En las redes sociales ha corrido un chiste que tiene su gracia y su profundidad: “Toda la vida luchando contra el Capitalismo y morirme en el “Black Friday”… tiene cojones”. Fidel, aunque no se quiera ver, ha sido uno de los mejores baluartes del capitalismo más rancio en lo político y lo económico, pero no quiero abrir una pazguata polémica más entre exultantes partidarios y detractores.

Cuando mi generación llegó a la conciencia política ya había quedado muy atrás el valor político y emancipador de la Revolución Cubana. Las sombras habían ido tapando las luces y todo estaba de un gris poco apetecible. Sin embargo, el romanticismo de aquellos hechos siempre quedará en la memoria de los que no se conforman solamente con la política de lo posible, igual que el “no pasarán” o el asedio del imperialismo romano con sus elefantes a los heroicos numantinos.

Ahora bien, no podemos negar el atractivo que aquel tiempo histórico tuvo. No fue aquello que muchos quisieron que fuera, pero conserva una épica que nos aleja de la aburrida cotidianidad. Tanto que hizo a muchos sentir que estaban asaltando el Cuartel Moncada, viajando en el Granma, durmiendo a luz de la estrellas en Sierra Maestra y finalmente entrando en la Habana. Pero la historia no se terminó en ese punto, hay que pensar también en los sumarios fusilamientos, en las torturas, encarcelamiento de opositores (“no cabe nada fuera de la Revolución”), en los fracasos económicos, en la generación de una casta opresora y explotadora y, en los últimos años, no haber certificado el fin de la vía comunista una vez muerta por inanición la mama soviética. Ello hubiera permitido evolucionar hacia la libertad política y económica y no vivir en la pobreza y la depauperación social.

No puede negarse ese componente literario que ha acompañado a Castro a lo largo de su vida, su capacidad de seducción personal, su embrujo para encantar a dirigentes mundiales que competían por fotografiarse juntos fumándose un puro. Embelesamiento por una retórica sin fin plagada de palabras que en poco se ha compadecido con la realidad.

Esta retórica en el pasado no fue inocua. En los años sesenta y setenta en Latinoamérica fue un referente que animó muchos de los movimientos armados que trajeron como respuesta golpes militares que plagaron el continente de execrables crímenes y la implantación de un modelo económico que acrecentaba la desigualdad social preexistente. La vía cubana al socialismo frustró otras vías democráticas a desarrollos democráticos y sociales progresistas, siendo el más evidente sin duda el caso chileno.

Ahora bien, no fue solo una responsabilidad de la propia dinámica interna de la Revolución que el Movimiento 26 de Julio terminara en los brazos del Partido Comunista Cubano, virando una ideología antimperialista y democrática a ser sucursal del imperialismo soviético. El boicot norteamericano, ahogando el posible desarrollo de la economía cubana, la presión política utilizando sin escrúpulos la CIA o la Mafia para descabezar la revolución cubana. El mantenimiento de esta política durante décadas ha impedido sin dudas que el sistema cubano se flexibilizara y ha sido una suerte de realimentación entre la más reaccionaria política exterior estadounidense y un régimen político que terminó siendo una dictadura personalista con una limitación absoluta de los derechos individuales y colectivos, un progresivo empobrecimiento de la sociedad cubana que ha combinado la adoración al Comandante con la pobreza y la escasez.

El peor legado que dejará Castro a la sociedad cubana es que su falta de visión, o mejor dicho, la interesada perseverancia del mantenimiento de una revolución no existente basada en su famosa frase: “La propaganda no puede ser abandonada ni un minuto, porque es el alma de nuestra lucha”, convertirá la Isla en lo que la Revolución pretendió evitar que fuera: el casino de los norteamericanos, “hacer de Cuba un garito…”como dice la famosa canción de Carlos Puebla[i]. El gran potencial turístico y agrícola que posee Cuba no ha llegado a tener el potencial que hubiera podido alcanzar por ese “el uno por el otro” que han mantenido dos vecinos que estaban condenados a entenderse y, sobre todo, a no sacrificar a un pueblo. Si la visita de Obama recientemente abría la esperanza a un nuevo tiempo, la llegada de Trump y el ignoto sentido de su política exterior con los extraños compañeros de viaje que le han acompañado, hacen que la interrogante del futuro esté llena de preocupación.

La retirada de Fidel hace diez años del primer plano de vida política y su desaparición pacífica hacen que, sin perjuicio de la mística de una revolución literaria que ha llenado y llenará por algún tiempo muchas páginas, se abra la oportunidad de que los dirigentes cubanos que han permanecido tras los Castros sepan otorgar a los cubanos lo que se quedaron esperando el día que “los comandantes” entraron en La Habana libertad, democracia y bienestar.

[i] https://www.youtube.com/watch?v=5woXb-XnSYQ