Una vez que sabemos que el 75,7 por ciento de la población tiene un sentimiento de incertidumbre ante la Inteligencia Artificial. Un 69,6 por ciento, de preocupación. Un 56,3 por ciento, de interés. Y un 51,2 por ciento, de miedo. Es preciso que profundicemos un poco más en el conocimiento de los españoles sobre la Inteligencia Artificial, sus usos, impactos, y riesgos, ya que cada vez está más presente en nuestras vidas.
Según la encuesta sobre Inteligencia Artificial realizada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), en febrero de 2025:
- Hay un nivel de conocimiento bajo en la población. Un 44,1 por ciento de dice no tener ningún o muy poco conocimiento y familiaridad con la Inteligencia Artificial. Un 16,8 por ciento se sitúa en una posición intermedia, y solo un 1,6 por ciento considera que tiene un nivel de experto en esta herramienta. Este hecho demuestra la existencia de una preocupante brecha digital que debe ser corregida de manera urgente para no perder el tren de la I.A.
- La IA más utilizada en España es Chatgpt, que ha sido usada por un 41,1 por ciento de los encuestados durante el último año. Unos porcentajes parecidos a los que se observan en países como EE. UU y Francia donde oscila entre el 35 y el 50 por ciento. En segundo lugar, Microsoft Copilot, con un 15 por ciento de personas que la han utilizado. Y, en tercer lugar, Gemini, 10,6 por ciento.
En cuanto a la frecuencia de uso, se repite el patrón de utilización de las herramientas de Inteligencia Artificial, con Chatgpt como líder, ya que un 16,7 por ciento la utiliza a diario; un 24,2 por ciento, varias veces a la semana; un 22,6 por ciento, varias veces al mes; y un 22,9 por ciento varias veces en el año.
- Gran incomodidad ante algunas acciones que puede realizar la IA. En una escala de 1, se sentiría totalmente incomodo, y 10, totalmente cómodo, la media de sentirse cómodo viajando en un coche autónomo es de 3,88. Pero hay que destacar que un 50,5 por ciento de la ciudadanía se sitúa entre el 1 (36,6%), el 2 (6,2%) y el 3 (7,7%). La media de sentirse cómodo hablando con una inteligencia artificial, por ejemplo, en un servicio de información o atención al cliente, es de 4,26. Y la de someterse a una operación médica realizada por un robot, es de 4,30. Estos datos muestran que queda mucho camino en cuanto a la información, formación, impacto y regulación de la IA.
- Percepción desigual sobre los beneficios de la IA. Por una parte, se considera que puede aportar más benéficos que perjuicios en áreas como la salud, lo considera así un 66 por ciento; la industria, un 62,3 por ciento, la agricultura, un 51,8 por ciento, el medioambiente, un 42,3 por ciento; y la seguridad, un 38,8 por ciento. Por otra, creen que generará más perjuicios que beneficios en el mercado de trabajo, un 56,2 por ciento; a la cultura, los valores y las formas de vida, un 53,4 por ciento; a la protección de los derechos de las personas, un 51,3 por ciento; a la humanidad en su conjunto, un 50,7 por ciento; a la capacidad analítica y de reflexión, un 43,8 por ciento; y a la economía, un 37,5 por ciento.
- Identificación claro de los riesgos. Los encuestados identifican con claridad los principales riesgos asociados al uso de IA: desinformación, es decir, puede ser utilizada para difundir información errónea y bulos (86,9%); delitos, es decir, puede facilitar cometer delitos o actos ilegales (80.6%); desigualdad, es decir, provocar mayor desigualdad global (72.2%), y puede ser una amenaza para la humanidad (70,3%).
- Amplia demanda de regulación y transparencia. Un 93,4 por ciento de los ciudadanos consideran que la utilización de la inteligencia artificial debe ser regulada. También se observa un apoyo casi unánime en que: las empresas y organizaciones deben informar cuando utilizan inteligencia artificial en lugar de seres humanos (92,7%); la programación y entrenamiento de la inteligencia artificial debe ser regulado (91,6%); y poner en funcionamiento normas éticas y garantías jurídicas más estrictas para la inteligencia artificial es uno de los retos más importantes a los que se enfrenta la humanidad en estos momentos (88,7%)
Los datos anteriores vienen a corroborar que nos encontramos en una etapa decisiva de transición digital que está generando muchas incertidumbres e inseguridades en amplias capas de la población. Se percibe un gran interés por todo lo relacionado con la Inteligencia Artificial, pero al mismo tiempo existe un escaso conocimiento sobre su funcionamiento y evolución.
Esta realidad tiene que llevarnos como sociedad a un debate democrático urgente donde se decida el tipo de sociedad digital que queremos y hasta donde estamos dispuestos a llegar con la Inteligencia Artificial y cómo. Si las democracias quieren subsistir como ideal civilizatorio de libertad, igualdad y bienestar, la evolución tecnológica no puede seguir controlada por unas pocas personas y compañías. Si esto no se corrige las democracias no tendrán cabida en la nueva era digital, con todo lo que ello acarrea.



