En el barómetro de noviembre del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) se pregunta: ¿Cuál es, a su juicio, el principal problema que tienen actualmente los/as jóvenes en España? En las respuestas espontáneas de los encuestados, las dificultades de los jóvenes para iniciar y desarrollar un proyecto de vida ocupan el centro del debate.
Como se observa en el gráfico, los principales problemas identificados por la sociedad pueden centrarse en tres grandes categorías. La primera, la precariedad laboral y la falta de empleo digno, fruto de una realidad donde los jóvenes se encuentran una primera barrera de acceso al empleo al pedirse una experiencia laboral que no tienen al haber estado formándose.
Si la pasan, aparecen los contratos temporales y los bajos salarios que impiden una cierta estabilidad económica que permita afrontar otras cuestiones como la emancipación para iniciar un proyecto de vida autónomo con o sin familia. A esto, hay que añadir en muchos casos una sobrecualificación para los trabajos que obtienen que genera frustración y una sensación de estar desperdiciando sus posibilidades y talento en las funciones y tareas que deben realizar.
La segunda categoría está relacionada con la vivienda y la cada vez mayor dificultad para acceder a ella. Un número muy importante de jóvenes ve imposible poder comprar una vivienda, y cada vez es más difícil poder alquilar un piso por los elevados precios que piden.
La falta de opciones accesibles los lleva a ver como horizonte más probable compartir un piso con otras personas. Una alternativa, donde en numerosas ocasiones no son ni ellos quien elijen a estos compañeros de piso, sino el propietario de la vivienda. Todo lo anterior impide la emancipación. Un ejemplo, en el año 1975, el 30 por ciento de los jóvenes entre 18 y 29 años estaban emancipados, hoy en día ese porcentaje ha bajado hasta el 16,3 por ciento.
La tercera categoría es consecuencia directa de las dos anteriores. Me refiero a la imposibilidad de iniciar un proyecto de vida independiente, o de plantearte si quiera la formación de una familia con o sin hijos. La incertidumbre laboral y económica unida al imposible acceso a la vivienda y carestía de la viva retrasa decisiones tan vitales como tener pareja, vivir con ella o poner plantearte tener hijos.
Y los jóvenes ¿Como lo ven?
Con los datos de la encuesta se puede señalar que se observan diferencias generacionales e incluso entre los jóvenes, en cuanto a las prioridades y problemas percibidos, según se encuentren en el rango de edad de 18 a 24 años, y de 25 a 35 años.
En el grupo entre 18 y 24 años se observan expectativas y desengaños iniciales. En estas edades comienzan a percibir que las oportunidades laborales que tienen con su formación no trae consigo el acceso a un simple empleo, y menos aún a un empleo de calidad con un sueldo digno.
En esta franja de edad se pone el énfasis en las dificultades para acceder a un mercado laboral donde les exigen una experiencia con la que no cuentan al haber estado formándose. Los que comienzan a trabajar lo suelen hacer con empleos temporales y en puestos y sectores poco relacionados con sus estudios, lo que les causa preocupación y frustración. Mayoritariamente viven con sus padres, no han alcanzado una independencia económica, y comienzan a tener ansiedad ante las barreras para poder independizarse. Sienten que las instituciones no se ocupan de sus necesidades.
En la franja de edad de 25 a 34 años, la frustración se va acumulando y aumenta la sensación de abandono por parte de la sociedad y las instituciones al ver como tienen que posponer sus proyectos vitales y adaptarse a su inestabilidad económica.
Su prioridad se encuentra en poder lograr un trabajo que les dé esa estabilidad económica tan ansiada, ante la experiencia que van acumulando en trabajos precarios y mal remunerados que les imposibilita tener capacidad de ahorro para acceder a una vivienda en el futuro o poder plantearse formar una familia.
Este grupo de edad ya tiene experiencia acumulada en el intento de emancipación y en la locura de los precios del alquiler. También tiene experiencia en trabajar y tener que recibir ayuda familiar, cuando pueden, para llegar a fin de mes. Esto esta provocando una sensación de que se les pasa el tiempo y no están consiguiendo lo básico. Lo que aumenta el alejamiento de las instituciones.
Las causas estructurales de los problemas que sufren los jóvenes en España se conocen de sobra: sistema educativo desconectado del mercado laboral, precariedad laboral, inseguridad económica, elevado coste de la vivienda y del alquiler, retraso en el inicio de sus proyectos de vida.
Lo que hacen falta son soluciones y acciones de manera integral y decidida ya: modernización del sistema educativo, estabilidad laboral y salarios dignos, hacer realidad el derecho a la vivienda, políticas de conciliación laboral, familiar y personal, apoyo a la natalidad, etc.
Acciones en las que estén implicadas todas las instituciones y también los jóvenes, tanto en el diseño como en la ejecución. Es una cuestión de presente y de futuro, porque la frustración y la desafección de los jóvenes representa un riesgo para la estabilidad democrática y social.
Hay que aprovechar el talento de esta generación que es el motor del cambio para las próximas décadas en España. Pero necesitan poder desarrollarse y emanciparse plenamente.


