En las Ăşltimas semanas, hablar de salud mental en la pandemia y otras circunstancias se estĂĄ volviendo una costumbre a la que no sabrĂ­a calificar de entrada. DecĂ­a Unamuno que hablen de uno, aunque sea bien, pero no tengo yo muy claro que, en este caso, nos pueda llevar a un puerto seguro al abrigo de los vientos y tempestades marinas que nos circundan y amenazan.

CorrĂ­a el mes de marzo del aĂąo de gracia de 2020, mes dos del calendario de pandemia, cuando yo publicaba mi primer artĂ­culo reclamando atenciĂłn a la salud mental y divulgando una grĂĄfica que habĂ­a elaborado un neumĂłlogo americano, llamado Viktor Tseng, que explicaba las oleadas ocultas de la pandemia, que guardaban relaciĂłn con la evoluciĂłn de la propia pandemia; en efecto, se evidenciaba la atenciĂłn a las urgencias sanitarias no derivadas directamente de la pandemia, la propia de las afecciones crĂłnicas y llamaba la atenciĂłn una curva de crecimiento exponencial que sobrepasaba las cimas de las otras tres y continuaba creciendo por detrĂĄs de todas ellas y que no descendĂ­a, solo habĂ­a ascenso, esa curva hacĂ­a referencia a los problemas de salud mental y de tipo psicosocial. Insisto la fecha: mes de marzo del aĂąo 2020, es importante retener esta fecha.

A partir de aquel primer artĂ­culo he escrito otros diez artĂ­culos sobre el particular, tanto en medios de comunicaciĂłn generales como en revistas cientĂ­fico-tĂŠcnicas, asĂ­ como he dirigido dos estudios para el CIS: una encuesta al conjunto de la poblaciĂłn espaĂąola sobre los sĂ­ntomas emocionales del conjunto de la poblaciĂłn y los contenidos de un grupo Delphi dirigido a profesionales de prestigio sobre la pandemia.

Es importante seĂąalar estos aspectos, porque luego aparecen opiniones, en ocasiones rocambolescas y alarmistas, sobre el efecto de la salud mental en la pandemia.

El recorrido de la demanda en salud mental estĂĄ muy estudiado, desde que Goldberg & Huxley formularan su modelo comprensivo. De tal suerte que los problemas de salud mental que aparecen en la comunidad general representan, en condiciones prepandemia, el 25-30%, mientras que los que llegan a nivel hospitalario de salud mental se encuentra en el entorno del 1%. En el intermedio la demanda ha circulado por la atenciĂłn primaria, quienes lo diagnostican o no, asumen el tratamiento u optan por hacer una derivaciĂłn a los servicios de salud mental y ĂŠstos lo asumen, lo retornan a la atenciĂłn primaria o bien establecen una intervenciĂłn mĂĄs especĂ­fica. Las urgencias por temas de salud mental, en general, no son muchas en nĂşmero, pero en estos tiempos de pandemia se han incrementado. Lo que se seĂąala es que, durante la pandemia, el modelo de Goldberg & Huxley se ha visto muy alterado.

El sistema sanitario ha sido puesto a prueba de una forma muy potente. El golpe que ha sufrido ha sido devastador. Nuestro sistema sanitario era de una gran calidad, pero en condiciones normales, no estaba preparado para abordar una situaciĂłn de este tipo. Las razones no eran solo por la propia situaciĂłn creada por la pandemia, desde el aĂąo 2012 los recortes impulsados por los gobiernos del PP habĂ­an impactado de forma mortal, sobre todo habĂ­a afectado a la AtenciĂłn Primaria, a la Salud PĂşblica y a la continuidad de cuidados. Tras la mociĂłn de censura el Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social elaborĂł la Estrategia de AtenciĂłn Primaria que las diferentes CCAA debĂ­an desarrollar de forma prioritaria, el cambio en el Ministerio y, sobre todo, la llegada de la pandemia solamente puso en evidencia la necesidad de priorizar esta estrategia, desafortunadamente los responsables sanitarios no respondieron con la rapidez y eficacia necesaria, la polĂ­tica de informaciĂłn y comunicaciĂłn general iba por otros derroteros.

La Salud Mental ni estaba, ni se la esperaba. Los servicios asistenciales de SM habían sido diseñados en 1986, pero su desarrollo fue irregular y cicatero. La SM siempre fue la “hermana pobre” de las políticas sanitarias y del desarrollo de servicios sanitarios. Nunca se desarrollaron los servicios de SM al nivel de lo contemplado en la Ley General de Sanidad (1986) y el Documento para la reforma de la asistencia Psiquiátrica (1985), esta es la amarga realidad. La llegada del PP en 2012 acrecentó el abismo asistencial en SM, además de poner en crisis el modelo de SM comunitaria y la precarización de los Centros de Salud Mental. La SM no tiene instrumentos de tecnología sanitaria, pero posee el instrumento más sofisticado de todos: el recurso humano y profesional, que precisa una formación muy detallada: psiquiatras, psicólogos clínicos y personal de enfermería; en otras palabras, los recortes en SM impactaron directamente en los recursos profesionales, quedaron en precario y a los pies de los caballos de la pandemia.

Al mes del confinamiento, mĂĄs o menos, se atendiĂł a las seĂąales del riesgo para la SM de la infancia y se consiguiĂł poner en marcha un acuerdo entre diversas sociedades cientĂ­ficas y sociales de infancia, que tuve el placer de coordinar, con el fin de facilitar a los niĂąos y niĂąas salidas del confinamiento cumpliendo ciertas caracterĂ­sticas.

Casi de forma simultĂĄnea, se desarrolla un convenio para implementar un programa de atenciĂłn de SM telemĂĄtico para los profesionales sanitarios, que representaban un colectivo sometido a un elevado estrĂŠs y presentaban sĂ­ntomas emocionales de forma relevante, en relaciĂłn con el contagio, la gravedad de los pacientes y la vivencia de fracaso ante la elevada mortalidad, todo ello con el sustrato del incremento de las urgencias y el incremento de ingresos hospitalarios, incluyendo los ingresos en las UCI.

Con sensibilidad y oportunidad el CIS pone en marcha una encuesta especĂ­fica, estudio 3312 de febrero de 2021 y que tuve el placer de dirigir, el objetivo era el conjunto de la poblaciĂłn con una muestra poblacional representativa, donde se evidencia y constata el incremento manifiesto de la reactividad emocional en la poblaciĂłn general para todas las edades y en ambos sexos, aunque la forma de expresiĂłn de esa reactividad emocional sea diferente.

La pujanza de estas formas de expresiĂłn emocional, han sido muy diversas con sĂ­ntomas somatizados, sĂ­ntomas de la serie depresiva y ansiosa y con sĂ­ntomas de la serie comportamental. Esta reactividad es lo que mĂĄs ha trascendido a la opiniĂłn pĂşblica, sobre todo con alguno de sus efectos mĂĄs mediĂĄticos, como puede ser el impacto sobre las conductas autolĂ­ticas y, en ĂŠpoca reciente, el incremento de la violencia machista y el uso de las tecnologĂ­as de la informaciĂłn y de la comunicaciĂłn, sobre todo en la adolescencia.

Poco tiempo despuĂŠs de hacerse pĂşblicos los resultados de la encuesta del CIS, un grupo polĂ­tico lo tomĂł como bandera de su intervenciĂłn parlamentaria, lo hizo de forma descontextualizada, tomando algunos resultados de forma tangencial. No obstante, fue Ăştil para la visibilizaciĂłn de la SM en el panorama de la actividad polĂ­tica, sobre todo porque se objetivĂł el estigma de estos temas por parte de algĂşn parlamentario de la oposiciĂłn.

Desde algunos sectores de la izquierda parlamentaria, se retoma el deseo de promulgar una ley de SM, que se ha materializado hace una semana con el registro del proyecto de ley en el Congreso de los Diputados. No cabe dudar que subyacen caracterĂ­sticas bienintencionadas y es indudable que parece que pretenden integrar la participaciĂłn de diversos sectores que incluyen a determinadas asociaciones de familiares de pacientes mentales y diversos grupos y/o asociaciones profesionales. A pesar de estas buenas intenciones, conviene alertar sobre algunos efectos escasamente positivos de forma previsible que se encuentran en este tipo de legislaciones: Lo primero consiste en contemplar la singularidad dentro del SNS para unos servicios y prestaciones, que ya estĂĄn, aunque sea en precario, dentro del mismo y que podrĂ­an interpretarse como unas pretensiones mĂĄs excluyentes hacia el conjunto de los servicios sanitarios, una solicitud de especificidad y/o de primar a unos servicios por encima de los otros. Por otro lado, estas legislaciones tan especĂ­ficas incrementan el riesgo del estigma hacia las personas afectas de trastornos mentales. Existe un posible incremento de considerar la condiciĂłn perifĂŠrica de la SM, con relaciĂłn al conjunto del SNS, al poseer una Ley tan especĂ­fica, particularmente en relaciĂłn con la AtenciĂłn Primaria y en los trabajos de enlace con el Hospital General, asĂ­ como con otras agencias en el territorio desarrollando esta actividad con una perspectiva comunitaria.

En resumen, no parece pertinente la realizaciĂłn de una Ley especĂ­fica de Salud Mental, pues muchos de sus contenidos se encuentran establecidos y contemplados en nuestro marco legal sanitario o se corresponde con otro tipo de documentos (estrategia de SM, guĂ­as de prĂĄctica clĂ­nica, protocolos).

Se debe insistir, cuantas veces sea preciso, que en el anteproyecto presentado hay contenidos que no son propios ni pertinentes de una Ley, sino que son procedimientos clínicos (protocolos, guías de práctica clínica…) que deben contemplarse en la Estrategia de Salud Mental del SNS.

La formaciĂłn de profesionales y la investigaciĂłn son campos muy concretos que se deben abordar especĂ­ficamente en los niveles que compete y no en el seno de una ley segregada del conjunto del SNS.

Esta segregaciĂłn del SNS hace que sea un factor a contemplar, pues se puede favorecer el estigma en vez de afrontarlo con decisiĂłn. Solo la integraciĂłn en el conjunto del SNS contribuirĂĄ a que el estigma disminuya, hasta su deseable desapariciĂłn, en pro de contemplar la aplicaciĂłn de los DD.HH., tambiĂŠn a las personas que padecen trastornos mentales.

Una de las dificultades de la SM en EspaĂąa deriva de su propia importancia clĂ­nica y asistencial y del reconocimiento de las complejidades y singularidades que le son propias, que permanecen sin abordar de forma adecuada. Es evidente que existen resistencias, sociales y profesionales, al avance de un modelo que contemple los derechos en sentido amplio, el trabajo diversificado en el contexto socio-familiar y una perspectiva de abordaje verdaderamente interdisciplinar y con vocaciĂłn preventiva y de promociĂłn de la SM. Por ello precisamos poner el foco de la atenciĂłn polĂ­tica, tĂŠcnica e ideolĂłgica para afrontarlas y avanzar con la pujanza de diversos sectores profesionales, sociales y polĂ­ticos. Esta nueva direcciĂłn de la acciĂłn debemos hacerla con energĂ­a, ideas claras y participaciĂłn socio-comunitaria y profesional. El instrumento mĂĄs consistente para hacerlo es la estrategia de SM, que ya se encuentra en la fase final de su formulaciĂłn definitiva, tras muchos avatares que se han superado con perspectiva de integrar la diversidad y la visiĂłn multiprofesional.

Otra acciĂłn que contribuye en este sentido preventivo y de abordar los problemas de forma precoz y decidida: el reconocimiento de la especialidad de PsiquiatrĂ­a de la Infancia y la Adolescencia, publicada en el BOE de fecha 04.08.2021. En efecto, tras 70 aĂąos de su solicitud inicial, la publicaciĂłn de un proyecto concreto en 1995 y la reiteraciĂłn en mĂşltiples ocasiones y circunstancias, ha acontecido la posibilidad de este reconocimiento de un nuevo derecho a las personas mĂĄs vulnerables y ha sido, como no podĂ­a ser de otra forma, con un gobierno de izquierdas.

La estrategia de SM, de la que me honro ser coordinador cientĂ­fico, incluye aspectos fundamentales como son los aspectos contra el estigma de las afecciones mentales, reitera las bases comunitarias de la asistencia a la SM, establece la importancia de la coordinaciĂłn de los diferentes sectores sociales y la intervenciĂłn familiar, incluyendo la formaciĂłn y las lĂ­neas de investigaciĂłn en SM. Pero tambiĂŠn se desarrollan tres lĂ­neas especĂ­ficas de un gran calado: el abordaje de las conductas autolĂ­ticas y su prevenciĂłn, la atenciĂłn a la infancia y la adolescencia con toda su dimensiĂłn en la prevenciĂłn de los problemas mentales y, por fin, una lĂ­nea especĂ­fica para la atenciĂłn de los problemas surgidos del Covid, tanto sobre la poblaciĂłn general como sobre los profesionales sanitarios.

A partir de aquĂ­ estĂĄ el compromiso de cada una de las CC.AA. a la hora de desarrollar cada lĂ­nea de la estrategia de SM. El Presidente del Gobierno ha formulado en varias ocasiones que la SM debe ser una prioridad, pero ahora se debe pasar a la acciĂłn, lo que supone que el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud asuma esa prioridad con un compromiso real a la hora de establecer exigencia de cumplimiento de los compromisos a las CC.AA.

La evaluaciĂłn de la implementaciĂłn y desarrollo de las sucesivas lĂ­neas estratĂŠgicas debe pasar por la asignaciĂłn presupuestaria suficiente en el seno de los presupuestos que se elaboren en cada CC.AA., en la medida que la gestiĂłn de la sanidad se encuentra transferida.

Pero el Ministerio debe mostrar su compromiso con el acuerdo que se obtenga en el CISNS en torno a la estrategia de SM. Ese compromiso consiste en la supervisiĂłn en el seno del propio CISNS de los pasos que se dan en el desarrollo de esa estrategia. Coordinar esta labor es una prioridad para los prĂłximos aĂąos, lo que supone poner el ĂŠnfasis en algunos puntos clave: el desarrollo de la polĂ­tica de recursos humanos en los dispositivos de SM, la formulaciĂłn y desarrollo de algunas lĂ­neas fundamentales, por ejemplo: infancia y adolescencia, desarrollo de servicios asistenciales intermedios, el abordaje de la prevenciĂłn de la conducta suicida, los programas de atenciĂłn a la sociedad postcovid.

Primer compromiso ineludible: dedicar la financiación suficiente al cumplimiento de los objetivos formulados en la estrategia de SM, lo que supone otorgarle la priorización que debe tener para dejar ese lugar tantas veces formulado: “la hermana pobre del sistema sanitario”.

Integrar intervenciones alternativas a la psicofarmacología supone formación de los profesionales y claridad. La psicoterapia es una técnica eficaz, pero para ello se precisa estar formados los profesionales en esa técnica, ya que la psicoterapia es un instrumento y no una cuestión que se deriva de la titulación académica. Aquí está una clave fundamental: huir de los planteamientos que traducen un corporativismo subyacente y excluyente. La evidencia científica pone en evidencia que el tratamiento adecuado en SM es el conocido como “tratamiento integrado”, es decir: psicofarmacología muy eficaz en los momentos agudos, a lo que se debe añadir el tratamiento psicoterapéutico que consolida su acción a medio y largo plazo.

La única forma de abordar esa complementariedad consiste en el trabajo en equipo multidisciplinar, hacerlo con base comunitaria y trabajando coordinadamente con las agencias que operan en ese territorio determinado (educativas, sociales, comunitarias, laborales,…).

Ya no vale seguir repitiendo lo del incremento de la prevalencia de los cuadros mentales en la población. Si no existe soporte adecuado de base comunitaria, lo que acontecerá será una repetición de lo que está sucediendo en la actualidad. Ante un incremento de la demanda por el incremento de la percepción subjetiva de un malestar mental, se acude al sistema sanitario, pero la atención primaria está en una crisis tremenda y los recursos comunitarios de SM están muy perjudicados por las políticas de recortes. En estas circunstancias la demanda “salta” de la comunidad a la cúspide de la pirámide del modelo de Goldberg & Huxley, al que nos referimos con anterioridad, y sin ningún tipo de filtro ocurre un by pass desde la comunidad al sistema hospitalario, aconteciendo una distorsión de gran relieve al confundir lo que acude al sistema hospitalario con lo que acontece en la comunidad.

La supertecnologizaciĂłn y superespecializaciĂłn distorsiona el sentido de la gravedad y de la relevancia de la clĂ­nica. Se acude al hospital y a urgencias, pero si hubiera existido una adecuada dotaciĂłn de recursos asistenciales y profesionales en la comunidad, desde los CSM a otros dispositivos asistenciales. La contenciĂłn y el desarrollo de tratamientos adecuados de forma pertinente desde la comunidad disminuye ese by-pass de la comunidad a los servicios hospitalarios. A la demanda se le va dando laa respuesta pertinente desde los niveles asistenciales mĂĄs cercanos a la poblaciĂłn y de forma integrada con el conjunto de la asistencia sanitaria.

Estos argumentos son los que posibilitan abordar de forma eficaz, eficiente y efectiva los problemas de salud mental desde el seno del sistema sanitario, por lo que no es necesaria la elaboraciĂłn de una ley especĂ­fica de SM. Es importante que los socialistas retomen el liderazgo en la SM, no es de recibo que les sea usurpada por inacciĂłn o por no tener un contenido adecuado. La SM no consiste en repetir palabras y luego vaciarlas de contenido. La SM consiste en desarrollar programas activos, bien formulados y que puedan ser evaluados de forma conveniente.

Esperemos que, en esta ocasiĂłn, la SM sea considerada con la importancia que se merece y se le reconozca la dimensiĂłn que puede y debe asumir.