Pocas sensaciones debe haber mĂĄs inquietantes que sentir moverse el suelo bajo los pies. Y eso es, precisamente, lo que parece estar pasando ahora en la polĂtica mundial. Los temidos efectos del anunciado aislacionismo norteamericano se unen a las incertidumbres sobre la cohesiĂłn europea y dibujan una especie de deriva de continentes equivalente a la que describiĂł Wegener sobre las capas tectĂłnicas.
Aunque hay, obviamente, diferencias entre un movimiento telĂşrico y otro socio-polĂtico. No es que ambos, ya, puedan preverse, aunque parezcan mĂĄs sencillos de prever los primeros que los segundos. Es que, los movimientos sociales podrĂan, al ser al fin y al cabo obras humanas, evitarse. ÂżO no?
Uno de esos movimientos de separaciĂłn se va a producir entre la UniĂłn Europea y uno de sus principales miembros, Reino Unido. No cabe duda de que la ahora decidida separaciĂłn de la UniĂłn estaba latente en la sociedad de ese paĂs, donde el euroescepticismo anidaba incluso en el propio gobierno conservador. Pero tambien es verdad que coexistĂa pacĂficamente con los europeĂstas y solo se manifestaba para responsabilizar a Bruselas de las carencias de los ciudadanos britĂĄnicos en cualquier sector. PodrĂa pensarse, incluso, que era una situaciĂłn confortable para sus polĂticos, ya que contaban con una percha donde colgar sus propios errores.
Y, en esa situaciĂłn, el Premier Cameron convocĂł el famoso referĂŠndum del Brexit. Con toda probabilidad contarĂa con ganarlo, ya que, en caso contrario, habrĂa que hacer otro anĂĄlisis con componentes mĂŠdicos, pero se equivocĂł, o le equivocaron sus augures.
Muchos aĂąos antes, en abril de 1969, un general De Gaulle de 78 aĂąos y despuĂŠs de ganar mil batallas militares y polĂticas, de las que no habĂa perdido ni el mayo del 68 (y casi, ni Argelia), perdiĂł un referĂŠndum para regionalizar Francia y modificar profundamente el Senado. QuebrĂł con ello el principio de que “nadie convoca un referĂŠndum para perderlo“, pero, como dijo Malraux, De Gaulle escogiĂł esa forma de suicidarse. Posiblemente.
Sin embargo, David Cameron solo tenĂa 50 aĂąos cuando convocĂł a su paĂs a un referĂŠndum para decidir su continuidad en la UniĂłn Europea. Tampoco tenĂa el carisma que, en su momento, tuvo De Gaulle, aunque, probablemente, tenĂa mĂĄs presiĂłn que el viejo general francĂŠs para convocar la consulta. Y, desde luego, no resistiĂł esa presiĂłn, ni tuvo la capacidad de ganar el referĂŠndum. No creo que Malraux pudiera decir que Cameron decidiera su suicidio.
Pero es que Renzi solo tiene 41 aĂąos y ya convoca referĂŠndums al borde del abismo. Si la polĂtica inglesa tiene sus peculiaridades, la de Italia, un paĂs que desde el final de la Segunda Guerra Mundial ha salido, casi, a primer ministro por aĂąo, constituye una especialidad de post-grado en la ciencia polĂtica. Por eso, es muy difĂcil ponerse en las circunstancias en las que Renzi convoca un referĂŠndum para cambiar mĂĄs de un tercio de los artĂculos de su constituciĂłn y, ademĂĄs, prima el No aĂąadiendo que dimitirĂĄ si no gana. Por supuesto que esa prima para ĂŠl no era tal, sino que presentaba esa amenaza de dimisiĂłn como una nueva variante de “yo o el caos” en un escenario polĂtico donde Renzi, un polĂtico de la izquierda, gobierna con el apoyo de una parte de la derecha, con las reticencias de una fracciĂłn de los suyos y con el populismo a bandera desplegada por un cĂłmico.
El problema, para un mundo tan interrelacionado como el actual, es que el caos en un paĂs como Reino Unido o Italia se contagia con rapidez y mucho mĂĄs fĂĄcilmente lo hace el miedo a ese caos. Nuestra devociĂłn por la democracia directa es una especie de boxeador con puĂąo de hierro y mandĂbula de cristal: confiamos en la potencia social de los referĂŠndums pero tememos por los efectos que puedan tener.
En ambos casos, Reino Unido e Italia, el temido caos se basa en la secesiĂłn de ambos paĂses del conjunto de la UniĂłn Europea, explĂcito en el primer caso y, posiblemente, implĂcito en el segundo. Y ello, abre otra reflexiĂłn: Partiendo de la conveniencia de mantener la UniĂłn en sus lĂmites actuales, Âżno estĂĄn sobredimensionados los efectos de una secesiĂłn? Y, si son ciertos, Âżno serĂa mejor aprovisionar la posibilidad de que pudieran producirse sin dar por hecho que el camino de la UniĂłn es irreversible?
Bueno, Europa ha perdido otro referĂŠndum en Italia pero, Âżhasta cuĂĄndo el siguiente? ÂżCuĂĄndo otro Cameron, otro Renzi u otra Le Pen convocarĂĄn otro referĂŠndum para provocar otra secesiĂłn? Por supuesto que nadie debe pensar en la Europa de los mil aĂąos, pero habrĂa que pedir, si no fuera mucho el hacerlo, evitar jugar con fuego si este puede extenderse. Y rogar a los Cameron y Renzi que dejen a las Le Pen y los Grillo esas tareas pirotĂŠcnicas.
