La propuesta del primer ministro francĂ©s, Manuel Valls, sobre la reforma laboral ha supuesto una divisiĂłn interna muy significativa dentro del Partido Socialista hasta el punto que la ha tenido que aprobar por decreto, ante la imposibilidad de hacerlo en el parlamento por la rebeldĂa de miembros del propio partido. Por si fuera poco, una vez conocida la propuesta, hace bastantes dĂas, se generĂł un conflicto importante protagonizado principalmente por estudiantes de bachiller y universitarios, aunque no solo, pues otros sectores tambiĂ©n se han incorporado.
Un conflicto social que tiene como centro principal la Plaza de la RepĂşblica de ParĂs en la que se han producido cargas de la policĂa contra los manifestantes, habiendo habido heridos. Ha tenido lugar, además, una concentraciĂłn ante la Asamblea Nacional para protestar contra la ley. La reforma laboral propugnada por el gobierno está siendo bastante contestada y cuestionada. Resulta bastante discutible que un partido socialista quiera implantar una ley de esta naturaleza, pero es más llamativo aĂşn que lo haga contra viento y marea sin escuchar las voces de las calles, de los sindicatos, asĂ como las procedentes de la izquierda y del propio partido.
Este hecho está haciendo descender aĂşn más la popularidad del Presidente de la RepĂşblica. De repetir Hollande en las prĂłximas elecciones presidenciales lo más seguro no solo es que no las gane sino que se pueda dar un batacazo importante, a juzgar por lo que muestran las encuestas. Las preguntas inmediatas que surgen son varias, pero fundamentalmente me interrogo sobre dos: Âżpor quĂ© persistir en esta ley que está provocando tanta oposiciĂłn? ÂżPor quĂ© hacer una polĂtica econĂłmica y social que debilita a la izquierda? Las respuestas se me escapan desde luego, y sobre todo, Âża dĂłnde quieren ir?
Lo único que se me ocurre suponer es que esto es una manifestación más de la crisis por la que atraviesa la socialdemocracia europea que ha perdido sus señas de identidad para adentrarse por el camino del liberalismo económico. El uso de un lenguaje lleno de mitos, como la necesidad de ser competitivo en un mundo global, conduce a la toma de decisiones que favorecen aún más si cabe a los ricos y precariza las condiciones del empleo. Lo peor es que la práctica se ha desviado notablemente de las promesas electorales con las que Hollande llegó a la presidencia, precisamente en contra de las medidas neoliberales llevadas a cabo por su antecesor Sarkozy. El cambio no se ha justificado ni explicado al electorado que se encuentra perplejo ante lo que se está haciendo.
La diferencia que tiene lugar entre lo que se ha dicho y luego se hace se puede deber a motivos que habrĂa que explicar y si por las razones que sea no se puede llevar a la práctica lo que se propuso como `promesa electoral’ Âżpor quĂ© no se dimite?Âż QuĂ© interĂ©s puede tener seguir en la presidencia de la RepĂşblica y en el gobierno si se hace una polĂtica econĂłmica y social similar a la que se habĂa criticado? A mi modo de ver no tiene sentido hacer una gestiĂłn propia de la derecha. La persistencia de hacer lo mismo que preconizan las ideas basadas en el fundamentalismo de mercado y avalar las polĂticas de austeridad a lo que conducen es a una derrota de la izquierda electoral y a la desmovilizaciĂłn de la ciudadanĂa.
La economĂa francesa crece poco, tiene un paro elevado para las tasas a las que se encuentra habituado este paĂs y ha perdido capacidad competitiva en el mercado europeo frente a los alemanes. Se enfrenta, como sucede a todos los paĂses desarrollados, a la competencia creciente de los paĂses emergentes. Estos hechos muestran una realidad que no es de ahora, sino que se viene manifestando hace tiempo. Se ha agravado con la crisis y una situaciĂłn de esta naturaleza ha llevado a suponer, a algunos economistas y polĂticos, que los problemas de Francia se deben al exceso de regulaciĂłn laboral, el peso excesivo del Estado en la actividad econĂłmica, y a la generosidad del Estado del Bienestar, lo que conduce, de ser cierto este pronĂłstico, a tener que eliminar las trabas que impiden el crecimiento econĂłmico. Este, aun aceptando la complejidad del problema, no es el diagnĂłstico idĂłneo, por lo que se dan soluciones falsas a los problemas de gran parte de la poblaciĂłn. De ahĂ la rebeldĂa juvenil y las contestaciones que se realizan desde muchos ámbitos de la vida social y dentro del socialismo de los que se niegan a aceptar las propuestas neoliberales.
Las contestaciones tambiĂ©n proceden del campo acadĂ©mico de la economĂa, desde dĂłnde se hacen proposiciones para hacer cambios en el sistema monetario internacional, implantaciĂłn de la tasa Tobin, mejorar el medio ambiente y luchar contra los efectos del calentamiento del Planeta, asĂ como tambiĂ©n se proponen reformas en la UniĂłn Europea y en el orden interno de los paĂses. Pero mientras que los fundamentalistas de mercado siguen marcando la pauta de la polĂtica econĂłmica, parte de los socialistas parece que se dejan embaucar por estos cantos de sirena y justifican sus actuaciones en que hay que adaptarse a los nuevos cambios para los que no sirven las viejas recetas keynesianas. Resulta evidente que ante un mundo cambiante hay que buscar respuestas diferentes a las de otros tiempos, pero esto no conduce necesariamente a dar soluciones simples y falsas.
