Hace unas semanas circulĂł por las redes un vĂdeo en el que se veĂa al Presidente Trump entrando, con sus andares y sus gestos impetuosos en una escuela primaria donde varios niĂąos de pocos aĂąos permanecĂan sentados en sus mesitas. Se trataba de niĂąos en su mayor parte afroamericanos y latinos, que tan pronto como se dieron cuenta de la presencia del Presidente Trump prorrumpieron en gritos y sollozos desesperados. Gritos que revelaban que habĂan entrado en un momento de pĂĄnico.
Aunque muchos se tomaron este vĂdeo a broma, su significado no puede ser mĂĄs trĂĄgico. Solo hay que pensar en el ambiente que debe existir en las casas de estos niĂąos para entender su reacciĂłn aterrorizada. Y las causas que provocan tal clima de pĂĄnico.
El nĂşmero de la revista TIMES de 2 de julio publica en su portada una fotografĂa en la que un gigantesco Presidente Trump se encuentra plantado ante un pequeĂąo niĂąo que llora con expresiĂłn asustada. Con esta portada, TIMES ha querido reflejar el clima de indignaciĂłn que se vive en todo el mundo âtambiĂŠn en los Estados Unidos de AmĂŠricaâ ante el trato inhumano y cruel al que han sido sometidos muchos hijos de inmigrantes, a los que se ha separado de sus padres y se les ha metido en jaulas como si fueran monos, o como si fueran seres de otra categorĂa, en una muestra de comportamiento racista y xenĂłfobo que recuerda los peores tiempos de la historia reciente. Es decir, los tiempos de las leyes raciales y de los movimientos xenĂłfobos que trataban a sus supuestos âenemigosâ de raza de manera cosificada, como si no fueran seres humanos, ni merecieran el respeto que todos merecemos.
El espectĂĄculo bochornoso que dieron algunos gobiernos europeos en el caso del Aquarius y de los otros dos barcos de la flotilla que habĂan rescatado 629 nĂĄufragos es tambiĂŠn una historia triste para la humanidad. Sobre todo en la medida en la que en la labor de rescate acabaron implicados dos navĂos de guerra italianos que, bajo bandera de este paĂs, se vieron ante el triste destino âu orden oficialâ de no desembarcar a los nĂĄufragos bajo ningĂşn concepto en tierras italianas, sino dirigirse a otro paĂs, en este caso EspaĂąa, para dejar a salvo a los que habĂan sido acogidos en sus cubiertas en cumplimiento de las leyes internacionales del mar. ÂżCuĂĄl era la alternativa a esta acciĂłn vergonzosa? ÂżAcaso pretendĂa el gobierno italiano que esos nĂĄufragos fueran arrojados otra vez al mar para morir irreversiblemente abandonados a su suerte?
MĂĄs increĂble es que despuĂŠs de todo esto algĂşn ministro italiano intentase sacar pecho con bravuconadas orientadas a intimidar a otras razas, etnias y culturas residentes en Italia, amenazando con crear un registro de gitanos, en una dinĂĄmica que recuerda demasiado a la que se viviĂł en Italia y Alemania durante los aĂąos mĂĄs negros y humillantes de su historia. Que gobernantes de este tipo todavĂa se atrevan a calificar como âcharlatanesâ a los Presidentes Macron y SĂĄnchez, al tiempo que hacen gestos despectivos con la mano, constituye el sumun del despropĂłsito. Pero no se trata de casos aislados. A los comportamientos de Trump y de algunos ministros italianos se unen los de otros dirigentes en HungrĂa, Polinia, Filipinas, etc., que se burlan de los derechos humanos y de los avances en la historia de la civilizaciĂłn.
En los aĂąos veinte y treinta del siglo pasado se vivieron acontecimientos similares, que algunos al principio se limitaban a condenar como propios de âcharlatanesâ y âpayasosâ (sic), sin llegar a entender el abismo moral y polĂtico ante el que se estaba situando la humanidad. Algunas personas biempensantes sostenĂan entonces que en paĂses que habĂan sido cuna de la civilizaciĂłn, como la inmortal Roma, o como la Alemania de los grandes filĂłsofos, los mĂşsicos geniales y los grandes cientĂficos, no habĂa riesgo de que germinara la barbarie. Y cuando esto empezĂł a ocurrir era demasiado tarde para reaccionar.
Desde una perspectiva histĂłrica comparada, no hay que despreciar en absoluto las tendencias inquietantes que estĂĄn surgiendo en nuestras sociedades, y que requieren reacciones, medidas y comportamientos muy firmes, capaces de poner coto, cuando aĂşn se estĂĄ a tiempo, a que germinen de nuevo las semillas de la barbarie y del antihumanismo.
