A Cecilio Ellacuria

A las puertas del primer otoĂąo del siglo pasado, el 10 de septiembre, nacĂ­a Juan ChabĂĄs y MartĂ­ en la alicantina Denia; uno de sus hijos mĂĄs ilustres que, al correr del tiempo, iba a ser miembro destacado de la llamada GeneraciĂłn del Veintisiete por su obra narrativa, ensayĂ­stica y poĂŠtica. GeneraciĂłn, dirĂŠ al paso, que el dianense fue el primero en denominar con el guarismo 27 en una historiografĂ­a literaria, allĂĄ por 1944, y luego en su excelente Literatura espaĂąola contemporĂĄnea 1898-1950, en 1952. TambiĂŠn fue, segĂşn ha acordado la crĂ­tica, el cronista mĂĄs fidedigno del que se tiene como acto fundacional de la generaciĂłn, mediado diciembre de 1927, organizado por el Ateneo de Sevilla. De aquella jira de jĂłvenes escritores quedĂł constancia en la celebĂŠrrima fotografĂ­a en la que ChabĂĄs aparece a la izquierda, entre Federico GarcĂ­a Lorca y Mauricio Bacarisse.

En plena madurez creativa, despuĂŠs de la guerra civil en la que participĂł como capitĂĄn del ejĂŠrcito republicano, nuestro escritor se vio obligado a emprender el exilio como tantos otros; en su caso un sinuoso e inacabable periplo de destierro ciertamente dramĂĄtico, que me permito abreviar al lector.

El Ăşltimo dĂ­a de guerra saliĂł en barco desde GandĂ­a a Francia con quien serĂĄ su esposa, Simone TĂŠry, corresponsal de guerra, y sus septuagenarios padres. En ParĂ­s, con Hitler ansioso por retratarse en Trocadero, Pedro Urraca, el protervo cazarrecompensas de Franco, fue a detenerle a su domicilio de Ivry-sur-Seine, pero Juan, alertado por sus correligionarios comunistas franceses, se habĂ­a embarcado dĂ­as antes con sus padres rumbo a la RepĂşblica Dominicana. Simone llegarĂ­a pocas semanas despuĂŠs. AllĂ­ malvivieron hasta que intuyendo la dictadura criminal de LeĂłnidas Trujillo pondrĂ­a en gran peligro sus vidas. Por tercera vez tuvo que alargar su peregrinaje. La familia ChabĂĄs logrĂł salir hacia La Habana, gracias a los cuidados, entre otros, del intelectual cubano Juan Marinello y de quien fuera fiscal de la RepĂşblica espaĂąola, el aragonĂŠs JosĂŠ Luis Galbe.

En la isla de Cuba recobró Juan Chabás su aguaje literario. Allí vuelve a la escritura por necesidad para marginar no pocas penurias económicas, a las que vino a sumarse la separación de Simone. Impartirá conferencias, colaborará en revistas de los exiliados, publicará manuales escolares e incluso una obrilla sobre cómo aprender ortografía. En un curso de verano de la universidad de La Habana conoció a Aída Valls, doctora en Químicas; se casaron en 1947 en Caracas, de cuya universidad Juan había conseguido un contrato docente. También tuvieron que escapar de Venezuela tras el golpe de estado que asestó Delgado Chalbaud al presidente Rómulo Gallegos. Allí, en el diario caraqueño El Nacional publicó su cuento titulado “Suceso”, hasta hace poco desconocido.

En cuarto peregrinar regresaron a Cuba y, siendo profesor de la santiagueña Universidad de Oriente, entonces recién creada, su trayectoria intelectual tuvo un amplio reconocimiento, mientras en España su mérito literario sufría el más ignominioso olvido, el latrocinio de sus derechos de autor y la cerril censura franquista. Los colaboracionistas del régimen denigraron su patrimonio literario. La renombrada editorial Seix Barral pirateó su magnífica biografía novelada sobre Santa Teresa (1932). Esta obra conoció cuatro ediciones, la última el mismo año de la muerte del exiliado, alguna de diez mil ejemplares, mientras el biógrafo Chabás atravesaba en Cuba mil dificultades para subsistir. Más recientemente, ya en este siglo, y presuntamente para esquivar derechos por su traducción en 1924 de Viaje a la luna, de Cyrano de Bergerac, la selección Austral de la editorial Espasa se los atribuyó a un supuesto “J. C. y Martí”. Toda una sinvergüencería.

AĂşn le faltaba a ChabĂĄs un quinto padecer de peregrino transterrado. En julio de 1952, tras el fracasado asalto al cuartel Moncada, liderado por Fidel Castro, Fulgencio Batista, emprendiĂł una persecuciĂłn de comunistas, de la que no escaparon muchos republicanos espaĂąoles. AĂ­da tuvo oculto a Juan en el hotel Ocean, frente al mar del MalecĂłn. Regresados a su domicilio en el barrio de El Vedado, un infarto acabĂł el 29 de octubre de 1954 con la vida de aquel errante que soĂąaba con la vuelta a EspaĂąa. Demasiado pronto, dijo su gran amigo JosĂŠ Antonio Portuondo ante su tumba del cementerio ColĂłn habanero.

EL CUENTO “PEREGRINO SENTADO” (MANUSCRITO PLA)

Precisamente el título “Viaje a la luna”, el mismo que García Lorca diese en 1929 a su guion cinematográfico, fue el de la primera prosa narrativa de Chabás, un breve cuento que se remonta a julio de 1922, como bien ha precisado el catedrático Domingo Ródenas. De mayor vuelo es la narración breve “Peregrino sentado”, que publicó la prestigiosa Revista de Occidente, de Ortega y Gasset, en julio de 1924. En él se narra la historia del viejo don Justo, alicantino de La Nucia, quien en una casa de huéspedes madrileña pasaba días y días meditando entre libros de viajes su “volada larga” a lejanas tierras y quien, indeciso y soñador, a todos anunciaba su próxima marcha, aunque nunca la emprendía. Un 18 de mayo por fin decide tomar el primer tren en busca de lo desconocido sin importarle el destino, “sin rumbo fijo”, pero que le llevará final e inexorablemente al Levante de su nacencia.

Con este cuento iniciaba un ciclo narrativo que en la segunda mitad de los aĂąos veinte tuvo como fruto sus tres novelas: la primeriza Sin velas, desvelada (1927), que tanto debe a Gabriel MirĂł, su excelente Puerto de sombra (1928), en la estela de Proust, cuya trama se desarrolla en Italia, y la muy lograda Agor sin fin (1930). ChabĂĄs contribuyĂł de este modo a la renovaciĂłn de la novela y tuvo preeminente acomodo en el Veintisiete.

Aquel “Peregrino sentado” era una pieza especialmente querida por su autor y, dada su calidad, la más atendida y reproducida por la crítica. Su autor lo reprodujo como “Historia del peregrino sentado” en Sin velas, desvelada, y fue el único texto anterior a la guerra que incorporó a los cuentos escritos en el exilio, luego publicados póstumos por su viuda bajo el título Fábula y vida, volumen reeditado a mi cuidado y también en Santiago de Cuba con prólogo de Ana Vilorio. Los profesores Domingo Ródenas y Ana Rodríguez Fischer lo recogieron en sus respectivas antologías de la narrativa de vanguardia.

Desde la escritura de este cuento ha transcurrido un siglo y un par de años más. Hace unos meses la ventura me deparó que llegase a mis manos su versión inicial manuscrita, apenas deteriorado su papel traslúcido. Reconocí la caligrafía en tinta negra no desvaída, diminuta, de trazo limpio y en líneas apretadas. Según el apunte del propio autor al dorso de una de sus catorce páginas, lo regaló, probablemente en 1928, a su amiga Pepita Pla, hija del pintor valenciano Cecilio Pla. Confesaré al lector que, tan creyente de la imaginación y nada de las casualidades, me atreví a pensar entre sonrisa de sorpresa y otra de incredulidad, que el hallazgo era una dádiva póstuma de su autor coincidiendo con el 125 aniversario de su nacimiento. Quizás por el largo tiempo que he pasado entre sus escritos. Con motivo de esta efeméride aparecerá próximamente una edición facsímil de este Manuscrito Pla y la sede madrileña del Instituto Cervantes acogerá en su Caja de las Letras, como legado de Juan Chabás, además de otros objetos personales suyos, este muy preciado manuscrito centenario del “Peregrino sentado”.