A pesar de la proliferación de plataformas digitales y del auge de las redes sociales como nuevos ámbitos de socialización política, la televisión continúa ejerciendo un papel central en la conformación de la opinión pública en España.

Según los datos de la última encuesta de audiencia de medios de comunicación social realizada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), el 66,9 por ciento de los españoles siguen habitualmente los programas informativos que se dan en las cadenas de televisión. Prácticamente el mismo porcentaje que en el año 2023, cuando se situaba en el 67,2 por ciento. Mientras un 33 por ciento de la población señala que no los sigue. Cuando en 2023 el porcentaje era del 32,7 por ciento.

Este seguimiento masivo evidencia la persistencia de la televisión como medio de comunicación social central a la hora de establecer la agenda en una sociedad democrática y estructurar el imaginario político y social. Pero, además, va acompañado de habito y frecuencia en la visión de los programas informativos de la televisión. Concretamente, el 65,5 por ciento de quienes ven los informativos lo hace todos o casi todos los días, y otro 14,4 por ciento lo hace entre cuatro y cinco veces por semana.

Las cadenas de televisión que suele ver la población son por este orden: TVE1, 48,2 por ciento (48 por ciento en 2023); Antena 3, 43,7 por ciento (47,1 por ciento en 2023); La Sexta, un 28,6 por ciento (31 por ciento en 2023); en Telecinco, un 22,5 por ciento (23 por ciento en 2023); en Cuatro, un 11,5 por ciento (7,9 por ciento en 2023); en TV3, un 7,3 por ciento (8,7 por ciento en 2023).

Y existe un elevado nivel de confianza en la cadena de televisión que ven.  Un 79,8 por ciento de los espectadores tiene mucha o bastante confianza en la cadena de televisión que ven. Un dato muy similar al de 2023, donde el porcentaje se situaba en el 80,2 por ciento. Por el contrario, un 15,7 por ciento tiene poca o ninguna confianza (13,5 por ciento en 2023).

Estos datos muestran el enorme impacto que tiene la televisión, ya que se produce una relación muy estrecha entre el medio y su audiencia, lo que le otorga gran influencia como actor político. Máxime en momentos como el actual, donde algunas empresas de comunicación ponen todo su entramado mediático al servicio de una campaña de crispación que tiene por objetivo derribar un gobierno elegido democráticamente.

Los otros dos factores fundamentales dentro de la televisión en España son una situación de duopolio que no es permitida en ningún otro sector y el fuerte sesgo hacia la derecha de estos.

El elevado número de canales de televisión muestra un pluralismo aparente que enmascara una gran concentración empresarial. Cuatro de las cinco cadenas principales están controladas por dos conglomerados privados. Atresmedia (Antena 3 y La Sexta) y Mediaset España (Telecinco y Cuatro) que priman sus interés económicos y políticos sobre el derecho de los ciudadanos a una información veraz. Es decir, configuran un entorno informativo homogéneo sobre sus intereses particulares, que reproducen discursos similares en distintos formatos.

Hay que hablar claro. La estructura actual del sistema televisivo español adolece de pluralismo informativo y equidad en el debate democrático. Porque además de ser un fenómeno de duopolio empresarial, es un mecanismo de control ideológico y de creación de estados de ánimo y discursos dentro de la sociedad.

Desde el punto de vista económico ¿Por qué se permite esta situación? ¿Es normal que, de los 1.478,7 millones de publicidad en televisiones nacionales en 2024, dos empresas se lleven 1.369,4 millones y el resto de las televisiones de ámbito nacional solo 109,3 millones? Parece que no.  Entonces ¿Por qué se permite esta anomalía económica y democrática?

La otra cuestión, es el fuerte sesgo a la derecha en los medios de comunicación social. Cuando se pregunta a los ciudadanos donde sitúa a los medios de comunicación social en una escala de 1, más a la izquierda, a 10, más a la derecha, sus respuestas confirman ese sesgo conservador.

Los españoles sitúan a TVE1 en una media de 3,96 (4,35 en 2023); La Sexta en 4 (3,75 en 2023). Cuatro en 5,14 (4,97 en 2023); Telecinco, 5,73 (5,59 en 2023); y Antena 3 en 6,37 (6,34 en 2023).

Si la mayoría de la población se informa diariamente a través de medios alineados con una ideología conservadora, el resultado es una esfera pública inclinada estructuralmente hacia la centroderecha, donde las opciones progresistas parten en desventaja o son silenciadas. Un hecho que se amplifica ahora con los seudomedios televisivos de extrema derecha.

Esta situación es más crítica aun en momentos de polarización como los que estamos viviendo, ya que los dueños de los entramados mediáticos actúan de filtro y deciden sobre que se informa o no, como se informa, y quienes aparecen o no en sus televisiones.

Esta asimetría informativa debilita el principio de deliberación democrática y favorece a las elites existentes y sus privilegios, puesto que desde el espacio mediático se intenta controlar la política y qué políticas se pueden realizar o no. Por eso hay que actuar.

Tiene que producirse desde la ciudadanía, y desde los poderes públicos, una intervención decidida. Al menos y de manera urgente, tanto desde el parlamento como desde el gobierno, hay que modificar la ley para impedir esta concentración mediática duopolística, aumentar la trasparencia en cuanto a la propiedad de los medios y quien los financia y subvenciona, aumentar los actores mediáticos, y fortalecer los medios públicos en todos los ámbitos.

Todo ello con el objetivo de hacer realidad en España el derecho de los ciudadanos a una información veraz, plural y equilibrada. Que les permita participar y tomar sus decisiones libremente.