La derecha en España suele ser muy cruel con sus líderes. Primero, el antiguo patrón del partido te señala pasa ser el elegido, y acto seguido te indica el camino por el que debes transitar. Pero, al mismo tiempo, va socavando tu autoridad, para demostrar que quien sabe es él y no el que está ahora.

Todo esto, dentro de una concepción donde ellos, la derecha política, económica, mediática y judicial, tienen que ostentar y tener por derecho natural el poder. Algo que cuando en democracia no sucede porque no quieren los ciudadanos, lo adornan con una campaña de deslegitimación del gobierno, cada vez más brutal por usurparles lo que consideran suyo.

Los caminos elegidos son varios, pero siempre llevan al mismo fin: la debilidad interna del nuevo líder le conduce a someterse, expresamente o de facto, al antiguo patrón, como poco hasta que llega al poder si eso se produce. Algo que se ve reflejado en el incremento del tono faltón y en utilizar todos los resortes que ponen a su disposición las élites que le señalan el camino para derribar al gobierno legítimamente elegido.

¿Cómo lo hacen? Personificando la caza y captura contra la persona del presidente del gobierno, ya sea Felipe González, Zapatero, o de manera despiadada con Pedro Sánchez. En una estrategia de tierra quemada y sin límites de ningún tipo con tal de cumplir el objetivo de tomar el poder.

Siguen al dictado lo que aparece en el libro “Las 48 leyes del poder” cuando afirma: “apunte al líder, hágalo caer y aproveche las infinitas oportunidades que se le presentan en medio de la confusión”

Esta estrategia, utilizada en numerosas ocasiones por la derecha, triunfa cuando el ruido y el bulo consiguen que parte de la población que se considera de centro/izquierda se canse de la situación y decida, dentro del famoso “todos son iguales”, no votar. Lo que les abre las puertas del poder, a la vez que consolida al líder del partido que pasa de capataz a patrón.

Pero hay ocasiones donde no se consigue el objetivo y entonces la caza y captura se redirige hacia el propio líder de la derecha que en poco tiempo es derribado y sustituido por otro.

Ejemplos hay muchos en la historia reciente, pero quiero recordar el caso de Antonio Hernández Mancha, porque a lo mejor podemos estar ante un nuevo episodio similar con Alberto Núñez Feijóo, si continúa actuando como capataz en lugar de como patrón.

El 7 de febrero de 1987 se celebra el VIII Congreso de Alianza Popular con carácter extraordinario para elegir a un nuevo presidente y a la dirección del partido tras la dimisión de Fraga como presidente del partido en el mes de diciembre. Dos fueron las candidaturas que se presentaron, la de Miguel Herrero Rodríguez de Miñón y la de Antonio Hernández Mancha, que finalmente fue la ganadora.

Antonio Hernández Mancha, llamado en aquella época por el periodista Lorenzo Contreras, como “fraguita rompetechos”, suscitó la esperanza de la derecha española.  Pero pronto, muy pronto, con su debut parlamentario en una moción de censura contra Felipe González en el Congreso comenzó su principio del fin.

En palabras del propio Hernández Mancha en una entrevista en RTVE en 2016: “Contra Felipe González yo sabía que no tenía nada que hacer, pero el peligro estaba en que el CDS de Adolfo Suárez empezaba a reverdecer, y yo pensaba: ante la orfandad que ha dejado el hueco de Fraga el que va a obtener los réditos de la derecha cautiva va a ser de nuevo Adolfo Suárez. […] La moción de censura yo la hago como acto de notoriedad pública, para que se vea que el primer partido de la oposición sigue siendo Alianza Popular y que no va a ser sustituido inmediatamente por el CDS”

En aquel momento, como pasaría posteriormente en otras ocasiones, Hernández Mancha lamentaba que Aznar llegase “con la navaja en la mano cortando cabezas” (08.09.1989 El País).

Aquellos sucesos, pueden tener similitudes con lo que está pasando actualmente.

Cuando el PP, en su particular noche de los cuchillos largos, acaba con Pablo Casado para que venga Alberto Núñez Feijóo a hacer cargo del partido, éste llega a Madrid suscitando muchas esperanzas dentro de la derecha española, porque afirmaba que su intención era ser una persona moderada que llegaría a acuerdos con el gobierno por el bien de España.

El espejismo de moderación duró poco y dio paso a una estrategia de crispación contra el gobierno sin precedentes, acompañada también de la caza personal al presidente del gobierno.

La estrategia parecía funcionarles cuando en las Elecciones Municipales y Autonómicas el PP obtuvo unos muy buenos resultados. Pero todo se truncó cuando en las elecciones generales, en un clima de euforia engañoso, donde se repartían los ministerios en los cenáculos de Madrid, el resultado no les permitió gobernar con Vox y continuó como presidente del Gobierno Pedro Sánchez.

Antes, no se sabe si como acto de notoriedad pública, como Hernández Mancha, Feijóo se presentó a un debate de investidura que sabía que no iba a ninguna parte, y que retrasó la formación de un nuevo gobierno. Este hecho, causó más frustración en las derechas, que observaron como un partido fuerte, el Partido Popular, no tenía un líder en los mismos niveles de apoyo que su propio partido.

Y aquí llegamos al núcleo de la cuestión ¿Podrá aguantar Feijóo como líder mucho tiempo más, a pesar de seguir al dictado la policía de tierra quemada para derribar al Gobierno? ¿O le pasará como a Hernández Mancha si el gobierno aguanta?

El Partido Popular es un partido fuerte con mucho apoyo electoral. En abril de 2022 tenía el 27,2 por ciento de estimación de voto, según el barómetro del CIS de ese mes. Y en septiembre de 2024, cuenta con una estimación de voto del 28,5 por ciento.

Sin embargo ¿Qué ha pasado en ese tiempo con la preferencia de los españoles de Feijóo como presidente del Gobierno? ¿Cómo ha evolucionado el grado de confianza de los votantes y simpatizantes del PP en Feijóo?

En relación con la preferencia como presidente del gobierno, Feijóo ha pasado del 16,4 por ciento en abril de 2022 al 12,1 por ciento en septiembre de 2024. Con un máximo de 23,5 por ciento en octubre de 2023. Algo preocupante con un partido fuerte.

En cuanto a la evolución del grado de confianza en Feijóo de los votantes y simpatizantes del PP, en abril del año 2022, el 82,7 por ciento tenía mucha o bastante confianza en él. En septiembre de 2024, esa confianza se sitúa en el 63,3 por ciento. Lo que significa una caída de 19,4 puntos porcentuales.

Si nos centramos en la desconfianza, en abril de 2022 el 13,5 por ciento afirmaba tener poca o ninguna confianza en Feijóo dentro de los votantes y simpatizantes del PP. En septiembre de 2024, esa desconfianza es la más alta de la serie, con el 35,3 por ciento. Lo que significa una subida de 21,8 puntos porcentuales

Estos dos factores, entre otros relacionados con la estabilidad del Estado, deberían hacer recapacitar a Feijóo sobre su estrategia rupturista. Deberían llevarle a acordar las reformas fundamentales que necesita España para los próximos años y décadas. Y todo ello, recordando la frase de Pio Cabanillas: “cuerpo a tierra que vienen los nuestros”.

De no hacerlo, ¿habrá otro “Fraguita rompetechos”?