Los resultados de las elecciones autonómicas en Andalucía han contribuido a aclarar el panorama políticos español ante los retos de 2027. Ya solo hay dos grandes opciones: un gobierno progresista dirigido por el PSOE, o un PP atrapado por los ultras negacionistas de la paz, de la ciencia y de los derechos de las mujeres.

El PP forzó la convocatoria sucesiva de elecciones en Extremadura, Aragón, Castilla-León y Andalucía con la intención de mostrar a la ciudadanía española la naturaleza de su propuesta política e ideológica. Y lo ha conseguido.

Hoy, los españoles saben que el PP es un partido sin autonomía política, amarrado inevitablemente a la extrema derecha y dependiente de las condiciones que le impone a cada paso un partido antieuropeo, xenófobo y nostálgico de la dictadura franquista.

“Se van a comer la prioridad nacional”, gritaban ayer los ultras en su sede. Y todos los españoles saben ya qué significa esto. La prioridad nacional supone excluir a quienes los ultras consideran no nacionales, comenzando por los nacidos fuera, siguiendo por los nacidos aquí con otros sentimientos de pertenencia territorial, y terminando por los que piensan por sí mismos, pero no piensan como ellos.

La prioridad nacional es odiar al diferente, por extranjero, por progresista, por homosexual, por feminista, por ecologista, por pacifista. La prioridad nacional supone negar la asistencia sanitaria al hijo de una familia de trabajadores que no nacieron donde Abascal ha decidido que deben nacer los nacionales.

El PP de Extremadura, de Aragón y de Castilla-León ya han vendido su alma a la prioridad nacional de los ultras. Pronto lo hará el PP de Andalucía. El PP de Madrid no lo precisa, porque su presidenta esta a la derecha de cualquier extrema derecha.

Esta es la propuesta política del PP de Feijóo, siamesa ya del VOX de Abascal, perfectamente identificada tras la secuencia de elecciones autonómicas, tal y como planearon.

El PSOE de Andalucía ha presentado un buen programa, una buena candidata y una buena campaña. La defensa de los servicios públicos. Una mujer de sólidas convicciones progresistas y capaz de llevarlas a la realidad, como ha demostrado en el Gobierno de España durante ocho años. Una campaña honesta, con mensajes claros, sin aderezos demagógicos: Vota Sanidad Pública.

Ha tenido un mal resultado. El veneno de la mentira y la descalificación ha hecho su efecto. También ha influido la opinión equivocada de muchos que han pensado que el Gobierno autonómico es menos importante que el Gobierno de España.

Quienes festejaron el domingo y piensen que la fiesta seguirá en 2027 se llevarán un chasco.

Frente a la trampa ultra en que Feijóo a convertido al PP, los españoles saben que tendrán la propuesta de Pedro Sánchez y el PSOE para la continuidad del progreso civilizatorio emprendido en estos últimos ocho años: prosperidad compartida, modernización sin brechas, derechos, ciencia, feminismo y paz.

Lo dijimos y se está cumpliendo: el futuro de España se dirimirá entre la socialdemocracia o la barbarie.