Cuando todo el mundo está conteniendo la respiración ante el resultado de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, donde Trump, ha manifestado que “si no soy elegido, habrá un baño de sangre en EE.UU”, hay que señalar que, desde hace unas décadas, el retroceso y el fracaso de la democracia en numerosas ocasiones comienza en las urnas.
Dicho de otra forma, desde el final de la Guerra Fría, y acentuándose en las últimas décadas, la mayoría de los colapsos de los sistemas democráticos no se han producido por levantamientos militares, sino que han sido provocados por los propios gobiernos elegidos democráticamente, que en esos casos han subvertido la democracia con medidas que eran legales en su origen, al ser aprobadas en los parlamentos en ocasiones, pero que tenían como finalidad dar paso a la ocupación del poder de manera autócrata, pero con apariencia democrática.
A lo anterior, hay que añadir, en primer lugar, que se está produciendo una ruptura del contrato social, que se ve reflejada en cuatro realidades: la gran precariedad existente en la vida de muchos ciudadanos; la constatación de que esta inaceptable situación es una construcción humana, fruto de un modelo social desigualitario; la desigualdad supone una regresión en el desarrollo del concepto de ciudadanía; y el hecho de que la creciente desigualdad es evitable, porque es una construcción política, económica, social y cultural.
Y, en segundo lugar, que en las sociedades democráticas el aumento de las desigualdades y de las incertidumbre vitales está siendo aprovechada por fuerzas populistas para dividir a la sociedad y ganar apoyos mediante una polarización partidista extrema, que, junto con la crispación, puede acabar con la convivencia y la democracia.
Ante este panorama, ¿Cómo estamos en España? En lo político, con una enorme polarización y crispación donde los dos principales partidos de la oposición, de derecha y extrema derecha, llevan desde 2018 planteando una estrategia que presenta al gobierno como ilegítimo y por derivación a todas sus iniciativas y decisiones.
¿Y la sociedad? Para conocer como está la situación en nuestra sociedad, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) acaba de realizar un estudio sobre Ideología y Polarización, en octubre de 2024, donde se han realizado tres preguntas para medir la polarización en los ciudadanos:
- ¿Le incomodaría tener como vecinos/as a votantes o militantes de partidos con ideologías diferentes a la suya? Diría Ud. que le incomodaría mucho, bastante, poco o nada. Al 94,5 por ciento de los ciudadanos no les importa tener vecinos a votantes o militantes de partidos con ideologías diferentes a la suya. Mientras a un 4,6 por ciento les incomoda mucho o bastante. Por recuerdo de voto, a los votantes del PP, con un 96,4 por ciento, y a los votantes de Vox, con un 96,2 por ciento, son a los que les incomoda menos. Seguidos de los votantes del PSOE, con un 94,5 por ciento, y de Sumar, con un 91,4 por ciento.
- ¿Le incomodaría tener como compañeros/as de trabajo o estudios a votantes o militantes de partidos con ideologías políticas diferentes a la suya? Le incomodaría mucho, bastante, poco o nada. Al 92,4 por ciento de la población le incomoda poco o nada tener compañeros de trabajo o estudios a votantes o militantes de partidos con ideologías políticas diferentes a la suya. Mientras que al 5,3 por ciento le incomoda mucho o bastante.
- ¿Y que su hijo o hija se casara, que ya se haya casado/a o fuese pareja de votantes o militantes de partidos con ideologías políticas diferentes a la suya? Le incomodaría mucho, bastante, poco o nada. Al 88,1 por ciento de los ciudadanos no les importa que su hijo o hija se casara, que ya se haya casado/a o fuese pareja de votantes o militantes de partidos con ideologías políticas diferentes a la suya. Mientras a un 9,5 por ciento les incomoda mucho o bastante. Por recuerdo de voto, a los que menos les importaría sería a los votantes del PP, con un 92,5 por ciento; a los votantes del PSOE, 89,8 por ciento; a los de Vox, un 88,7 por ciento; y a los de Sumar, con un 75,4 por ciento. Y en cuanto a los porcentajes de a quienes les importaría mucho o bastante, aparecen los votantes de Sumar, con un 21,7 por ciento; los votantes del PSOE, con un 8,5 por ciento; Vox, un 8,3 por ciento; y PP, 6,2 por ciento.
Estos datos vienen a mostrar una sociedad española tolerante, donde todavía la polarización y la crispación en la vida diaria no es amplia, aunque está entrando como reflejo de lo que sucede en la política y en los medios de comunicación.
Estos datos vienen a mostrar que estamos a tiempo como sociedad para no caer en las dinámicas autodestructivas en las que han caído otras sociedades democráticas.
Solo un ejemplo comparado con Estados Unidos. En 1960, preguntaron a los estadounidenses cómo se sentirían si su hijo se casara con una persona militante de otro partido político. El 4 por ciento de los demócratas y el cinco por ciento de los republicanos manifestaron que les “desagradaría”. En 2010, el 33 por ciento de los demócratas y el 49 por ciento de los republicanos afirmaron que se sentirían “un poco o muy infelices” ante la perspectiva de un matrimonio entre dos personas con distintas tendencias políticas.
Entre otras cosas, esto es lo que tenemos que evitar en España. Juntos y desde ya.



