El prĂłximo 6 de febrero el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) debe aprobar una propuesta de reforma de su propio modo de elecciĂłn. Todos los medios apuntan a que el acuerdo entre la derecha y la izquierda para ofrecer una propuesta que represente a todo el Ăłrgano se presenta muy difĂ­cil, por no decir imposible. El enfrentamiento entre los dos bandos del CGPJ es absoluto, pues la derecha quiere excluir al Parlamento de la elecciĂłn, mientras la izquierda defiende la participaciĂłn parlamentaria en la elecciĂłn. El enfrentamiento es tan intenso, que la derecha ni siquiera acepta que se ofrezcan dos informes distintos. Nunca la derecha ha sido tolerante con las opiniones disidentes de la suya propia.

El conflicto, como hemos visto tantas veces en esta secciĂłn, se mueve sobre dos planos distintos, el prĂĄctico y el teĂłrico, que tiende a enmascarar la rudeza del nivel prĂĄctico.

Para entender el plano prĂĄctico del conflicto hay que recordar que en este paĂ­s tenemos una derecha polĂ­tica y una derecha judicial. Ambas derechas son concordantes en sus planteamientos y en algunos de sus fines, pero son sociolĂłgicamente distintas y poseen ademĂĄs ciertos fines distintos. La derecha polĂ­tica en EspaĂąa nunca se ha caracterizado por su vocaciĂłn democrĂĄtica y siempre ha intentado limitar las atribuciones de los dos Ăłrganos genuinamente democrĂĄticos, que son el Parlamento y, por la investidura de ĂŠste, el Gobierno. Para la derecha polĂ­tica, si hay zonas de la organizaciĂłn del Estado inmunes al control democrĂĄtico, mejor que mejor. Esta idea en realidad ya no responde a los intereses de la derecha porque cada vez mĂĄs hay Gobiernos autoritarios que han salido del sufragio universal (Estados Unidos, Argentina, HungrĂ­a, antes Brasil), por lo que a la derecha le deberĂ­a interesar que el Parlamento no encuentre limitaciones. Pero su elitismo y su rechazo al principio democrĂĄtico les lleva a defender la limitaciĂłn de las atribuciones del Parlamento por medio de Ăłrganos menos representativos, como pueden ser, entre otros, un consejo de la judicatura.

El planteamiento de la derecha judicial es concordante, pero no igual. Como en otros paĂ­ses, los miembros del Poder Judicial son mayoritariamente conservadores y, como todo colectivo conservador, trata de librarse del control democrĂĄtico creando ĂĄreas de decisiĂłn y de gestiĂłn donde no pueda intervenir el poder democrĂĄtico, esto es, ni el Parlamento ni el Gobierno. Como la ConstituciĂłn habla del Poder Judicial, la derecha judicial intenta desde 1978 disponer de un ĂĄmbito de poder propio donde no intervengan los Ăłrganos que representan a los ciudadanos, Parlamento y Gobierno. Naturalmente, esta pretensiĂłn descansa sobre una idea equivocada: no pueden tener la misma autonomĂ­a ni las mismas facultades los Ăłrganos o poderes que representan a los ciudadanos que los Ăłrganos o poderes formados por funcionarios que no tienen otra legitimidad que el haber ganado una oposiciĂłn.

Esa es la base de las pretensiones de las dos derechas. La derecha polĂ­tica ha descubierto que un poder no controlado democrĂĄticamente puede ayudar a hacer oposiciĂłn e, incluso, si se puede, a derribar Gobiernos. La derecha judicial quiere autonomĂ­a porque, como todo corporativismo, defiende mejor sus intereses si en su gestiĂłn no intervienen poderes externos.

Y para defender intereses corporativos (de la derecha judicial) y espurios (de la derecha política), una y otra han levantado toda una teoría que pretende que los jueces deben elegir ellos mimos al CGPJ porque éste representa al Poder Judicial. No es cierto. El CGPJ (que ni siquiera forma parte del Poder Judicial, aunque es su órgano de gobierno) no es el Parlamento de los jueves ni tampoco es su comité de empresa. Es el órgano encargado de gestionar un servicio público, el servicio público de la Justicia, que está, como todos los servicios públicos, para beneficiar a la ciudadanía. Por eso, el CPPJ no representa a los jueces, sino que debe servir a los ciudadanos. De ahí que los representantes de los ciudadanos (el Parlamento) deban elegir a las personas que gestionen ese servicio público y, como en todo Parlamento, CON CRITERIOS POLÍTICOS expresivos de la mayoría social de cada momento.

Esa es la realidad polĂ­tica que late detrĂĄs de la lucha constante de las dos derechas por controlar el CGPJ. Para una, para la derecha judicial, con el fin de gozar de la independencia propia de todo corporativismo. Para otra, la derecha polĂ­tica, con el fin de utilizar el Poder Judicial como instrumento adicional de oposiciĂłn y para derribar al Gobierno legĂ­timo. Por eso, va a ser muy difĂ­cil el acuerdo, pues las derechas sĂłlo aceptarĂ­an un acuerdo que les asegurara el control del CGPJ al margen del Parlamento. SĂłlo entienden que todo el poder vaya a los jueces.