Macron y su gobierno han conseguido aprobar en la Asamblea Nacional francesa su nueva ley de inmigraciĂłn. El precio ha sido alto: su propio grupo parlamentario ha quedado dividido y herido, con votos significativos en contra y varias abstenciones, la dimisiĂłn de uno de los ministros (el de Sanidad), el malestar explĂcito de media docena mĂĄs y una sensaciĂłn de deslealtad con el proyecto polĂtico que llevĂł al liberalismo reformista al Eliseo. Alguien ha escrito que esta batalla polĂtica puede ser mĂĄs daĂąina que la reforma de las pensiones.
No obstante, los demoscĂłpicos aseguran que, contrariamente a aquella, la revisiĂłn legislativa que regularĂĄ y controlarĂĄ el fenĂłmeno migratorio y la vida cotidiana de las personas de origen forĂĄneo en la Republica cuenta con el apoyo mayoritario de la poblaciĂłn francesa. La mayorĂa -o la mayorĂa de la mayorĂa– ha jugado, por tanto, a favor de corriente. QuizĂĄs, pero en contra de sus principios o valores, se dice en los sectores crĂticos. Esos valores son, supuestamente, la humanidad, la universalidad de los derechos, la diversidad social y cultural, todos ellos herencia o desarrollo de los pilares constitutivos de la RepĂşblica fundacional de la Francia moderna: libertad, igualdad, fraternidad. Las grandes palabras que tanto encienden a los franceses. A la hora de la verdad, se impone una realidad mĂĄs pedestre. En el caso de Macron, una flagrante contradicciĂłn con su inicial estilo rompedor, si ello era necesario para âhacer avanzar a Franciaâ. En su descargo hay que decir que en toda la UniĂłn Europa ese el rumbo que se impone (1).
La nueva ley endurece las condiciones de vida de los inmigrantes, refuerza las medidas de control policial y administrativo, restringe el flujo migratorio con recetas represivas y limita derechos. Para acceder a prestaciones familiares o a la ayuda para vivienda, los inmigrantes tendrĂĄn que tener trabajo en el momento de la solicitud o demostrar residencia durante los Ăşltimos cinco aĂąos. Las condiciones para la reagrupaciĂłn serĂĄn mĂĄs estrictas. Se les relegarĂĄ en el disfrute de otros servicios sociales, en aplicaciĂłn del principio de la âpreferencia de los nacionalesâ, y se criminalizarĂĄ su condiciĂłn bajo ciertas circunstancias agravantes (que podrĂĄn acarrear pĂŠrdida de la nacionalidad). En definitiva, se obviarĂĄ su contribuciĂłn a la riqueza y productividad de la naciĂłn. La eliminaciĂłn de la atenciĂłn mĂŠdica del Estado ha sido excluida del texto, pero podrĂĄ ser incluida, en 2024, cuando se haga una actualizaciĂłn.
UN RECORRIDO LEGISLATIVO REVELADOR
El recorrido de esta ley ha sido azaroso. Y revelador. Un primer texto salido de la Asamblea Nacional, ya un tanto restrictivo con respecto a las normas todavĂa vigentes, fue endurecido notablemente en el Senado debido a la mayorĂa de que goza en esta CĂĄmara la derecha conservadora, cuya polĂtica en la materia difiere poco o casi nada de la que sostiene el partido xenĂłfobo tradicional, es decir, el Reagrupamiento Nacional (RN), liderado por Marine Le Pen.
Los gaullistas fueron durante dĂŠcadas partido habitual de gobierno, pero hoy han quedado reducidos a una fuerza de resistencia conservadora favorecida por su anclaje territorial en zonas sobrerrepresentadas en el Parlamento, merced a un sistema electoral desequilibrado. Estos conservadores fueron rebautizados por enĂŠsima vez por NicolĂĄs Sarkozy, quiĂŠn, pese a su filiaciĂłn originaria gaullista, sumĂł a sus muchas ambiciones la de poner fin a la alargada sombra del General en la polĂtica francesa. La denominaciĂłn escogida fue Los Republicanos (LR), ambigua no por casualidad. El nuevo nombre excluĂa el tĂŠrmino Partido en virtud de su proclamada vocaciĂłn de cobertura nacional y de adscripciĂłn a los valores fundacionales del Estado; sin olvidar un guiĂąo de convergencia ideolĂłgica con sus homĂłlogos norteamericanos.
Pero LR no sĂłlo parecen haber asumido el olvido de De Gaulle, sino que han eludido la retĂłrica etiolĂłgica republicana. Durante dĂŠcadas, los conservadores proclamaban su distinciĂłn de la extrema derecha poniendo en valor los principios bĂĄsicos de la naciĂłn. El triunfo de la facciĂłn mĂĄs derechista en la Ăşltima elecciĂłn interna ha emborronado los lĂmites entre las dos derechas. Como ocurre en gran parte de Europa. Y no sĂłlo por cuestiones tĂĄcticas, por oportunismo electoral, o por exigencias de matemĂĄtica parlamentaria. No hay grandes diferencias programĂĄticas entre estos Republicanos y los nacional-identitarios.
Esta convergencia se ha visto confirmada en los debates de la Ley de InmigraciĂłn. Aunque Reagrupamiento Nacional dispone de apenas 3 senadores, las posiciones de Los Republicanos les complacĂa abiertamente. No tuvieron necesidad de agitar el barco desde las tribunas o las calles. La deriva legal cumplĂa en gran parte sus expectativas. Las organizaciones de defensa de los inmigrantes denunciaron en su momento que las enmiendas introducidas por la derecha âafectan a todos los derechos actualesâ, âllevan la marca de las derechas extremasâ e âintegran todos los clichĂŠs posible sobre la inmigraciĂłnâ (3) .
Pero lo grave es que el Ministro del Interior, GĂŠrald Darmanin, no fue muy combativo frente a la derecha conservadora, celoso de conservar en buen estado los puentes de un pacto ulterior, como se ha visto luego. Dijo que, cuando el texto endurecido volviera a la Asamblea, se limarĂan los aspectos mĂĄs desagradables. Pero el requiebro tuvo corto recorrido. Como la izquierda no apoyĂł a la mayorĂa liberal, el Ministro se encontrĂł entre la espada y la pared. En una votaciĂłn previa, el texto suavizado fue rechazado. Darmanin presentĂł la dimisiĂłn… pero a Macron, no a la jefa de gobierno, Elisabeth Borne (dicen las malas lenguas que por riesgo a que le fuera aceptada). El presidente se negĂł a permitir la caĂda del Ministro e instĂł a una soluciĂłn. El recurso al decretazo en esta ocasiĂłn habĂa sido descartado de antemano.
Al final, la reglamentaria ComisiĂłn Mixta paritaria intercĂĄmaras (CMP) produjo un texto de consenso mĂĄs cercano a las posiciones  conservadoras que a la liberales. Al cabo, el proyecto de Ley ha sido aprobado con una mayorĂa muy amplia (349 votos contra 186) , pero con los desgarros antes apuntados. Casi una cuarta parte de los diputados de la mayorĂa (50 de 251) no apoyaron el texto, votando en contra, absteniĂŠndose o ausentĂĄndose de la sala. Y algunos de estos dĂscolos tienen un papel polĂtico relevante.
Pero, al cabo, el texto saliĂł adelante con holgura. Ni siquiera hubieran hecho falta los 89 votos de la extrema derecha, que se sumĂł con proclamas de âvictoria ideolĂłgicaâ al campo del sĂ. Para salvar la cara, algunos socios de Macron, como el presidente del MoDem, habĂan sugerido previamente  que la Ley quedara en suspenso si para su aprobaciĂłn se hubiera precisado de los votos ultras. A Macron le satisfizo la idea, que encajaba con su retĂłrica de no favorecer las opciones del RN. Pero el patrĂłn de LR la calificĂł de âanomalĂa democrĂĄticaâ.
En todo caso, no todo estĂĄ dicho. El Consejo Constitucional debe confirmar que la Ley no conculca la Carta Magna, como algunos seĂąalan. La propia jefa del Gobierno, que ha defendido con su firmeza de libro habitual el texto, ha admitido que âcompartĂa algunas dudasâ sobre algunas de las disposiciones impuestas por la derecha (3).
LA PERSPECTIVA DE 2027
De momento, Macron ya tiene su Ley. Puede pensar que ha sofocado otro incendio, pero en realidad, ha colocado cargas explosivos en el edificio reformista. Su mayorĂa queda visiblemente resentida. La batalla presidencial de 2027, en la que ĂŠl no serĂĄ candidato, ha comenzado. El macronismo, como fuerza polĂtica inspiradora construida con retales, agoniza. Los liberales franceses tendrĂĄ que luchar muy mucho para mantener sus opciones en el centro-derecha.
El gran beneficiario de estas refriegas polĂticas podrĂa no ser la derecha conservadora, sino el nacional-populismo. Marine Le Pen no sĂłlo va como una flecha ante las elecciones europeas del prĂłximo mes de mayo (siempre obtiene buenos resultados en esos comicios). Su ambiciĂłn presidencial parece mĂĄs sĂłlida que nunca. Es de esperar que, en los prĂłximos aĂąos, la otrora  agitadora de la polĂtica francesa siga limando sus aristas mĂĄs incĂłmodas y reforzando su alternativa de dirigente respetable.
Los recientes triunfos de Geert Wilders en Holanda y de Giorgia Meloni en Italia (aunque la filiaciĂłn de ĂŠsta pertenezca a una veta ultra europea rival), se unen a las posiciones de gobierno conquistadas por sus afines en el norte del continente. Si se confirmase en septiembre la victoria de sus amigos xenĂłfobos de la AfD en los länder orientales de Alemania, la estatura presidenciable de Le Pen podrĂa ser irresistible. De ser asĂ, el empeĂąo de Macron de sacar adelante un legado legislativo propio âcueste lo que cuesteâ habrĂĄ tenido al aire metafĂłrico del pacto de Fausto con el diablo.
NOTAS
(1) âPartout en Europe, les portes se refermentâ. COURRIER INTERNATIONAL, 25 de noviembre.
(2) âDu droit du sol Ă lâaide mĂŠdical dâEtat: comment le SĂŠnat a durci le projet de loi âinmigrationâ. LE MONDE, 14 de noviembre.
(3) âLoi su inmigration: le texte adoptĂŠ, crisis ouverte au sein du camp Macronâ. LE MONDE, 20 de diciembre.
