponerse de acuerdo. Las distintas ideologĂas, si son democrĂĄticas, enriquecen.
La demonizaciĂłn y estigmatizaciĂłn de las ideologĂas y de los representantes elegidos por los ciudadanos con el fin de sustituirlos por expertos es un grave problema para la democracia, y para nuestras vidas, que estĂĄ calando poco a poco en la poblaciĂłn de las sociedades democrĂĄticas.
Un 42,3 por ciento de los espaĂąoles estĂĄn muy de acuerdo o de acuerdo con las ideologĂas polĂticas cada vez influyen menos en nuestra forma de pensar. Este porcentaje sube hasta el 46,1 por ciento en el caso de las mujeres, lo que puede significar algo positivo si estĂĄ relacionado con una participaciĂłn mĂĄs trasversal, que va mĂĄs allĂĄ de las estructuras tradicionales de participaciĂłn.
Pero puede tener un componente negativo cuando lo que se cuestiona es la pluralidad existente en nuestras sociedades y va enlazada con el cuestionamiento de la propia representaciĂłn, y su sustituciĂłn por unos expertos que son los que deben tomar las decisiones.
Es un tema serio cuando al preguntar a los espaĂąoles sobre quien debe tomar las decisiones polĂticas en un paĂs como EspaĂąa, un 34,2 por ciento seĂąala que las personas expertas en cada tema. Un 30,2 por ciento, los ciudadanos a travĂŠs de referendos y consultas ciudadanas: Y un 29,5 por ciento, los representantes polĂticos elegidos en las urnas.
Pretender sustituir la representaciĂłn y la deliberaciĂłn pĂşblica por unos expertos, creyendo que los problemas polĂticos tienen soluciones tĂŠcnicas objetivas, disfrazadas de racionalidad, no solo es una ilusiĂłn, sino que es peligroso porque convierte al ciudadano y sus representantes en meros espectadores.
Ciencia, sĂ. Expertos, tambiĂŠn, para guiar a los ciudadanos y sus representantes en la deliberaciĂłn democrĂĄtica. Pero no, para ir hacia una tecnocracia, donde la voluntad de los ciudadanos sea algo irrelevante, y quien controla al experto y al algoritmo controla el futuro sin que nadie los haya elegido democrĂĄticamente para ello.
Hay que avanzar en democracia profundizando en el camino de libertad y de igualdad que supone. Aumentando la transparencia y la participaciĂłn, la decisiĂłn y la gestiĂłn de los ciudadanos en los asuntos pĂşblicos. Y en este camino, la participaciĂłn efectiva de la mujer en todos los ĂĄmbitos y en todas las instancias de toma de decisiones es determinante para tener una mejor democracia.




