SegĆŗn la Wikipedia, un carroƱero es un animal que se alimenta de cadĆ”veres que no han sido producto de su propia caza. El primer ejemplo que aparece de tal categorĆa de animales es el buitre. En mi opinión, de buitres cabe calificar a todos los que en estos dĆas han tratado de sacar partido del fallecimiento de Rita BarberĆ”.
La muerte de un ser humano es el final. A todos nos tiene que llegar. Es nuestro destino ineludible e irreversible. Por eso decimos con razón que ātodo tiene solución menos la muerteā. Ante ella, solo cabe un respetuoso silencio. DeberĆa cesar toda censura y toda crĆtica. No solo la persona no estĆ” allĆ para defenderse, sino que simplemente no estĆ” allĆ, no existe ya. Es inĆŗtil criticar a un cadĆ”ver y el hacerlo tiene un punto de cobardĆa. Y mucho mĆ”s que un punto, el reĆrse o el escarnecer a la persona fallecida. Lo que hubiera que decir de esa persona, hubo que decirlo en vida. No tiene sentido decirlo tras su muerte.
El mismo dĆa de la muerte de Rita BarberĆ”, las redes sociales se llenaron de vĆdeos, fotografĆas trucadas y comentarios āingeniososā burlĆ”ndose de ella. A lo que se ve, a demasiadas personas les rezuma la maldad y el odio, y en el anonimato de las redes han encontrado el ecosistema apropiado para verterlo. Da lo mismo que sea un polĆtico, un cantante o una actriz de moda. En su escala de valores, un minuto de gloria bien lo vale la iniquidad de reĆrse de un muerto. Es un fenómeno de cobardĆa comparable a la transformación que sufren muchas personas, seguramente respetables cuando estĆ”n fuera de Ć©l, al ponerse al volante de un vehĆculo. La protección de unos pocos metros cuadrados de chapa y la certeza de no tener que responder en persona de los desmanes cometidos, les hace innecesariamente violentos y desconsiderados con el resto de conductores.
Pero tambiĆ©n ha sido carroƱera la actitud de muchos dirigentes del PP y de Unidos Podemos. En el caso del PP, en primer lugar por proponer que el Congreso hiciera un minuto de silencio en memoria de la senadora fallecida, cuando eso no se ha hecho en todas las ocasiones. Por ejemplo, cuando falleció JosĆ© Antonio Labordeta, la mesa del Congreso se negó a tal homenaje, como se ha recordado estos dĆas en diversos foros. Hacerlo en este caso suponĆa una cierta sobreactuación, buscando una legitimación a posteriori de la ex-alcaldesa. Pero negarse a ello, como hicieron Unidos Podemos, tambiĆ©n fue una sobreactuación, porque en un caso asĆ era sencillo interpretar el silencio como un mero gesto humano de respeto a una dirigente relevante de otro partido. Sin embargo, ellos decidieron poner por delante el dudoso rĆ©dito polĆtico que les podĆa reportar apelar a sus principios Ć©ticos y distinguirse del resto.
En los dĆas posteriores, la sobreactuación del PP ha ido a mĆ”s, hasta el punto de acusar a la prensa y a la oposición de ācacerĆaā contra BarberĆ” y poco menos que de provocar su muerte. Incluida la actitud de Rajoy, declarĆ”ndose amigo apenado de la alcaldesa, cuando hasta un dĆa antes habĆa ordenado establecer un cordón sanitario de todo el PP en torno a ella, para evitar verse salpicados por su imputación. Pasar de referirse a ella como āesa persona de la que usted me hablaā a hacerlo como āuna amiga entraƱableā, requiere unas altas dosis de cinismo y de oportunismo polĆtico, a las que por desgracia nuestro Presidente ya nos tiene acostumbrados. A pesar de que la familia de BarberĆ” pidió expresamente un funeral Ćntimo, a pesar de no querer en Ć©l la presencia del partido, porque en su opinión Ć©ste habĆa abandonado a la ex-alcaldesa a su suerte, la tentación era demasiado fuerte: la plana mayor del PP, con Rajoy a la cabeza, se presentaron allĆ e hicieron alarde de lo mucho que apreciaban a la fallecida.
En definitiva, un espectĆ”culo con muy poco de humano y mucho de oportunismo polĆtico. Para algunos, todo material es bueno para mejorar su posición polĆtica. Y la muerte de alguien siempre es un material de primera calidad, por la carga emocional que lleva consigo. A propósito de ello, me viene a la memoria la repugnante utilización que hizo el PP de las vĆctimas de ETA cuando gobernaba RodrĆguez Zapatero.
Callar ante la muerte no significa comulgar con las ideas del fallecido ni absolverle de sus comportamientos reprobables. Es tan solo el mĆnimo respeto que merece el que ya nunca podrĆ” contestar a los reproches ni a las burlas. Lo contrario es simplemente miseria humana y basura.
