La coincidencia de la campaña de la Renta ha supuesto la reactivación del arsenal conservador contra la presión fiscal en España, aduciendo, textualmente, que existe un “infierno fiscal”. Ante esto, señalemos lo siguiente, a partir de fuentes oficiales (Eurostat, Banco de España, INE, Agencia Tributaria: siempre hay que ir a los datos):

  • La presión fiscal española está, en 2025, cuatro puntos por debajo de la media de la Unión. Si lo de España es un “infierno fiscal”, lo de la Unión Europea debe ser el Averno más absoluto y siniestro.
  • La recaudación de tributos en la Agencia Tributaria ha pasado de 194 mil millones de euros en 2020 a unos 325 mil millones de euros en 2025, es decir, un incremento del orden del 50 % en cinco años.
  • Este importante aumento de la recaudación se explica por dos factores clave: el mantenimiento de la ocupación desde 2020con acciones de gasto público determinantes: ERTE, subvenciones, ayudas a las empresas, Ingreso Mínimo Vital— que ha sustentado las recuperaciones posteriores. Estas son bien visibles desde 2022: más gente contratada —22 millones de personas registradas en la Seguridad Social, según el dato de marzo de 2026— infiere mayores ingresos en IRPF; y más consumo supone, a su vez, más entradas por IVA. Más beneficios empresariales contemplan igualmente aumentos en las figuras fiscales correspondientes. En definitiva, este empuje recaudatorio se debe, de manera esencial, al crecimiento de la economía española.
  • La presión fiscal se mantiene estable en porcentaje, en torno al 37 % sobre PIB entre 2020 y 2025, mientras el aumento de la recaudación se ha expandido en un 50 %, como ya hemos subrayado. La conclusión es: no hay más presión fiscal, a pesar de que existen, como se ha indicado, cuatro puntos de margen si se quisiera homologar el dato español con el comunitario. Lo que sí hay son más bases imponibles generadas por el incremento de la ocupación y su traslado al consumo. Ese empuje en la recaudación no obedece a que los impuestos sean más onerosos, ni a que se esté “crujiendo” —en expresión coloquial utilizada por los voceros conservadores— a la sociedad española con más tasas y tributos, sino a que la actividad económica espolea los ingresos de la Hacienda. Y eso es posible por la política económica implementada.
  • Estos ingresos, rememoremos un aspecto clave, impactan igualmente de forma positiva en las haciendas autonómicas, en función del modelo de financiación vigente, que supone cuotas superiores al 50 % en IRPF e IVA en las recaudaciones tributarias. Teniendo en cuenta que servicios esenciales como la sanidad y la educación están transferidos a las regiones, y que esas prestaciones dependen de la capacidad de ingresos de las respectivas haciendas, cualquier recorte en las figuras impositivas tiene, como consecuencia, una menor asignación de recursos a esas actividades clave para el bienestar de la población.
  • Recordemos, también, que pensiones, protección social, educación y sanidad nuclean el 61 % de lo que se hace con los tributos. Reducir impuestos, sin más, laminará servicios esenciales. Y, atención, no controlará tampoco a la baja la inflación. Un engaño más.