Churchill, en su discurso en la Cámara de los Comunes en 1937, durante el período de apaciguamiento a los nazis, dijo: “Los dictadores van y vienen montados en tigres de los que no se atreven a desmontar. Y los tigres se están volviendo hambrientos”.
En España el tacticismo político del PP los ha llevado a alimentar tigres (extremismos ultras) que se alimentan de la democracia y los derechos fundamentales. Lo más paradójico es que ni siquiera los montan. Los criaron (Abascal) y los alimentaron (discursos antisistema), pero ya se escaparon del Zoológico de la organización popular y campan libres convirtiendo la paz social en una selva. Basta observar la tournée de Vito Quiles.
Los tigres hambrientos parece que empiezan a llamar la atención de ese nuevo Cristo (Ángel) pendiente de la segunda venida llamado Aznar. Al parecer no tenía el oído puesto cuando Abascal afirmó que no comprendía “por qué en el PP pensaban que tenían derecho de pernada con Vox”. Grave error en el PP fue considerar que era un partido omnívoro, que se alimentaba tanto con vegetarianos de centro, como carnívoros de ultraderecha. En qué cabeza cabe…
Y hablando de cabeza, ¿en qué cabeza caben los juegos que se traen con la Sanidad? La mala política mata y la peor gestión remata. Si el borrado del teléfono del Fiscal fue considerado significativo de algo, qué diremos del “borrado” de la información sobre el cáncer, información que niegan las Comunidades gobernadas por el Partido Popular. Mi opinión sobre las consecuencias sociales es de pronóstico reservado.
Trump lo tiene muy claro. Ya lo planteaba Hegel y lo materializó Marx. Expresado de forma simple, el poder manda y el siervo obedece. Al mandar corresponde el acatar, mientras que al servir corresponde el obedecer. El acatar responde a lo simbólico, el obedecer a la praxis. Revelarse contra la autoridad del poder exige no acatar. Acatar y no obedecer implica siempre reconocer la autoridad. Reconocer ser un siervo moralmente sometido aun cuando no se cumplan las órdenes.
En esa sutileza se apoyaba la fórmula legal del derecho castellano “obedézcase, pero no se cumpla”. Su origen se remonta en España a la Edad Media en las Cortes de Burgos y Briviesca del siglo XIV, siendo con posterioridad utilizada ampliamente durante la época colonial española en América. Cuando los funcionarios locales debían aplicar las Leyes de Indias emitidas por la Corona, la fórmula “obedézcase, pero no se cumpla” era un mecanismo legal para que los representantes del rey en las colonias pudieran suspender una orden real que consideraban injusta, inviable o contraria a la realidad local.
“Obedézcase, pero no se cumpla” refleja un equilibrio delicado entre dos criterios aparentemente contradictorios. Con “acato la orden” se reconocía formalmente la autoridad del Rey, mostrando sumisión y respeto a la monarquía. Por otro lado, con el “no la cumplo” se primaba el criterio y el juicio de la autoridad local, “archivando” la orden sin aplicarla para impedir posibles consecuencias negativas o injusticias en el territorio. De esta manera, se evitaba un desacato directo a la autoridad real, mientras se protegían los intereses de la población local.
La cuestión: ¿Donald Trump es entronizado como el nuevo emperador de occidente? En la ya famosa reunión de la OTAN muchos Estados procedieron con el “acato el incremento del gasto militar en un 5% del PIB”, pero está por venir o ver si se obedece o no. Con ello dieron respuesta a uno de los dos intereses principales de Trump. Aparte de la inversión económica, aceptaron el sometimiento a las órdenes de un superior. No es trivial (ni baladí, que diría un graduado en derecho).
Trump tiene entre ceja y ceja a España. El “no acato” de España, aun siendo un imperativo categórico de la democracia y la soberanía popular, pone freno a la aspiración de revertir la historia convirtiendo a Europa, ya formalmente, en las colonias de Norteamérica. Gobiernos que acatan, luego sociedades que sirven.
La cuestión es aún más dolorosa para Trump por su fundamentación en la imagen de España y los españoles. Si usted pregunta a la IA sobre las características estereotipadas de los españoles afirma: “Pasión y orgullo: Se les considera personas orgullosas, con un profundo amor por su país y con una conciencia del honor personal.” Al igual que la soberbia es atributo cultural del estereotipo de los franceses, el orgullo lo es de los españoles. Y eso molesta a las ambiciones de Trump. Para él, somos españoles orgullosos e insumisos que ni acatan ni obedecen. Pregunta ¿cómo va lo del gasto militar? y Sánchez responde con una sonrisa “nos vamos aproximando”. Eso “jode” el ego de cualquier emperador investido por acatado. Significa, no estamos.
Qué fue de aquellos tiempos de Aznar, coherente en su manera de acatar y obedecer (Irak). Su patriotismo es tan inmenso que da para España y algunos países más. Por ejemplo, también se consideró a sí mismo un gran patriota norteamericano merecedor de la Medalla de Oro del Congreso (Congreso de los Estados Unidos). Una condecoración que se concede a la persona que realiza una destacada obra o acto de servicio a la seguridad, la prosperidad y el interés nacional de los Estados Unidos. Es fiel a la tradición de derechas en España: su patriotismo es tan grande que no les basta España; necesitan Suiza, Panamá, Islas Caimán y otros lugares donde depositar su patriótico corazón.
