España va camino de conseguir otro récor de turistas este año. Esta realidad, hace necesaria una constante evolución y mejora en un sector que es clave para la economía española. Hay que estar atentos a los desafíos del cambio climático, que puede modificar mucho las costumbres de los turistas ante las reiteradas olas de calor. Evaluar permanentemente los riesgos geopolíticos y las posibles futuras pandemias. Mejorar las condiciones laborales y de los salarios, para incrementar la calidad y frenar la escasez de personal. Y hacer frente a problemas como el de los pisos turísticos y la gentrificación.

Durante los últimos años, se han intensificado las protestas en relación con esta última cuestión ante el fuerte impacto que están teniendo los pisos turísticos en el acceso a la vivienda, en la dinámica de las ciudades y en el propio funcionamiento de servicios públicos esenciales, como educación y sanidad, al no ocuparse plazas por falta de vivienda en alquiler o precios prohibitivos, en algunas zonas del país.

Al convertirse vivienda residencial en alojamientos turísticos, por ser más rentable para los propietarios, se reduce la oferta de alquiler a largo plazo, aumentan los precios y se expulsa a ciudadanos, en un proceso de gentrificación que sustituye a los vecinos de toda la vida por turistas.

Todo ello, en un ecosistema donde se produce una alteración de la convivencia cotidiana en estos barrios y en los edificios donde se reducen los residentes y aumentan los turistas, porque se incrementa el ruido, el trasiego a horas intempestivas, la falta de respeto a las normas de descanso y convivencia, y los conflictos.

La desregulación que llevó al boom de los pisos turísticos ha llegado a un punto en el que los ciudadanos creen que es preciso su regulación, para que el acceso a la vivienda sea real para los residentes, para garantizar la convivencia y para que los barrios no pierdan su identidad y se conviertan en parques temáticos sin alma.

Concretamente, el 76,3 por ciento de los españoles es partidario de que se controle la expansión de los pisos turísticos en España, mientras un 13,6 por ciento opina que no, según la encuesta “Turismo y gastronomía (II)”, realizada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) recientemente.

Si profundizamos más en los datos:

  • Las mujeres están más a favor de que se controle la expansión de los pisos turísticos que los hombres. Concretamente, un 78,9 por ciento está a favor de este control frente a un 73,6 por ciento de los hombres. Por su parte, es mayor el porcentaje de hombres que es partidario de no controlar esta expansión (16,8 %) frente a las mujeres (10,6 %).
  • Por estudios, las personas con estudios Superiores (81%), con Formación profesional (78,8%), y con estudios de secundaria 2ª etapa (78,7%), son los que están más a favor de controlar la expansión de los pisos turísticos.

  • Por tamaño del municipio, los ciudadanos que viven en grandes ciudades son los más partidarios de que se controle la expansión de pisos turísticos, especialmente, a partir de poblaciones de más de cien mil habitantes.

  • Por voto en las elecciones generales, los ciudadanos que votan a partidos de derecha o extrema derecha presentan porcentajes más bajos de apoyo al control de la expansión de los pisos turísticos en España. Concretamente, entre los votantes del PP están a favor del control el 71,5 por ciento y entre los votantes de Vox, el 61,9 por ciento.

  • Por auto ubicación ideológica, las personas que se sitúan en la izquierda son más partidarias de controlar la expansión de los pisos turísticos, estando los mayores porcentajes en el 2, 3 y 4 de la escala, y los menores en el 7, 9 y 10.

Es cierto que es un problema complejo, pero hay que abordarlo como está haciendo el gobierno de España, y en colaboración con todas las administraciones, buscando un equilibrio entre el bienestar de los residentes, que se pueda acceder a una vivienda y la actividad turística que es de vital importancia, por los ingresos que genera, para muchas ciudades. Todo ello, dentro de un enfoque que tenga por objetivo lograr que la vivienda sea un derecho para todos los ciudadanos, no el negocio de unos pocos.

Cada país lo está haciendo con diferentes estrategias, desde limitar las licencias y días, con impuestos, acotando áreas, hasta obligar a los propietarios a volver al mercado residencial o llegar a acuerdos con las plataformas para que se cumplan las regulaciones.

En todo caso, hay que dar una respuesta ya, porque el problema se incrementa día a día, y son necesarias regulaciones claras, que se adapten a una realidad cambiante con la participación los ciudadanos. Y para que se cumplan las normas y se pueda analizar el impacto de éstas en todos los planos, hay que utilizar toda la tecnología que hay disponible en la actualidad. No se puede seguir consintiendo el millonario negocio de los pisos turísticos ilegales y publicitados en las plataformas.

Es urgente para mejorar al acceso a la vivienda. Es esencial para renovar las dinámicas de nuestras ciudades y la convivencia dentro de ellas. Es imprescindible para optimizar nuestro sector turístico.