Desde el siglo pasado el orensano de La Peroja ya apuntaba modales y tiraba al monte de la que alguien llamĂł acertadamente carcunda del aznarismo. Hoy, subido a los altares por poderes econĂłmico-mediĂĄticos, los suyos pactan sin el mĂĄs mĂnimo rubor con neofalangistas alcaldĂas y gobiernos autonĂłmicos. Lo han hecho a modo de ensayo general, previo a las prĂłximas elecciones generales. Y ello, suponiendo su triunfo, al parecer avalado por las encuestas, o dando por sentado, en comuniĂłn con la derecha mediĂĄtica, que dicho sufragio les serĂĄ propicio. Al margen de estos fieles al orĂĄculo de GĂŠnova trece, lo cierto es que la ignominia de ese contubernio entre el PP y los voxeros es hoy cosa suficientemente normalizada. Alguien malpensado quizĂĄs atinarĂa al suponer que FeijĂło dejĂł Galicia para cumplir el mandato oculto de otros poderes: descabalgar a Casado y, llegado el momento, facilitar el pacto sin complejos con la ultraderecha.
DespuĂŠs del experimento en Castilla y LeĂłn, concluido con supuraciĂłn y sinvergĂźencerĂa sobradas, los pactos se han justificado mediante una letanĂa de pretextos y comparaciones manipuladoramente exculpatorias, cuando la Ăşnica razĂłn que los explica no es otra que conseguir el poder a toda costa. Una vez consumados, hoy se institucionalizan en gobiernos municipales y autonĂłmicos. No hay mejor antesala para que, llegado el caso, FeijĂło rubrique en la cocina de la procacidad un pacto nacional a cualquier precio con el ultraderechista Abascal, otrora amamantado por el PP, incluso vendiendo cĂnicamente el alma de su partido al diablo.
Estas componendas entre las derechas, mĂĄs o menos extremas, y el hipotĂŠtico acuerdo a nivel nacional tras los prĂłximos comicios han cobrado cansina actualidad y ocupan largas horas tertulianas en radios y televisiones. Por su propia naturaleza y en su conjunto esos tratos recuerdan el mito de Fausto y, particularmente, el recreado por Johann W. Goethe en su drama homĂłnimo, excelencia de la literatura universal. El paralelismo resulta patente. Llegada la ocasiĂłn, FeijĂło y Abascal alcanzarĂĄn un âpacto fĂĄusticoâ: MefistĂłfeles, encarnaciĂłn del demonio, harĂĄ cuanto quiera el doctor Fausto a cambio de que le entregue su alma. O lo que es igual, el lĂder del PP, un tanto cazurro con no pocas ambiciones y fausto insatisfecho consigo mismo, ÂżrenunciarĂĄ a la propia probidad, a sus principios y rectitud moral con tal de alcanzar el poder? ÂżTendrĂa el gobierno deseado a cambio de entregar su propia esencia al mefistofĂŠlico Abascal?
El fĂĄustico FeijĂło, creyendo que manipularĂa sin dificultad mayor al malĂŠfico Abascal, finalmente serĂĄ empujado por ĂŠste hacia sus endiabladas voluntades y se plegarĂĄ a sus postulados reaccionarios y perversas argucias. AdemĂĄs, desconfiado, el endemoniado Abascal le exigirĂĄ como prueba de conformidad su firma con sangre: no sĂłlo la vicepresidencia y varios ministerios, sino tambiĂŠn la aplicaciĂłn de su ideario retrĂłgrado y fascistoide. En cuanto al personaje goethiano de Margarita, trampa de MefistĂłfeles para atraer a un Fausto luego perdidamente cautivo de ella, cabrĂa entenderse como una aproximaciĂłn literaria de Isabel DĂaz Ayuso, por cuanto puede condicionar, y de quĂŠ manera, cualquier pacto. Su hermano, aquel de los pingĂźes beneficios por mĂŠritos de fraternidad, recuerda, rizando el rizo, al hermano de Margarita, muerto a manos de Fausto y MefistĂłfeles. SĂłlo existe en esta analogĂa una disonancia: si en la obra de Goethe la amada Margarita muere en brazos de Fausto tras varias desgracias, su fin predecirĂa el de la presidenta madrileĂąa en brazos de FeijĂło, despuĂŠs de haber sufrido distintos avatares, entre otros el esperpĂŠntico litigio con Pablo Casado; sin embargo, esto parece muy poco probable. Al contrario, todo apunta a que la futura realidad serĂĄ bien distintaâŚ
Se me dirĂĄ que la hemeroteca y obras al abrigo del buen pensar dan fe de los acuerdos que se produjeron entre otros partidos polĂticos, como si el ventilador de reproches al prĂłjimo exonerara indecencias propias. AlgĂşn lector me recordarĂĄ aquel gobierno tildado de Frankenstein, fruto de los pactos de la investidura de Pedro SĂĄnchez; pero se reconocerĂĄ que el gobierno de coaliciĂłn resultante fue a la postre y hasta la fecha, junto al del presidente RodrĂguez Zapatero, el mĂĄs estable, pragmĂĄtico y beneficioso para la mayorĂa social y las minorĂas. Nadie pondrĂĄ en duda que con obcecada nocividad algunos colaboradores, reconocidos por su calaĂąa, exponen falsedades sin inmutarse en programas televisivos y radiofĂłnicos, alentados por sus propios moderadores. AsĂ, por ejemplo, el infundio sobre acuerdos suscritos entre el gobierno y Bildu, formaciĂłn tachada al paso de filoetarra. Con el propĂłsito de que la manipulaciĂłn tenga rĂŠditos electorales, y para justificar el pacto fĂĄustico, la maledicencia insultona de la derecha trata de confundir el apoyo parlamentario de Bildu a leyes y ventajas sociales del actual gobierno con vaya usted a saber quĂŠ pactismo oculto. Ănicamente el fanatismo y la aversiĂłn ciegan a quienes censuraron al partido vasco por votar a favor del estado de alarma por mera cordura, a la vez que otras formaciones polĂticas, mientras el PP se opuso siempre por filibusterismo.
En todo caso, hay una diferencia esencial en las comparaciones: Bildu nunca estuvo en el gobierno de coaliciĂłn, los voxeros han entrado en la gobernabilidad de ayuntamientos y comunidades autĂłnomas a las primeras de cambio y entrarĂan en un eventual consejo de ministros conservador. Al cabo de los aĂąos FeijĂło y sus adlĂĄteres pretenden que olvidemos que el alcalde Maroto pactĂł en su dĂa con Bildu y que el hoy portavoz de campaĂąa Borja SĂŠmper se alejĂł antaĂąo del PP por considerarlo prĂłximo a Vox. Hasta quieren que no supongamos por quĂŠ la ayusista Marta Rivera de la Cruz, ministrable, ha sido ubicada pillamente en las listas electorales justo detrĂĄs de Feijoo; o que obviemos que un tal Gil LĂĄzaro, aĂşn mĂĄs camaleĂłnico y sempiterno diputado, se cambiĂł varias veces de la misma chaqueta… ÂĄQuĂŠ tropa!, dirĂa Rajoy plagiando a Romanones.
Por el momento, las derechas mediĂĄticas se apremian en justificar y exculpar el pacto fĂĄustico que estiman venidero. Porque les parece impepinable y asĂ hay que reiterarlo hasta el hartazgo. Para no hablar de lo verdaderamente importante, ni de programas contrastados, lo cual incidirĂa sobremanera en la ciudadanĂa. Si el PSOE enarbola conquistas sociales, leyes progresistas y recuperaciĂłn econĂłmica, en cambio ese seĂąor de Orense de quien hablamos pedalea con piùón fijo para seguir escalando en la indigencia polĂtica. No se le conoce ni programa ni vergĂźenza.
La estrategia mediĂĄtica es de una nitidez extrema. Mientras que los medios de comunicaciĂłn centren su exclusivo interĂŠs en los pactos, posibles o consumados, los anĂĄlisis y las crĂticas de los programas de los partidos en liza brillarĂĄn por su ausencia. Mareando la perdiz se logra una audiencia mollar, rehĂŠn y favorable al voto conservador. Desde la convocatoria de las elecciones los pactos polĂticos y el juego de las suposiciones han ocupado prĂĄcticamente el centro de la actualidad.
Esos mismos medios, que refutan los resultados del CIS sean cuales fueren, vaticinan el triunfo de la derecha y la posibilidad de gobernar fĂĄusticamente en cohabitaciĂłn. Ni siquiera nos explicarĂan el acuerdo cuando lo alcanzasen definitivamente. Si acaso se produjera ese gobierno, lo cierto es que el antaĂąo aborrecido Abascal llevarĂa de la mano a FeijĂło en el ejercicio derogador de, por ejemplo, libertades, progresos sociales y derechos de las minorĂas; cercenarĂan los servicios pĂşblicos, la revalorizaciĂłn de las pensiones y el salario mĂnimo; concebirĂan la enĂŠsima ley de educaciĂłn con mayores privilegios a la privada y a la concertada; no se les caerĂa la cara de vergĂźenza al dejar sin efecto la ley de memoria democrĂĄtica; quedarĂa hecha unos zorros la sanidad pĂşblica y a ambos se les llenarĂa la boca de negacionismos⌠Entonces el repelĂşs y el miedo cobrarĂĄn sentido. QuerrĂĄn derogar hasta sus propias sombras sin pisarlas. SĂłlo la cordura y la pericia del pueblo, el Ăşnico capaz de reconocer lo mucho conseguido por el gobierno de coaliciĂłn de Pedro SĂĄnchez contra viento y tempestades, harĂĄn improbable ese mal sueĂąo.
Codaâ El Fausto de Goethe acaba con la muerte del protagonista en un lugar terrenal apacible y, llegado al cielo pese a todo, serĂĄ redimido por los ĂĄngeles.
