Los especialistas en teorĂa de los roles llevan aĂąos estudiando las formas en las que los humanos compaginamos y ajustamos los diferentes papeles sociales estandarizados (roles) que cada uno de nosotros desempeĂąamos en las sociedades en las que vivimos.
De esta manera, toda sociedad puede ser vista como un conjunto de escenarios en los que cada uno de nosotros desempeĂąamos diferentes âpapelesâ, como en una obra de teatro en cada uno de los planos y escenarios en los que actuamos. En el plano familiar, podemos desempeĂąar el rol de padre, de hijo, de esposa, de cuĂąado, etc. Y en cada uno de esos planos sabemos cĂłmo se espera que nos comportemos, segĂşn nuestros respectivos papeles. Al igual que ocurre con nuestros papeles en el trabajo, en el vecindario, en la vida polĂtica y social, etc. En las sociedades complejas cada uno de nosotros tiene que desempeĂąar mĂşltiples papeles en cada momento. Y todos ellos responden a patrones y expectativas de comportamientos pautados que nos orientan y simplifican las interactuaciones en la vida social, brindĂĄndonos orientaciones, certezas y capacidad para saber quĂŠ hacer y cĂłmo en momentos mĂĄs o menos complejos y difĂciles.
Por eso, resultan muy importante los procedimientos que se utilizan para intentar que los diferentes roles puedan desempeĂąarse y complementarse mutuamente entre sĂ, sin dar lugar a confusiones y conflictos y, sobre todo, a personalidades explosivas, contradictorias y disociadas, que acaben en derivas patolĂłgicas. Algo que puede repercutir tanto en el plano personal de las conductas sociales recĂprocas, como en el plano polĂtico. Por eso, no resulta armonizable el rol de buen padre con el rol de âviolento compulsivoâ, o de âdepredador sexualâ, o âtorturadorâ. O el rol de policĂa con el de ladrĂłn o delincuente violento. O el de âprofesorâ con el de âacosadorâ, o el de âmĂŠdicoâ con el de âbronquistaâ.
De ahĂ la problemĂĄtica de los conflictos de roles que dan lugar a que determinadas personas puedan verse abocadas tanto a conflictos, o disociaciones, de personalidad, como a conductas contradictorias con los propios intereses y necesidades, socialmente objetivables de cada uno de nosotros. En particular y en general.
Si nos situamos en perspectivas temporales de largo alcance, podemos comprobar cĂłmo la historia nos brinda muchos ejemplos de este tipo de personalidades contradictorias y disociadas, asĂ como de sectores sociales que acaban teniendo comportamientos ây âpapelesââ colectivos claramente contradictorios con sus intereses y necesidades objetivas âo razonablemente objetivablesâ. Lo cual suele terminar traduciĂŠndose en conflictos y/o retos histĂłricos mal resueltos. Con todas las negatividades y problemas que suelen acompaĂąar situaciones de este tipo.
Recordar todo esto viene a cuento debido a la dificilĂsima situaciĂłn ante la que se encuentra situada la humanidad en estos momentos y, por lo tanto, las tensiones que viven ây van a vivirâ los sistema econĂłmicos y sociales establecidos, hasta que encontremos una respuesta adaptativa razonablemente satisfactoria.
ParadĂłjicamente, lo que caracteriza la situaciĂłn actual âhasta el momento en el que se escribe estoâ es de una notable diacronĂa entre la enorme gravedad y las complejas exigencias del reto al que nos enfrentamos, y la pobreza moral, polĂtica y tĂŠcnica desde la que sectores muy significativos de la sociedad y de la vida polĂtica estĂĄn afrontando la situaciĂłn.
Entre lo grande âdel retoâ y la pequeĂąez de algunas reacciones se encuentra encajonada en estos momentos nuestra especie, en momentos en los que son palpables las necesidades de liderazgos y de estrategias de respuesta de mucha mayor altura, ambiciĂłn y capacidad implicativa.
Frente a tales exigencias, la impresiĂłn que transmiten algunos liderazgos âlos Trump, los Bolsonaro y bastante mĂĄsâ es de una enorme corteza de miras, por no referirnos a la superideologizaciĂłn excluyente de la que se vanaglorian determinados lĂderes territoriales que no son capaces de ver mĂĄs allĂĄ de sus narices, y que en momentos tan difĂciles, en los que se precisa inteligencia y capacidad de entendimiento, no son capaces de salir de la lĂłgica de las exclusiones mutuas, de las antagonizaciones sistĂŠmicas, e incluso de la dialĂŠctica de los insultos gruesos y las violencias argumentales.
El problema no consiste solo en no saber, o no ser capaces, de salir de dinĂĄmicas polĂticas tan poco inteligentes como inapropiadas, en coyunturas como las actuales, en las que los ciudadanos mĂĄs sensatos y responsables demandan capacidad de empatĂa, sentido comĂşn y apuestas inteligentes y solventes en pro de soluciones viables. Soluciones que exigirĂĄn generosidad y renuncias por parte de todos, asumiendo de entrada aquel elemento nuclear del consenso keynesiano que hizo posibles los gloriosos treinta aĂąos de acuerdos, que supusieron entender âde partidaâ que âcediendo todos un poco era mucho lo que todos podĂan ganarâ. Lo que permitiĂł una funcionalidad social y econĂłmica que no dejaba a nadie tirado en la estacada.
Por eso, es difĂcil entender que en sociedades como las actuales, en las que tenemos tantas riquezas y recursos y en las que disponemos de las grandes potencialidades que nos brinda la revoluciĂłn cientĂfico-tecnolĂłgica que estĂĄ en marcha, no seamos capaces de sentar las bases comunes necesarias para salir razonablemente bien del terrible desafĂo de la pandemia y sus graves efectos en la economĂa y el empleo.
ÂżCuĂĄles son los obstĂĄculos que impiden una salida razonablemente consensuada ante este reto? Hoy por hoy, los principales obstĂĄculos estĂĄn viniendo del campo de la polĂtica, por parte de aquellos que no son capaces de apearse de dogmas que la historia y la experiencia prĂĄctica âincluso bastante recienteâ han demostrado que pueden ser disfuncionales, no solo socialmente, sino tambiĂŠn en un amplio plano econĂłmico.
Por eso, determinados patrones de pensamiento, cuando son llevados al grado de esclerotizaciĂłn que algunos continĂşan postulando, tienden a convertirse en puras âideologĂasâ tan disfuncionales como apartadas de la realidad, en el sentido que analizĂł en su dĂa Karl Mannheim.
Junto a este fallo de congruencia sistĂŠmica, muchos de los que en estos momentos persisten en su obcecaciĂłn por enrarecer el clima polĂtico y tensionar el funcionamiento de las instituciones, con comportamientos sumamente agresivos, en realidad lo que tienen es un problema adaptativo de base, en la medida que estĂĄn asumiendo y practicando roles sociales y polĂticos que no son congruentes con las realidades presentes y sus necesidades objetivas. No me refiero solo a aquellos que se han metido dentro del papel del lĂder gritĂłn, chulesco, antifeminista, altanero e insultador, tipo Trump, Bolsonaro y bastantes otros âen el plano macroscĂłpico y en el microscĂłpico-, sino a todos aquellos que trasladan al plano de la polĂtica conductas y roles impropios de personas inteligentes, pragmĂĄticas y con altura de miras. Que es el tipo de rol que la mayorĂa espera de los polĂticos, y no el de âcamorristaâ, o el de âmatĂłn de barrioâ.
AdemĂĄs de en el plano general polĂtico, en nuestros dĂas tambiĂŠn estĂĄn incidiendo negativa y disfuncionalmente aquellos que asumen el rol del âapocalĂpticoâ, que solo ve problemas y peligros en todo y por todo. Que critica todo lo que pasa, sea o no responsabilidad de los gobiernos, sin aportar soluciones, alimentando temores y pesimismo.
Igual ocurre con el que asume el rol del âdisociadoâ, que no es capaz de establecer las conexiones reales existentes entre los datos de la realidad, los diagnĂłsticos y las soluciones, mezclando churras con merinas. Lo que genera confusiĂłn y falta de visibilidad de las soluciones. A lo que habrĂa que aĂąadir los que se vanaglorian ejerciendo el rol de los âexcluyentesâ, o âdesajuntadosâ, que ante una borrasca como la que nos asola, pierden un tiempo precioso en âexcluirâ ây excluirseâ respecto a lo que hoy por hoy resulta necesario âincluirâ perentoriamente, manejando argumentarios y explicaciones a veces pueriles, del tipo de âyo con ese no me juntoâ, o âyo con esos no me pongo a remar juntosâ, como si la situaciĂłn permitiera tales distingos. Lo que puede producir graves disfunciones en los niveles de cohesiĂłn social y polĂtica ây paz pĂşblicaâ que vamos a necesitar para enfrentarnos a lo que estĂĄ por venir.
En definitiva, parece claro que para hacer frente a muchos de los retos multidimensionales que plantea la pandemia, vamos a necesitar hacer un esfuerzo serio de empatĂa y de capacidad de adaptaciĂłn, desde la conciencia de que nuestras sociedades tendrĂĄn que ser capaces de adaptarse, innovar y ponerse al dĂa en mĂşltiples planos y pautas de comportamiento.
A su vez, para afrontar tales retos adaptativos habrĂĄ que ser capaces de realizar anĂĄlisis y diagnĂłsticos muy precisos, acompaĂąados de la correspondiente capacidad de pedagogĂa y explicaciĂłn que demanda una ciudadanĂa madura y formada, que pide informaciones y explicaciĂłn, como la de nuestras sociedades actuales. Y todo ello, por supuesto, vacunĂĄndonos debidamente contra las intolerancias, los autoritarismos, las agresividades y las violencias fĂsicas y verbales.
