En los últimos años, el debate público sobre el racismo, la xenofobia y la intolerancia religiosa esta adquirido mayor importancia y centralidad en España, y especialmente en unas redes sociales, donde algún día debería entrar el Estado de derecho para acabar con una impunidad que erosiona la convivencia, a la vez que facilita que muchas personas se llenen los bolsillos viralizando el odio.
¿Es real lo que nos están trasladando en las redes sociales? ¿Coincide con la vida cotidiana de los españoles? Para responder a estas preguntas el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) ha incluido dos preguntas en el barómetro del mes de diciembre:
- En los últimos meses, ¿ha presenciado o sido testigo de alguna situación violenta o agresión a una persona por motivo de su origen étnico, raza o religión? Sí, a menudo, Sí, en alguna ocasión; No, N.S.; N.C.
- En los últimos meses, ¿recuerda haber visto en las redes sociales contenido que expresara ideas ofensivas o violentas contra personas por motivo de su origen étnico, raza o religión? Sí, a menudo; Sí, en alguna ocasión; No; No usa redes sociales; N.R.; N.C.
Los datos obtenidos presentan una conclusión muy clara. La intensidad del “conflicto” que se percibe en redes sociales no se corresponde con la experiencia cotidiana de la mayoría de la población en relación con el hecho de presenciar agresiones o situaciones violentas hacia una persona por motivos de su origen étnico, raza o religión. Concretamente, el 82,9 por ciento de los españoles no han presenciado ninguna situación violenta o agresión por estos motivos.
Por tanto, se puede decir que hay una brecha sideral entre lo vivido y lo visto. Solo un 16,8 por ciento de la población declara haber presenciado en los últimos meses alguna agresión o situación violenta motivada por el origen étnico, la raza o la religión de la víctima. Y, sin embargo, dos de cada tres personas, es decir, el 66,1 por ciento afirman haber visto en redes sociales contenidos que expresan ideas ofensivas o violentas contra personas por motivo de su origen étnico, raza o religión.
Esta disparidad, viene a demostrar que las redes sociales no son un espejo de la realidad social, sino que amplifican selectivamente determinados discursos y mensajes, fundamentalmente de miedo, polarización e indignación, que, por su intensidad y viralidad, SI van cambiando la percepción de un número cada vez mayor de ciudadanos que al verlo lo consideran como real, aunque no lo sea. De este modo, episodios escasos en la vida cotidiana adquieren una visibilidad desproporcionada en el espacio público digital.
El resultado, es que se amplifica y acentúa un conflicto simbólico, donde, aunque la convivencia cotidiana no esté marcada por la violencia étnica o religiosa, la percepción social puede verse dominada por la idea de un enfrentamiento permanente.
¿Afecta por igual esta situación a la población? Según nos dicen los datos, depende:
- Por sexo, tanto hombres como mujeres muestran niveles muy similares de exposición directa a agresiones y de consumo de contenidos ofensivos en redes sociales.
- Por edad, si existen diferencias importantes. Entre los jóvenes de 18 a 24 años, un 32,7 por ciento afirma haber presenciado alguna situación de violenta o agresión por motivos étnicos o religiosos, un porcentaje que desciende progresivamente con la edad hasta situarse en el 3,9 por ciento entre los mayores de 75 años. Esto parece coherente con una mayor presencia juvenil en espacios públicos y en contextos de socialización. Sin embargo, la brecha se amplía de forma decisiva en el ámbito digital. Un 80,5 por ciento de los jóvenes entre 18 y 24 años afirma haber visto en las redes sociales contenido que expresa ideas ofensivas o violentas contra personas por motivo de su origen étnico, raza o religión, frente a un 46,5 por ciento en las personas mayores de 75 años. Estos datos evidencian una alta exposición de los jóvenes, lo que les convierte en un segmento de la sociedad que tiene una elevada percepción de conflicto, que está teniendo ya efectos relevantes en su socialización política.
- Por clase social, las diferencias en la experiencia directa de agresiones son relativamente reducidas, aunque el porcentaje más alto, un 20,1 por ciento está en la clase alta/media alta. Sin embargo, la exposición a contenidos ofensivos, ya sea a menudo o en alguna ocasión, en redes sociales aumenta de forma significativa situándose entre un 62 y un 75 por ciento. Especial relevancia tiene la clase trabajadora donde un 50,6 por ciento afirma ver este tipo de contenidos “a menudo”.
- La autoubicación ideológica es determinante. Las personas situadas en la izquierda del espectro político declaran una exposición mucho mayor a contenidos ofensivos en redes sociales, entre un 70 y un 86 por ciento, que quienes se sitúan en la derecha, entre un 37 y un 68 por ciento. Al mismo tiempo, también afirman con algo más de frecuencia haber presenciado agresiones directas. Estos datos no deben interpretarse exclusivamente en términos de exposición objetiva, ya que intervienen marcos normativos y culturales distintos. Los sectores de izquierda más sensibilidad hacia discursos considerados racistas o excluyentes, lo que incrementa la probabilidad de identificarlos y recordarlos. En cambio, en sectores de derecha puede existir una mayor normalización de estos discursos, que no son percibidos como ofensivos.
La encuesta del CIS muestra que este fenómeno está más presente en las redes sociales que en la vida cotidiana. Hay que ser conscientes que las redes sociales no inventan el conflicto, pero sí lo intensifican, lo seleccionan y lo politizan. Por eso hay que actuar ya desde los poderes públicos.
En estos momentos, es una cuestión minoritaria, pero hay un riesgo real que la percepción que dan las redes de vivir en una sociedad al borde del enfrentamiento, vaya erosionando la convivencia, incrementando el miedo al otro y consolidando dinámicas de polarización que acaban teniendo efectos muy reales en nuestro día a día, y a la hora de votar.

