Las tendencias electorales que estĂĄn surgiendo en varios paĂses de nuestro entorno apuntan hacia un curso inquietante de la evoluciĂłn polĂtica.
El domingo 4 de diciembre, las urnas dieron una nueva seĂąal de alarma y una cierta muestra de alivio en dos paĂses europeos de indudable importancia simbĂłlica y real, mientras continĂşan llegando noticias de Francia que muestran una gran actividad en los cĂrculos de la derecha y la extrema derecha, mientras la izquierda continĂşa dividida y desorientada, y el centro queda relegado a posiciones cada vez mĂĄs residuales.
Aunque en Austria al final se impuso el candidato âecologistaâ sobre el de extrema derecha, este resultado apurado no debe hacer olvidar que un lĂder de extrema derecha neta ha estado a punto de ocupar la Presidencia de Austria, con unos mensajes que cuestionaban incluso la propia separaciĂłn de Austria de Alemania. Todo ello en un contexto de clara crisis de los dos grandes partidos que han posibilitado la gobernabilidad de este paĂs durante las Ăşltimas dĂŠcadas: la democracia cristiana, junto a los conservadores moderados, y, sobre todo, los socialdemĂłcratas.
El caso de Italia resulta mĂĄs inquietante, sobre todo por el escaso sentido de la previsiĂłn y el cĂĄlculo polĂtico que denota la convocatoria del referĂŠndum-plebiscito por parte de Matteo Renzi. Y por la situaciĂłn de incertidumbre e inestabilidad que abre.
Una vez mĂĄs, el malestar subyacente de amplios sectores de la opiniĂłn pĂşblica y la debilidad de las opciones de centro-izquierda, que parece que aĂşn no han entendido bien lo que pasa y lo que nos estamos jugando, han dado lugar a unos resultados electorales que apuntan hacia un rumbo de crisis.
En contextos polĂticos enrarecidos y en coyunturas de deterioro econĂłmico y laboral, los partidos antisistema y los lĂderes populistas tienden a ocupar unos espacios polĂticos y comunicacionales que no responden al fondo ideolĂłgico y actitudinal de lo que realmente requiere la situaciĂłn actual y demanda la opiniĂłn pĂşblica.
En Italia hemos asistido a una peculiar conjunciĂłn anti-Renzi de fuerzas de derecha y de izquierdas, con lĂderes y formaciones bastante peculiares, desde el Movimiento Cinco Estrellas de Beppe Grillo, al singular partido-empresa creado al servicio de Berlusconi. Todo ello aderezado por influencias empresariales y comunicaciones diversas, y por tensiones de secesionismos regionales y movimientos de autodefensa de intereses municipales y corporativo-polĂticos.
Un cĂłctel indigerible que, al final, se ha impuesto sobre un Presidente de Gobierno que no habĂa salido directamente de las urnas, y que con este referĂŠndum plebiscitario pretendĂa alcanzar una legitimidad aĂąadida a su posiciĂłn y a unas propuestas que, posiblemente, los electores no han entendido ni asumido.
Es decir, el fracaso de Renzi, al igual que el fiasco previo de David Cameron, denotan unas formas de actuar demasiado proclives a priorizar e intentar reforzar afanes y posiciones de liderazgo personal, mediante golpes de efecto tan audaces como escasamente consensuados y calibrados. Al menos, eso es lo que parecen indicar los escrutinios electorales. No solo en Italia y el Reino Unido.
En el caso de Cameron, se puede comprender âaunque no compartirâ que despuĂŠs del ĂŠxito estratĂŠgico del referĂŠndum escocĂŠs que, al tiempo que potenciĂł a un Partido Nacionalista que nunca intentarĂĄ sustituir a los conservadores en Downing Street, debilitaba a los laboristas en Escocia, hasta el punto de privarles de los cerca de 50 escaĂąos que antes solĂan obtener en las Tierras Altas. Lo cual tendĂa a apartar a los laboristas de la opciones reales de gobierno durante un largo perĂodo de tiempo, alentando de paso un sinfĂn de conspiraciones y divisiones internas en las filas socialistas.
Sin embargo, cuando Cameron quiso âinstrumentalizarâ un nuevo referĂŠndum al servicio de su propio liderazgo, intentando quitarse de en medio a varios de sus rivales internos, se encontrĂł con la sorpresa de un resultado que no habĂa previsto inicialmente y que ha creado un problema peliagudo al Reino Unido y a toda Europa.
A Renzi le ha ocurrido algo parecido, de forma que lo que ĂŠl imaginĂł como un fĂĄcil paseo militar, y como un Ăştil mecanismo plebiscitario para reforzar su liderazgo, ha terminado por causar un grave rechazo a su posiciĂłn (y propuestas) y a su liderazgo.
En realidad, lo ocurrido en ambos casos es un ejemplo de lo que puede ocurrir cuando se pretende manipular descaradamente a la opiniĂłn pĂşblica y cuando se intenta sacar partido polĂtico de procesos plebiscitarios urdidos y planteados al margen de la lĂłgica de lo que implica un uso racional y coherente de los referĂŠndums como forma de potenciar la participaciĂłn ciudadana y la corresponsabilidad polĂtica.
Se trata de casos tĂpicos, en los que unos lĂderes no intentan saber lo que realmente piensan los ciudadanos âque generalmente es difĂcilmente traducible a los tĂŠrminos simplistas en los que se tienden a formular las preguntas plebiscitariasâ, sino buscar un respaldo pĂşblico a su figura y a su posiciĂłn. De ahĂ, una parte del voto de rechazo y de castigo que suscitan tales referĂŠndums plebiscitarios en las democracias maduras.
En cualquier caso, los resultados de tales procesos de consulta revelan no solo un cierto sesgo âinquietanteâ hacia enfoques neopopulistas, en los que determinados lĂderes intentan establecer una especie de relaciĂłn directa con su pueblo, al margen de las estructuras polĂticas existentes, sino tambiĂŠn la carencia de un esfuerzo suficiente de consenso previo. Esfuerzo de consenso que tendrĂa que conducir a una razonable aproximaciĂłn de posturas y alternativas, que llevaran a unas expectativas de respaldo ciudadano mucho mĂĄs altas que las que permite augurar âen su casoâ un cincuenta y poco por ciento de los votos. Lo cual es algo escasamente razonable cuando se trata de decisiones de tanto alcance y enjundia como salir o no salir de la UniĂłn Europea, o reformar o no reformar un sistema polĂtico establecido desde hace dĂŠcadas.
Por lo tanto, en estos casos lo que falla es tanto la pericia, madurez y altura polĂtica de determinados lĂderes, como la incapacidad âo falta de voluntadâ para llegar a los consensos que son necesarios en las grandes reformas o en los asuntos de Estado mĂĄs importantes.
La tendencia al debilitamiento de fuerzas polĂticas otrora importantes y generadoras de la estabilidad polĂtica alcanzada en ciertos paĂses, tiene tambiĂŠn sus razones y causas especĂficas. Entre ellas, la incapacidad para entender los malestares existentes entre la poblaciĂłn, y la inercia en sostener discursos polĂticos planos y cada vez mĂĄs empobrecidos, que no dicen nada a muchos ciudadanos, y que en ocasiones llevan a entender la competencia electoral como una mera cuestiĂłn tĂŠcnica y de utilizaciĂłn de recursos en mayor magnitud que los adversarios.
Por eso, el establishment del Partido DemĂłcrata americano y las estructuras clientelares de no pocos partidos centristas y socialdemĂłcratas europeos se estĂĄn encontrando con caĂdas espectaculares de apoyos, y en su caso con grupos poderosos, o incluso con grandes empresarios como Berlusconi en Italia, o Trump en Estados Unidos, que intentan poner en el fiel de la balanza mĂĄs millones que sus competidores. Lo cual supone una nueva vuelta de tuerca en las asimetrĂas de poder e influencia electoral. Por no mencionar, en el caso de USA, la paradoja y contradicciĂłn que supone que pueda ser proclamado el candidato (Trump) que ha tenido dos millones y medio de votos menos que su adversaria (Hillary Clinton), por mucho que esta no haya sido capaz de movilizar todo el voto que antes apoyĂł a Obama, o que en las primarias respaldĂł con entusiasmo a Sanders.
Desde luego, son muchas las cuestiones que requieren de mĂĄs reflexiĂłn y anĂĄlisis. Y de estrategias reformistas mĂĄs consistentes y respaldadas.
