En la película “El Padrino”, Tom Hagen, el consigliere de la familia Corleone, interpretado magníficamente por el actor Robert Duvall, dice la frase “no es nada personal, son solo negocios”, para justificar que lo que van a hacer es por el bien de su poder mafioso más que por odio personal.
Pues bien, con esta escena de fondo, hay que decir que lo que ciertas elites económicas, mediáticas, judiciales y políticas de la derecha y de la extrema derecha, están haciendo a Pedro Sanchez y su familia es propio de corleones de baja estopa y altas ambiciones. Aunque con la diferencia de que, para estos, además de ser algo personal, lo están haciendo por lo que representan las políticas del presidente del gobierno en la transformación de España, y porque son élites que quieren poder, poder y poder al precio que sea.
El discurso del odio, la mentira y la desinformación, junto con la estrategia de acoso y derribo sistemático al adversario político, en este caso Pedro Sánchez, al que consideran su enemigo, había llegado a unos límites insoportables en España, que ahora se ven sobrepasados al incluir, sin ningún pudor, a su familia.
“Necesito parar y reflexionar. Me urge responderme a la pregunta de si merece la pena, pese al fango en el que la derecha y la ultraderecha pretenden convertir la política. Si debo continuar al frente del Gobierno o renunciar a este alto honor”. Estas palabras, están en la carta que el presidente del gobierno publicaba en las redes sociales para anunciar un periodo de reflexión de varios días.
Las reacciones no se han hecho esperar. Pero lo que parece claro es que desgraciadamente, y pase lo que pase el lunes, algunas élites económicas, mediáticas, judiciales y políticas de la derecha y de la extrema derecha continuarán con la estrategia de crispación, de acoso y derribo hacia el presidente del gobierno y lo que representa, porque creen que es el único camino posible que tienen para asaltar el poder.
Ante esta situación de excepcionalidad democrática, donde se pretende acabar con la persona que los españoles han elegido presidente del gobierno, pero sobre todo con lo que representan sus políticas, los ciudadanos tienen que reaccionar para defender la democracia por encima de cualquier posicionamiento ideológico.
No se puede normalizar o creer que como ciudadano se está al margen del deterioro de la convivencia que esta estrategia de crispación y odio está provocando. Hay que reaccionar de una manera cívica, pero contundente, para que el respeto mutuo, la tolerancia y la fraternidad vuelvan al espacio público y a la sociedad en su conjunto.
Hay que ser activos para defender la democracia frente a unas élites que pretenden mantener y aumentar sus privilegios. Hay que castigar políticamente con el voto, socialmente con el rechazo, y económicamente con el no consumo, a aquellos que fomentan la división, rompen la cohesión social y están poniendo en riesgo la supervivencia de la democracia como forma de gobierno, al cuestionar constantemente a los gobiernos elegidos por los ciudadanos cuando no les gustan.
George Washington, primer presidente de Estados Unidos, en su discurso de despedida, el 19 de septiembre de 1796, en Filadelfia, señaló los peligros de las divisiones partidistas y cómo estas podían poner en riesgo la estabilidad de la nación. Afirmó que “uno de los medios que utilizan los facciosos para lograr influjo en los distritos particulares consiste en desfigurar las opiniones y deseos de los otros. Toda cautela será escasa contra los celos y discordias que originan estos manejos, dirigidos a disociar el afecto mutuo de los que deben estar unidos como hermanos.”
Toda cautela será escasa contra los que nos quieren dividir en trincheras y grupos según nuestras opiniones, gustos, creencias o procedencias, porque como señalaba Washington, “una nación dominada por el odio o el resentimiento, obliga a la vez al gobierno a entrar en una guerra opuesta a los mejores cálculos de la política”.
En estos momentos difíciles, hay que resistir, y al mismo tiempo, combatir de manera pacífica pero contundente la injusticia, porque “la perseverancia y el espíritu han hecho maravillas en todas las épocas”, como dijo Washington. Pero ahora la perseverancia tiene que ser colectiva, de los españoles frente a tanto odio y mentira. Reafirmando los principios democráticos de libertad, igualdad y fraternidad.
Una fraternidad asentada en el respeto y en la tolerancia. Pero también en la construcción de un diálogo constructivo que, partiendo de escuchar y entender las opiniones diferentes, nos haga llegar a acuerdos y avanzar colectivamente como país, e individualmente en nuestro bienestar.
Hay que practicar con los hechos una democracia del respeto, donde se rechace el frentismo y la división, y donde seamos conscientes que la diversidad de opiniones enriquece nuestra sociedad. Porque cuando todas las voces son escuchadas y consideradas en la toma de decisiones avanzamos a hacia una democracia más fuerte y mejor.
Estos días, más que nunca, hay que tener claro que enfrentarnos al discurso del odio es una urgencia moral, cívica y práctica.
Los españoles debemos tener valentía moral, compromiso ético y coraje democrático, para decir basta al odio y al insulto. Porque las democracias triunfan y se mantienen por el respeto a las leyes, pero fundamentalmente por las actitudes y comportamientos de sus ciudadanos y sus lideres.
Defendamos la verdad frente a la desinformación y el bulo permanente. Demandamos más trasparencia y honestidad. Recuperemos una democracia del respeto en España, que sitúe a la persona en el centro, porque reconoce el valor y la dignidad del ser humano, y la consideración mutua entre ellos.
En democracia no todo vale. Animo a todos los españoles a ser activos en la construcción de una democracia mejor para España. Los animo a un compromiso continuo con los valores democráticos y a una vigilancia activa y constante contra quienes buscan socavarlos.
Tenemos que recuperar el respeto mutuo como necesidad práctica para sostener nuestra democracia. Y el primer paso, hoy, es decir basta al discurso del odio. Basta a la estrategia de crispación. El segundo, es ser activos porque desgraciadamente para estas élites “solo son negocios”, y continuarán hasta llevarnos al abismo.
