Rusia estĂĄ revuelta. Las manifestaciones que se han extendido por varias ciudades de todo el territorio nacional parecerĂan indicar que se estĂĄ desarrollando un amplio movimiento de contestaciĂłn a Putin, con vistas a las elecciones presidenciales del aĂąo que viene.
El Kremlin ha reaccionado sin vacilaciĂłn. MĂĄs de un millar de participantes han sido detenidos, entre ellos el lĂder de la protesta, Alexei Navalny, el opositor mĂĄs destacado del panorama polĂtico.
El actual movimiento comenzĂł a generarse en marzo, tras un documental inspirado por Navalny en el que se denunciaba con fiereza la corrupciĂłn en las esferas mĂĄs altas del rĂŠgimen.
Se destacaba el caso del primer ministro y mano derecha polĂtica de Putin, Dimitri Mevdeved, que aparecĂa como propietario de mansiones, yates y otros bienes de lujo, que en Rusia solo estĂĄ al alcance de los oligarcas, la ĂŠlite mĂĄs rica del paĂs. Esas y otras revelaciones propiciaron que miles de jĂłvenes se echaran a la calle hace tres meses en ochenta ciudades para denunciar la deshonestidad de los dirigentes polĂticos.
Previamente, antes de las elecciones de 2012, otro ciclo de protestas fue replicado por el poder con centenares de penas de prisiĂłn.
Este nuevo ciclo de contestaciĂłn juvenil coincide con un clima de malestar social por unas decisiones inmobiliarias que privarĂĄn a mĂĄs de millĂłn y medio de moscovitas de sus viviendas actuales en barriadas cĂŠntricas de la capital y su reubicaciĂłn en otras zonas. La compensaciĂłn ofrecida por las autoridades no ha aplacado los ĂĄnimos, por falta de confianza palpable. El malestar se ha traducido en otra oleada de manifestaciones, diferentes a las de los jĂłvenes, que tambiĂŠn han sido drĂĄsticamente afrontadas por las autoridades.
UN PULSO A MEDIO PLAZO
Navalny eligiĂł cuidadosamente la fecha de convocatoria de esta Ăşltima protesta, el 12 de junio, dĂa de la festividad nacional. De esta forma, el astuto dirigente opositor ha pretendido disputar a Putin la interpretaciĂłn exclusiva del nacionalismo. Tras la caĂda del comunismo, la desconfianza hacia el socialismo como versiĂłn democrĂĄtica y moderada de un modelo econĂłmico y social mĂĄs igualitario, y la amarga experiencia del liberalismo despiadado de los noventa, Putin adoptĂł el nacionalismo como cobertura ideolĂłgica de un sistema eclĂŠctico y arbitrario.
Hoy por hoy, Putin no parece tener rival serio que le dispute el triunfo en las elecciones de marzo de 2018. La oposiciĂłn institucional acurrucada en la Duma es dĂŠbil, estĂĄ dividida y en cierto modo amedrentada por el control casi absoluto que el patrĂłn del Kremlin ejerce sobre todas palancas del Estado, la econĂłmica, la represiva y la propagandĂstica.
Navalny, por el contrario, representa algo distinto, un nacionalismo moderno que utiliza un lenguaje de claras resonancias occidentales, que se apoyĂł en el auge de las redes sociales para ganar en extensiĂłn y en alcance. El apoyo que ha reunido es, por consiguiente, juvenil y muy dinĂĄmico, urbano e interesado por las experiencias democrĂĄticas occidentales, en particular la norteamericana. Pero carece de estructuras, de mandos intermedios y de implantaciĂłn en el medio rural, en la Rusia profunda.
A pesar de estas debilidades, Navalny pretende retar a Putin el aĂąo que viene. No con la pretensiĂłn de ganar, por supuesto, sino con la clara intenciĂłn de someterlo a mayor desgaste, a un plus de exposiciĂłn pĂşblica y de erosiĂłn moral. SimultĂĄneamente, el dirigente de esta oposiciĂłn diferente confĂa en fortalecer sus futuras opciones, extender su predicamento a otros sectores sociales y convertirse en una alternativa sĂłlida del poder en la era post-Putin.
Estos planes de Navalny no han pasado desapercibidos al Kremlin. Tras detenerlo, se le han imputado cargos, con la aparente finalidad de privarle de sus derechos polĂticos e impedir, de esta forma, su candidatura en las elecciones de marzo de 2018.
EL DESENGAĂO DE PUTIN
La neutralizaciĂłn de Navalny busca cercenar de raĂz el actual ciclo de protestas. Pero hay otros factores de mayor inquietud para el Kremlin. Las esperanzas de un levantamiento de las sanciones, promovido por la administraciĂłn Trump, se desvanece a medida que la negra nube de la colusiĂłn con Rusia condiciona la dinĂĄmica polĂtica en Washington. El triunfo de Macron y la anunciada revitalizaciĂłn del eje franco-alemĂĄn no son tampoco buenas noticias para Putin.
Son estos reveses exteriores, mĂĄs que la contestaciĂłn interna, lo que puede provocar nuevos reflejos defensivos y represivos en el Kremlin. Aunque Putin no tema a Navalny, si la situaciĂłn econĂłmica y social no mejora, cualquier conato de protesta puede tornarse incĂłmoda. Por eso, cabe anticipar que Putin mantendrĂĄ a raya a esta oposiciĂłn imberbe y evitarĂĄ sin contemplaciones que la efĂmera primavera se prolongue mĂĄs de lo conveniente.
