¿Sabías que solo el 49,8 por ciento de la población dice tener un conocimiento muy alto o alto acerca de cómo debe actuar en una situación de emergencia y un 42,1 por ciento señala que su conocimiento es bajo, muy bajo o nulo?
Concretamente, un 8,3 por ciento afirma que su grado de conocimiento acerca de cómo debe actuar ante situaciones de emergencia el muy alto; un 41,5 por ciento, alto; un 6,9 por ciento, medio; un 33 por ciento, bajo; un 4,6 por ciento, muy bajo; y un 4,5 por ciento nulo, según la última encuesta sobre Protección Civil II realizada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) en este mes de marzo.
Ante este panorama, la necesidad de prepararse no es una opción, sino una obligación colectiva de la sociedad e individual de cada uno.
Todos los días, en los medios de comunicación social y en nuestros teléfonos móviles vemos imágenes de muchas catástrofes: guerras, matanzas, incendios, inundaciones, actos terroristas, ciberataques a infraestructuras críticas, caídas de edificios, accidentes de todo tipo y un largo etcétera que percibimos como lejanas, aunque ocurran a dos calles de nosotros.
Hasta que de repente, nos toca.
Es entonces, cuando el instinto de supervivencia intenta salvarnos con mayor o menos éxito. Es entonces, cuando somos conscientes de lo que podíamos haber hecho antes y no hicimos, de lo que podíamos haber exigido a nuestros gobiernos, y no hicimos. Pero puede que ya sea demasiado tarde.
Empecemos por una obviedad que conocemos, pero no aplicamos en nuestro comportamiento diario. En el mundo se está produciendo un aumento alarmante de catástrofes: crisis climáticas, conflictos armados y atentados terroristas se multiplican con consecuencias devastadoras. Y, además, somos consciente de ello.
Un 71,2 por ciento de la población cree que el número e intensidad de desastres naturales seguirá en aumento y el 61,3 por ciento lo atribuye al cambio climático, según la encuesta sobre Protección Civil II realizada por el CIS.
Insisto. Ante este panorama, la necesidad de prepararse es una obligación. Sabías que el 94,3 por ciento de los españoles apoya el uso de avisos al móvil como medida de prevención ante una catástrofe. Qué lástima que en Valencia un presidente autonómico y todo su equipo no asumieran la responsabilidad que tenían para salvar muchas vidas.
La respuesta ante una crisis o catástrofe requiere de instituciones sólidas y preparadas, en las que confíen los ciudadanos. Pero ¿En quién confían más los ciudadanos? Pues, primero en los bomberos, un 96,5 por ciento. Después en los servicios sanitarios, un 89,8 por ciento. En la Unidad Militar de Emergencias (UME), un 86,9 por ciento. Y en el teléfono de emergencias 112, un 84,4 por ciento.
Pero a parte de la confianza, una inmensa mayoría de la población, un 96,8 por ciento, va más allá, al considerar que es imprescindible reforzar la capacidad operativa de los distintos servicios de intervención y de ayuda. Y un 93,4 por ciento, respalda la creación o fortalecimiento de organismos de prevención y gestión de catástrofes a nivel local y autonómico.
En momentos de crisis, la información rápida, veraz y oportuna puede salvar vidas. Sin embargo, y debido al nivel de crispación y polarización existente en España, solo el 23,5 por ciento de los ciudadanos confía en las autoridades y organismos públicos como fuente principal para informarse. Seguida de la televisión, para un 20,5 por ciento; de la radio, para un 20 por ciento; y de las redes sociales para un 12 por ciento.
Todos estos datos evidencian una realidad incuestionable: España necesita una estrategia de protección civil más robusta para hacer frente al incremento de las catástrofes que están por venir. La coordinación entre administraciones, la inversión en tecnología de alertas tempranas y la concienciación ciudadana son esenciales para hacer frente a los desafíos del futuro. No es cuestión de si habrá otra catástrofe, sino como de preparados estaremos cuando llegue.
