El sistema de partidos políticos dentro de las democracias se desenvuelve entre la confirmación constitucional del papel central que cumplen. En el caso español, en el artículo seis donde señala que “Los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política. Su creación y el ejercicio de su actividad son libres dentro del respeto a la Constitución y a la ley. Su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos.”. Y la necesidad de establecer controles sobre ellos para que no puedan poner en riesgo el propio sistema democrático.

La tensión entre estas dos dimensiones, unido al alejamiento de los partidos de amplias capas de la población, está provocando que los partidos políticos sean vistos como estructuras cerradas y burocratizadas, desfasadas y apartadas de las necesidades, las inquietudes, las aspiraciones y los problemas de los ciudadanos.

La desconfianza de los ciudadanos hacia los partidos políticos se consolida como un fenómeno estructural. También en el caso español donde la confianza en ellos se encuentra en mínimos muy preocupantes.  Lo que pone en grave riesgo la pervivencia de la democracia como sistema político y favorece el apoyo a lideres populistas que pueden acabar con el sistema desde dentro.

Viendo la evolución de la confianza en los partidos políticos desde 2021 a 2024, en las distintas encuestas sobre Tendencias Sociales realizadas, en esos años, por el Centro de Investigaciones Sociológicas, se constata en primer lugar un leve repunte entre 2021 y 2023, donde la media de confianza pasó de 3,5 a 3,82, en una escala del 1 al 10, donde 1 es la mínima confianza y 10 la máxima confianza.

El año 2024 marca un retroceso alarmante, donde la confianza cae hasta el 3,19, un descenso del 16,5 por ciento en un solo año. Este declive no solo evidencia el desgaste del sistema de partidos, sino que profundiza una tendencia de desapego sostenida en el tiempo, que se está viendo agudizada por la estrategia de crispación y polarización que las derechas política, económica, mediática y judicial están llevando a cabo para derribar el gobierno de coalición.

Un dato clave lo resume todo: el porcentaje de encuestados que valoran a los partidos políticos con un 1 (mínima confianza) ha pasado del 29,2 por ciento en 2021 al 42 por ciento en 2024. Y si sumamos los porcentajes de quienes sitúan su confianza en los partidos en el 1, 2, y 3 de la escala, llega al 58,5 por ciento en el año 2024. Unas cifras que reflejan un creciente rechazo a las formaciones políticas tradicionales, sin diferencias significativas entre hombres y mujeres, aunque sí con matices relevantes por edad, nivel educativo, clase social y posicionamiento ideológico.

Junto a lo anterior, los españoles que declaran tener una confianza máxima en los partidos políticos ha evolucionado desde el 0,6 por ciento en el año 2021 al 1,7 por ciento en el año 2024. Un porcentaje residual, que juntando los porcentajes de quienes sitúan su confianza en los partidos en el 8, 9 y 10 de la escala, llega solo al 5,9 por ciento de la población.

Los partidos políticos necesitan reconectar con la gente. Tienen que recuperar la sintonía con los ciudadanos, porque son impulsores y guardianes de la democracia.

Impulsores, porque con su comportamiento diario deben potenciar y articular el pluralismo que existe en la sociedad, fomentar la participación y articular la voluntad popular hacia la consecución de más y mejores espacios democráticos, que traerán más justicia social e igualdad al conjunto de la población. Impulsores, porque ayudan a promover y mejorar la democracia.

Guardianes, porque ante los peligros que acechan a la democracia, en forma de incremento de la desigualdad, acumulación extrema de la riqueza, ruptura del contrato social, polarización social y económica, populismos y autoritarismos, tienen que poner las barreras internas en sus organizaciones, y externas en las instituciones y en sus formas de actuar y decidir, para garantizar el funcionamiento adecuado de la democracia. Lo cual incluye evitar que personas autoritarias puedan llegar al poder, y abstenerse de llegar al poder mediante coaliciones o apoyos con otras formaciones políticas que pueden ser legales, pero su objetivo es debilitar o acabar con la democracia. Guardianes, porque defienden la democracia y sus instituciones.

Veremos.