22 de abril. Día de la Tierra.
El 22 de abril se celebra el Día de la Tierra, que conmemora que el 22 de abril de 1970 -hace 55 años- millones de personas salieron a las calles de ciudades y pueblos estadounidenses en protestas masivas por el daño causado al planeta y sus recursos, generando un movimiento planetario que se mantiene hasta la actualidad, incluso en un marco en el que la reacción –encabezada ahora por EEUU- pone en cuestión una realidad desgraciadamente más negativa para el propio bienestar de la población.
Este movimiento, iniciado hace 55 años, favoreció que en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo de 1992 en Río de Janeiro, se establecieran la Convención de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (base de las actuales Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático), la Convención de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica (COP sobre Biodiversidad), y se institucionalizara la Comisión de Desarrollo Sostenible para monitorear e informar sobre la implementación de los acuerdos de la Cumbre de la Tierra, con vigencia actual para seguir los logros en la Agenda 2030 y sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Aspectos todos ellos estigmatizados y combatidos frontalmente por las tendencias derechistas de Trump y sus acólitos europeos.
En particular, hay que señalar que, este año, el Día de la Tierra se centra en las energías renovables y en la necesidad de aumentar significativamente la generación de electricidad limpia para 2030, promoviendo que más que se triplique la existente en la actualidad, si se quiere viabilizar el objetivo de limitar el calentamiento global a cifras no absolutamente catastróficas para la Humanidad.
En ese sentido, el Día de la Tierra entronca con las preocupaciones del anterior artículo en lo que se refiere a potenciar un autoconsumo energético basado en la generación de energía eléctrica renovable –fundamentalmente fotovoltaica- que, junto a la potenciación del almacenamiento y el apoyo a la creación de comunidades de energía renovable, pueden y deben ser parte fundamental de la transformación energética que permita su electrificación y descarbonización. Y ello a la vez que el proceso de descentralización y autogestión que implica el autoconsumo va a permitir avanzar en la democratización (auto-dependencia) de la energía, en la seguridad energética individual –para familias y empresas- y del país, y en el logro de ventajas comparativas respecto a los países de la UE, desde la perspectiva de un precio más reducido de la energía.
Ya señalábamos que en este proceso han colaborado la estandarización de las instalaciones, la reducción de sus costes y, sobre todo, la nueva política gubernamental con la nueva regulación introducida desde 2018, que simplificó la actividad de autoproducción, suprimió peajes y cargos para la energía auto-producida –supresión del llamado “impuesto al sol”- y permitió la compensación económica por los excedentes inyectados en la red.
La complementariedad del almacenamiento para el autoconsumo.
Si en el artículo anterior destacábamos la importancia del autoconsumo, en este hemos de referirnos al papel fundamental de la instalación de mecanismos de almacenamiento energético, y particularmente de baterías, como complemento imprescindible para incrementar la eficiencia del autoconsumo, a la hora de satisfacer la demanda en momentos y situaciones en que la generación fotovoltaica no pueda hacerlo.
La instalación de baterías ha seguido una pauta en los últimos años que, sobre todo, ha venido favorecida por la evolución registrada en los precios de la energía y por la propia evolución tecnológica y de reducción de costes de las baterías. El record de 2022, con los 406 MWh instalados de autoconsumo, fundamentalmente en el sector residencial, fueron impulsados por unos precios disparados de la energía como consecuencia de las medidas ligadas a la invasión rusa de Ucrania. Estabilizada en parte la situación energética en la UE, en 2023 las instalaciones ascendieron solo a 128 MWh, tanto por la reducción de las ayudas a esta instalación, como por la reducción del precio de la energía, continuando el sector residencial siendo el demandante más significativo. En 2024 se ha incrementado el almacenamiento a 155 MWh, aunque ya con una inversión en baterías generada fundamentalmente por la industria (93 MWh), que busca una estabilización en los precios de su electricidad, evitando los grandes desequilibrios presentes en la actualidad entre las horas con precio cero o negativo y las horas de precios máximos por déficit de generación de renovable[1].
En ese sentido, hay que tener en cuenta que, a medida que disminuyen los costos de las baterías, la incorporación del almacenamiento al autoconsumo fotovoltaico implica claras ventajas. Así, el precio medio de los paquetes de baterías de iones de litio ha bajado desde los 715 dólares, en 2014, hasta los 165 dólares, en 2020, y a los 115, en 2024, lo que supone una reducción de costes de más del 30% solo en 4 años. Aunque hay que tener en cuenta que la fuerte dinámica de reducción de precio registrada entre 2014 y 2020 ha pasado a una cierta estabilización de estos en la actualidad, con precios del entorno de los 110 dólares.
En todo caso, contamos con la tecnología, la capacidad industrial y el conocimiento para convertir el autoconsumo ligado al almacenamiento en un pilar esencial de la transición energética. El crecimiento potencial de la generación fotovoltaica de electricidad ligado a los altos potenciales relativos de soleamiento – tal y como apreciamos en la Figura siguiente[2]– y al potencial de los tejados para la instalación de placas solares en España, viene acompañado de las elevadas posibilidades del almacenamiento como mecanismo de estabilización de la red, tanto a nivel individual como con el uso de sistemas de almacenamiento de baterías a gran escala.
Pero para aprovechar este potencial de la autoproducción se necesita una impulsión al almacenamiento, para lo que sería necesario resolver los obstáculos que actualmente están frenando esta capacidad de almacenamiento como consecuencia de restricciones regulatorias que dificultan la instalación de sistemas de almacenamiento ligados a los parques solares y eólicos, o algunas de las normas y estándares técnicos que obligan, por ejemplo, a pagar tarifas dobles al cobrarse por una misma electricidad suministrada para su almacenamiento y emitida para su emisión a la red cuando es necesaria.
E igualmente para el autoconsumo deberían promoverse normas claras que, asegurando la seguridad y la estética, faciliten el aprovechamiento en terrazas, balcones o fachadas de edificios de viviendas, considerando un tratamiento similar al de un electrodoméstico, o aparato de aire acondicionado, para los paneles colocados en el interior de una terraza particular de una vivienda o en el exterior soportado sobre la barandilla de la misma.
El PNIEC 2023-2030 vigente prevé el desarrollo del almacenamiento como mecanismo para otorgar flexibilidad al sistema eléctrico, contribuir a la gestión de las redes eléctricas, favorecer la participación de la ciudadanía en el cambio de modelo energético, y lograr una mayor competencia e integración en el mercado eléctrico. Pretende conseguir 11,6 GWh en 2025 como senda para conseguir los 22,5 GWh en 2030, con una previsión de almacenamiento estacional de 10 GWh. Cifras ellas muy distantes de las que caracterizan la situación actual, como antes señalábamos, aunque hay que precisar que la capacidad de acceso a redes es una fuerte restricción a su desarrollo y que, incluyendo el almacenamiento ligado a la capacidad de bombeo hidráulico y el térmico, podemos señalar que existen del orden de 7,3GWh en servicio, 12,3GWh con permisos de acceso y conexión y 16,5 GWh en curso. En todo caso, la puesta en marcha del mercado de capacidad, con sus previsiones de establecer una forma competitiva de remuneración del almacenamiento, va a implicar, sin duda una potenciación del mismo, con un papel creciente para la hibridación en el conjunto del sistema.
Comunidades energéticas renovables.
La autosuficiencia energética de familias y empresas a través de la autoproducción tiene, en las comunidades energéticas renovables, el complemento básico para la transformación social del sistema energético hacia la autosuficiencia.
Parte del principio de que la energía compartida a nivel local o de una comunidad específica es una alternativa viable, eficiente en términos de ahorro y auto-independencia y beneficiosa en términos de coste para el conjunto de implicados. No obstante, en España no se han aprovechado los enormes potenciales asociados al uso conjunto de las energías renovables para la creación de comunidades energéticas renovables municipales o de colectivos industriales o del sector servicios, en gran parte porque la complejidad de su desarrollo requiere de apoyos institucionales para viabilizarlas.
Aunque el PNIEC 2023-2030 pretende acelerar esta evolución, los cambios regulatorios precisos no se han producido en la forma y con la celeridad necesarias, permaneciendo una elevada inseguridad jurídica sobre las condiciones de su establecimiento y sobre la viabilidad y sostenibilidad autónoma. No obstante, se ha producido, en 2024, una aceleración en la aportación del autoconsumo colectivo y de las comunidades energéticas renovables, que hay que valorar muy positivamente ya que constituyen un avance claro hacia la generación distribuida compartida como forma alternativa a las redes centralizadas y oligopólicas predominantes en la actualidad en España.
Y, en ese sentido, es positivo comparar cómo van evolucionando los CAPEX (coste de capital para viabilizar y mantener la inversión en una actividad a largo plazo) de las tecnologías en energías renovables normalmente asociadas a estos colectivos y comunidades energéticas renovables.
Algunas reflexiones finales.
España se está beneficiando de un desarrollo de las renovables que le permiten disponer de precios más reducidos de su electricidad, que casi llegan a igualar a los de EEUU, eliminando las desventajas comparativas que sí soportan otros países europeos como, sobre todo, Alemania.
Hace veinte años, España tenía unos niveles de dependencia energética muy por encima de la media de la UE. Importaba prácticamente el 100% del uranio, del gas y del petróleo, y cerca del 50% de su electricidad. Hoy, contando con la energía solar, eólica e hidroeléctrica, las renovables han llegado a representar el 65% de la generación eléctrica, en 2024, creciendo más de un 40%, desde 2021, en dicha participación, siendo una baza fundamental para la reducción del precio medio de la electricidad en el entorno del 20%.
El PNIEC 2023-2030 establece entre sus objetivos lograr para el año horizonte -2030- un 48% de renovables sobre el uso final de la energía, la participación de un 81% de las energías renovables en el “mix” de generación eléctrica; y la reducción de la dependencia energética española hasta el 51% de la demanda energética total.
Como apreciamos, se mantiene un improbable incremento de la producción de energías renovables de 2023 a 2025, de 3305 ktep/año, cuando entre 2020 y 2023 la media ha sido de 1.085 ktep/año, lo que dificultará la consecución de la disminución de la dependencia energética para los niveles previstos en 2025 (61%) pese a que la demanda primaria total se prevé que se reduzca en una improbable cantidad de 1.629 ktep/año, frente al incremento de dicha demanda de 1.606 ktep/año entre el año 2020 y el 2023.
Gran parte de la mejora prevista en la dependencia energética se asocia con previsiones de ahorro energético directamente trasladados de los objetivos de ahorro energético establecidos por la Directiva de Eficiencia Energética Europea que exige alcanzar ahorros anuales en términos de energía final, respecto a la media del consumo de los años 2016 a 2018, del 1,3% en 2024 y 2025, del 1,5% en 2026 y 2027 y del 1,9% en 2028, 2029 y 2030. Objetivos que habrá que esperar a los datos finales de 2024 para valorar su grado de cumplimiento, pero sobre la que la dinámica recogida en el Balance Energético Provisional de 2023 no permite ser optimistas.
En el artículo anterior nos referíamos al Informe de APPA (2025) sobre autoconsumo fotovoltaico, destacando cómo los problemas de falta de capacidad de las redes y las limitaciones tanto técnicas como regulatorias, han venido reduciendo la capacidad de aprovechar todo el potencial fotovoltaico para autoconsumo ya instalado y disponible en España, estimando el mismo en un 19% del total, en 2024, que ha tenido que ser sustituido por un mix energético en el que más del 40% sigue siendo no renovable.
En el Escenario español para 2030 la expansión del autoconsumo y de las comunidades energéticas se encuentran pendientes de modificaciones legislativas que eliminen las trabas existentes a su expansión en viviendas o conjuntos plurifamiliares y consolide el derecho a compartir energía; y donde la capacidad de almacenamiento, fundamental para poder lograr una suficiente autonomía con base a las energías renovables, deje de tener restricciones estableciendo, al menos, un régimen económico para el almacenamiento o la participación de éste en los distintos servicios de ajuste que no impida su desarrollo y consolidación, siendo en ese aspecto fundamental la regulación final que se establezca para los mercados de capacidad
Resolver los problemas existentes y lograr que la energía renovable, fundamentalmente para autoconsumo y complementariamente para el sistema centralizado, llegue a suponer el 80% para 2030, según prevé el PNIEC 2023-2030, implicaría una caída adicional de los precios de la electricidad del orden de otro 20% adicional, lo que mejoraría las ventajas competitivas españolas por su menor precio relativo de la energía.
Como se ha señalado, en el avance registrado del autoconsumo -casi exponencial- han sido fundamentales la estandarización de las instalaciones, la reducción de sus costes y la nueva regulación introducida desde 2018 que simplificó la actividad, suprimió peajes y cargos para la energía auto-producida –supresión del llamado “impuesto al sol”- y permitió la compensación económica por los excedentes inyectados en la red. Con ello el PNIEC 2023-2030 ha elevado su estimación, para 2030, hasta los 19 GW, lo que permitiría cubrir hasta el 11% de la demanda eléctrica del país.
Si se quiere que el autoconsumo sea significativo en la electrificación y descarbonización del sistema energético español, en la democratización de la energía y en la seguridad energética del país, ya que el autoconsumo tiene una repercusión relevante en el uso de fuentes autóctonas de energía y en el aumento de la resiliencia frente a fenómenos adversos que afecten a las redes eléctricas generales, es fundamental reforzar la información y sensibilización en torno al mismo. Como concluye el informe antes citado “El Momento de la Electrificación”, presentado recientemente por APPA Renovables, los costes energéticos de un hogar electrificado son hasta un 64% menores (1.433 € anuales) que un hogar dependiente de combustibles fósiles. De igual manera, estos ahorros vinculados a la electrificación de procesos también se multiplican para las empresas. Por ejemplo, el coste total de propiedad de las bombas de calor industriales es, entre un 51% y un 61%, menor que la alternativa fósil para procesos de hasta 100ºC.
La urgencia e importancia de la intervención de la administración española para introducir las modificaciones normativas que permitan una trasformación significativa del sistema energético español hacia la autosuficiencia e independencia frente al exterior queda clara.
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[1] Como señala APPA (2025, https://www.appa.es/informe-el-momento-electrificacion-energia-renovable-economia-competitiva/ pág. 15) en 2024 el precio medio horario de la electricidad ha oscilado entre los 33,73 €/MWh en las horas de menor demanda y los 94,81 €/MWh en los momentos de mayor consumo, generando un diferencial superior a 60 €/MWh, lo que ha supuesto un incentivo para las instalaciones de almacenamiento.
[2] La UE tuvo una producción fotovoltaica de 304TWh frente a los 11.100 TWh potenciales si se instalaran todos los paneles solares posibles. Es decir, existe capacidad de multiplicar por más de 36 veces la producción fotovoltaica europea, con los potenciales más elevados principalmente en el sur de Europa. https://www.newtral.es/potencial-solar-espana-2/20250402/#:~:text=La%20UE%20podr%C3%ADa%20generar%20hasta,explica%20el%20informe%20de%20Ember.




