La estrategia de la derecha polĂ­tica y mediĂĄtica consiste en deteriorar el escenario polĂ­tico hasta lograr que una parte importante de la ciudadanĂ­a se aleje con hastĂ­o y con asqueo, en la confianza de que su electorado siempre serĂĄ mĂĄs inmune a la toxicidad y mĂĄs disciplinado ante la urna.

Solo asĂ­ se entiende que sus portavoces y cabeceras ignoren dĂ­a tras dĂ­a las necesidades y los problemas ciertos de la ciudadanĂ­a, para llenar la agenda de bulos e iniciativas completamente ajenas a lo importante.

Ni el acceso a la vivienda, ni la calidad de los empleos, ni las listas de espera en la sanidad, ni las demandas en la enseñanza, ni las alternativas en política migratoria, ni el cambio climático… Ninguno de estos asuntos, que son los que requieren de atención y soluciones desde la política, forman parte de las iniciativas de nuestra derecha.

La tarea de oposiciĂłn polĂ­tica y mediĂĄtica se centra ahora en tres temas cuasi exclusivos: las acusaciones falsas a la familia del Presidente, los intentos de resucitar una banda terrorista muerta hacen mĂĄs de una dĂŠcada, y los culebrones venezolanos mĂĄs absurdos. Ya ni se acuerdan de Puigdemont y la ley de amnistĂ­a, que hace unas semanas iban a romper EspaĂąa y a quebrar el Estado de Derecho.

La estrategia de la bulo-polĂ­tica ha tenido en la Ăşltima semana tres episodios, a cada cual mĂĄs delirante.

El principal partido de la derecha convocĂł un domingo por la maĂąana a su direcciĂłn para adoptar una decisiĂłn de urgencia vital, al parecer. ÂżSobre vivienda? ÂżSanidad? ÂżEducaciĂłn? No. Sobre un audio grabado supuestamente por un encapuchado con voz distorsionada en un pseudo medio digital, que acusaba al PSOE de todo tipo de tropelĂ­as, sin aportar prueba alguna.

Sobre base tan estrambótica, el PP ha presentado toda una querella ante la Audiencia Nacional, acusando al PSOE de financiación ilegal, cohecho y tráfico de influencias, nada menos. Sin aclarar quién financió a quién, cuánto o para qué. Reconociendo que todo lo cual no pasa de “meras sospechas”.

¿Por qué? Esto si lo ha aclarado públicamente su portavoz parlamentario: “Nuestro objetivo es echar a Sánchez con todos los medios a nuestro alcance”. Y la difusión de bulos constituye evidentemente un medio muy a su alcance.

El segundo episodio de la bulo-polĂ­tica que avanza en EspaĂąa a todo trapo tiene como protagonista involuntario al Fiscal General del Estado. En una autĂŠntica representaciĂłn del mundo al revĂŠs, quienes defienden al delincuente que ataca al Fiscal piden la dimisiĂłn de quienes defienden al Fiscal que persigue al delincuente. Ni un guiĂłn de los hermanos Marx se hubiera atrevido con semejante disparate.

El tercero también daría para una buena película de enredos. El PP declinó vetar una ley que transponía al ordenamiento jurídico español una directiva europea sobre antecedentes penales. Declinó hacerlo en el trámite de enmiendas del Congreso, en ponencia legislativa del Congreso, en Comisión de Justicia del Congreso, en el Pleno del Congreso, en trámite de veto y enmiendas del Senado, en ponencia de Senado, en Comisión de Justicia del Senado… En siete ocasiones, pues. Una y otra vez.

Sin embargo, cuando la presidenta de la Comunidad de Madrid y lo mĂĄs duro de la derecha mediĂĄtica reprocharon tal decisiĂłn al PP, en lugar de dar explicaciones o pedir excusas por su voto, arremetiĂł contra el Gobierno que habĂ­a votado exactamente lo mismo. No solo eso. TambiĂŠn inventĂł un veto inexistente en el pleno del Senado, para dar marcha atrĂĄs, forzando una vez mĂĄs el Reglamento de la CĂĄmara alta y la propia ConstituciĂłn.

La bulo-polĂ­tica aplicada al bulo-parlamentarismo.

Se entiende que muchos ciudadanos y ciudadanas contemplen hoy la polĂ­tica espaĂąola con hastĂ­o y asco, como decĂ­amos. Pero se equivocan quienes lo apuestan todo a que esos ciudadanos y ciudadanas hastiados y asqueados no sabrĂĄn distinguir entre bulos y verdades, entre polĂ­ticos burladores y polĂ­ticos autĂŠnticos.