La estrategia de crispación llevada a cabo en estos momentos por la derecha política, mediática, económica y judicial debilita gravemente la democracia. Por ese motivo, desde el sosiego y la serenidad, pero con firmeza democrática y cívica hay que hacerla frente y desenmascararla para que no destruya la convivencia en nuestras vidas.
Lo primero que hay que decir, es que esta estrategia de crispación, y de enfangarlo todo, no es nueva en la reciente historia de España, aunque en el último periodo destaca, por una parte, por su ferocidad y violencia; y por otra, por la presencia de nuevos actores y miembros de poderes del estado que actúan sin complejos junto al PP. Primero Ciudadanos, ahora desaparecido prácticamente, y luego la extrema derecha de Vox. Junto a miembros del poder judicial y la judicatura, y algunos altos funcionarios que más que como servidores públicos actúan como inquisidores en una causa general contra un gobierno elegido democráticamente.
Desde la instauración de la democracia en España se pueden señalar tres etapas donde se han desarrollado campañas de crispación: el periodo 1993-1996, 2004-2011, y 2018 hasta la actualidad. Todas ellas cuando la derecha estaba en la oposición y no aceptaba el gobierno elegido democráticamente en las urnas por los ciudadanos.
Poco esta improvisado. Así, dentro de esta estrategia de crispación se pueden identificar una serie de elementos fundamentales. En el caso español:
- Es una estrategia política deliberada y constante en el tiempo hasta alcanzar el objetivo de llegar al poder, cuando se produce desde la oposición como es en el caso español.
- Se realiza porque los sujetos políticos, económicos, mediáticos y judiciales que la llevan a cabo entienden que les beneficia para conseguir sus objetivos. Anteponen el interés partidista y particular al interés general de España. Y en algunos casos la razón de partido e individual al respeto del Estado de Derecho (renovación del CGPJ, asedio a sedes de partidos políticos, desinformación, bulos, mentiras, lawfare…)
- Se presenta al gobierno como ilegítimo (no reconocen el resultado electoral y parlamentario), y por tanto todas sus actuaciones lo son. Se desarrolla la teoría del enemigo común para maximizar la identidad de grupo. Al no reconocer el resultado electoral ni parlamentario se rompe una de las reglas no escritas de todo sistema democrático: aceptar la derrota en las urnas y reconocer la victoria del adversario. O reconocer la aritmética parlamentaria que lleva a la formación de un gobierno.
- Se niega cualquier posibilidad de acuerdo con el gobierno. Se justifica la ausencia total de colaboración porque es imposible aceptar el proyecto radical que desarrolla el gobierno y que pretende acabar con los consensos de la transición, con la democracia y la constitución.
- Se genera un ambiente de tensión, crítica y dureza en las formas que da paso a la descalificación constante y al insulto permanente, tanto dentro como fuera de las instituciones, y siempre que hay ocasión.
- Se busca la destrucción del adversario político. Y ahora también a sus familias.
- Se intenta construir un estado artificial de alarma social. Una sensación de abismo, donde España es “humillada”, “se vende” y se juega su propia supervivencia.
- La desinformación y la mentira es constante y metódica. Se distorsiona la realidad con el fin de desautorizar cualquier iniciativa del gobierno y trasladar una visión maniquea que viene a “destapar y destacar las perversas y verdaderas razones del gobierno”. Todo ello, con el apoyo de algunos grandes grupos de comunicación, las redes sociales, y la presión en la calle. Como señaló Edward Snowden, “lo real se combina intencionadamente con lo falso, mediante tecnologías capaces de hacer mutar esa combinación en una confusión global sin precedentes”.
- No entran a discutir las iniciativas del gobierno y evitan presentar propuestas alternativas. El objetivo es rechazar de forma constante toda iniciativa de un gobierno al que tratan de deslegitimar en su conjunto y por todos los medios (“nos lleva al desastre, al abismo”)
- Deslealtad institucional al llevar el enfrentamiento con el gobierno a cuestiones que son consideradas de Estado (política exterior, defensa, terrorismo, modelo territorial, justicia, nombramientos…) y utilizar tanto las instituciones, estén gobernando en ellas o no, como a parte del poder judicial en la campaña de crispación para llegar al gobierno de la nación.
- Deslealtad institucional y ruptura de la convivencia. La estrategia de crispación afecta gravemente a las relaciones institucionales entre gobierno y oposición, al funcionamiento cotidiano de las instituciones y a la convivencia entre los ciudadanos.
- Se centra en asuntos transversales ajenos al debate tradicional izquierda /derecha (España se rompe, ETA y los terroristas, reforma territorial, nacionalismo/independentismo, no cumplen la ley, se rompen los consensos de la transición, acaban con la democracia y la constitución, España se vende y se humilla…) para movilizar y radicalizar a su electorado y desmovilizar el voto ideológico del adversario. La propia selección de los temas de enfrentamiento sostenido y crispado es la que es susceptible de provocar el debilitamiento del voto ideológico. El objetivo último es minimizar el peso de la ideología en el voto de los ciudadanos. Rompe los consensos centrales de la transición. Con esta estrategia se pretende superar el hecho de que la mayoría de la población española se sitúa ideológicamente en el centroizquierda.
- Se intenta oculta y minimizar los resultados positivos de las políticas del gobierno, centrándose en temas transversales, que los desplacen de la agenda y del conocimiento de la ciudadanía. A la vez que magnifican los errores, los incumplimientos y las discrepancias dentro del gobierno cuando se producen, más ahora que es un gobierno de coalición. Aquí tienen un papel central, por una parte, muchos medios de comunicación, medios digitales y redes sociales que ejercen de correa de transmisión y caja de resonancia de las relaciones de confrontación entre el gobierno y la oposición, y, por otra, las acciones de parte del poder judicial.
- Quienes desarrollan la estrategia de crispación la niegan, y culpan al adversario de la tensión, señalando que ellos están dispuestos a colaborar en las instituciones poniendo como ejemplo que en algunas votaciones parlamentarias han votado con el gobierno.
- Polariza al electorado, movilizando a sus partidarios, radicalizando sus posiciones para garantizar su lealtad, y acusando de radical a su adversario para intentar desmovilizar a sus partidarios. Desarrollan un partidismo negativo que pretende hacer creer principalmente a los indecisos que hay que apoyarles porque las políticas del gobierno son malas para el país.
- Doble moral. Se niega el diálogo con el gobierno al tiempo que se pretenden imponer desde la oposición acuerdos en materias donde no se está cumpliendo por parte de la propia oposición mandatos constitucionales (por ejemplo, plantean como excusas supuestos cambios normativos urgentes para evitar la renovación del CGPJ).
- Apoyo clave de un número relevante de las principales corporaciones de medios de comunicación, que son las que deciden que información sale y cómo, y las que en el último periodo para intentar maximizar la estrategia de crispación la han ampliado más allá de los informativos a toda la parrilla de la programación. Todo acto en las instituciones o fuera de ellas es utilizado como caja de resonancia mediática para desgastar al gobierno. Se llega a eliminar de los medios todo programa que, aunque tenga éxito de audiencia no encaja o entorpece la línea editorial contra el gobierno.
- Aparición de numerosos portales digitales de información minoritarios, pero con importante financiación, tanto pública, desde los gobiernos del PP, como privada, que son un elemento importante de resonancia de la estrategia de crispación en las redes sociales. Son la punta de lanza de la desinformación y los bulos.
- La publicación de una gran cantidad de encuestas con escaso rigor científico con el objetivo de influir en la opinión pública, especialmente en los procesos electorales, creando una falsa certeza sobre lo que sucederá.
Estos son los elementos principales de la estrategia de crispación que están llevando a cabo las derechas en España. Conocerlos es importante porque, frente a tanto ruido, insulto, bulo y fango, nos permite desenmascarar esta crispación insoportable. A la que solo se puede derrotar en las urnas. En este caso en las elecciones europeas donde tanto nos jugamos y que los ciudadanos no perciben como tan decisivas como son.
