La sanidad pública es uno de los pilares de nuestro Estado del bienestar, que garantiza, de manera universal, el acceso a la atención sanitaria con independencia de la renta de las personas. Sin embargo, cada día que pasa más españoles perciben con preocupación que el sistema sanitario público se está deteriorando, lo que aumenta la insatisfacción y, de forma paralela, la utilización de la sanidad privada.
En el último barómetro sanitario realizado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), se observa como la percepción ciudadana sobre el funcionamiento del sistema sanitario en 2025 refleja una tendencia clara de deterioro, con un desplazamiento progresivo desde valoraciones positivas hacia posiciones más críticas.
El porcentaje de personas que consideran que la sanidad pública funciona bastante bien o bien, aunque son necesarios algunos cambios, ha pasado del 53,7 por ciento a principios de año hasta el 48,5 por ciento cuanto está a punto de concluir el mismo. Es decir, solo alrededor de uno de cada ocho ciudadanos señala que la sanidad pública “en general funciona bastante bien”.
En sentido contrario, se observa en los últimos doce meses un aumento de las posiciones críticas con el funcionamiento del sistema sanitario público. Las dos categorías negativas crecen de forma sostenida. En el caso de “necesita cambios fundamentales, aunque algunas cosas funcionan”, pasa del 26,4 por ciento al 28,9 por ciento. Y “funciona mal y necesita cambios profundos”, del 18,7 por ciento al 21,3 por ciento. Lo que significa que estas dos opciones pasan de 45,1 por ciento, a principio de año, al 50 por ciento en estos momentos. Es decir, la mayoría social considera que el sistema sanitario público tiene problemas estructurales, no meramente puntuales.
La lectura es evidente, la sanidad pública no está colapsada, pero sí debilitada, y la gente lo percibe. Esto, está aumentando la insatisfacción. Una insatisfacción que no es solo una opinión, sino una experiencia, una vivencia de la vida cotidiana con listas de espera interminables, atención primaria colapsada, dificultad para acceder a especialistas y profesionales exhaustos.
Así, el grado de satisfacción con el funcionamiento del sistema sanitario público en España, en una escala donde 1 es muy satisfecho y 10 muy insatisfecho, cae de una nota media de 6,15 a principios de 2025 a 5,89 en estos momentos finales del año.
Lo que está pasando no es neutral, es fruto de las decisiones políticas que están tomando las Comunidades Autónomas gobernadas por el PP, donde la derivación de recursos públicos al negocio privado es una constante que aumenta día a día, por encima de cualquier consideración hacia unos ciudadanos, que en muchas ocasiones no son conscientes de la gravedad de lo que sucede, hasta que es demasiado tarde.
Cuando en la encuesta del CIS se pregunta: “Si Ud. o algún miembro de su hogar tuvieran que utilizar un servicio sanitario y Ud. pudiera elegir, ¿acudiría a un centro público o privado…?”, se observa una pérdida progresiva de apoyo exclusivo a la sanidad pública, especialmente en ámbitos clave como la atención primaria y las consultas de especialistas.
En relación con acudir a la consulta del médico de cabecera o de familia y al pediatra, durante 2025 se ha pasado de un 70,5 por ciento, que, a principio de año, elegiría la sanidad pública frente al 27,3 por ciento que optaría por la privada, a un 68,8 por ciento que elegiría la pública y un 29,2 por ciento la privada a final de año.
Esta evolución refleja un malestar creciente con una atención primaria, saturada, con agendas sobrecargadas y dificultades para acceder a citas en tiempos razonables.
En las consultas de especialista es donde se observa mayor trasvase al sector privado. En la primera oleada de 2025, el 40,7 por ciento elegiría la sanidad privada; en la segunda, esa cifra se eleva hasta el 43,3 por ciento. Y aunque en la tercera oleada baja ligeramente hasta el 39,2 por ciento, la realidad es que cuatro de cada diez personas prefieren el sector privado para este tipo de atención.
Por último, el ingreso hospitalario y las urgencias continúan siendo los ámbitos donde la sanidad pública mantiene una mayoría de confianza por encima del 70 por ciento. Sin embargo, incluso aquí se observa un aumento del recurso a la privada, lo que indica que el deterioro percibido ya no se limita a la atención primaria.
Esta realidad, permite observar un círculo vicioso de la sanidad perfectamente diseñado:
Por tanto, podemos decir que no estamos ante un fracaso del modelo público, sino ante una decisión política que solo los ciudadanos podemos revertir con nuestros votos. Está en juego nuestra salud y mucho dinero de nuestros impuestos que acaba en manos privadas.
Los españoles siguen confiando en la sanidad pública, pero ven que la están dejando caer. Por tanto, no valen excusas, hay que activarse como ciudadanos, porque proteger la sanidad pública es una urgencia democrática y vital en nuestra sociedad.
Cuando la sanidad pública se deteriora, alguien gana. Y nunca son los pacientes.


