Las variables económicas de Estados Unidos son buenas. Los datos referidos a inflación y tasa de paro se están conteniendo, si bien se generan tensiones internas. En apariencia, las medidas de Trump están dando menos resultados adversos en estos meses de mandato y, sobre todo, a partir del mes de abril de 2025, cuando se promulgan toda la batería de aranceles. Pero, en efecto, estamos ante una situación más bien tensa, que de manera gradual va desembocando en serias dificultades para la política económica de la Administración republicana. Apuntemos unas consideraciones.
En primer lugar, la tensión inflacionista se ha contenido por un aspecto central: el acopio de stocks de mercancías que hicieron las empresas estadounidenses antes de los anuncios arancelarios de Trump. Compraron mucho, almacenaron a tope y han ido vaciando sus inventarios a partir de unos precios no sacudidos por los aranceles. Pero cuando esos stocks se han ido adelgazando y se han adquirido mercancías ya impactadas por los aranceles, los precios se han elevado. Esto explica que la inflación esté entorno al 3%, con resistencia a contraerse. De ahí el gran debate con la Reserva Federal, que no ve claro que deba bajar los tipos de interés al nivel que pretende Trump.
En segundo término, se empiezan a observar signos claros de debilidad del mercado de trabajo, con menores contrataciones. Las empresas están decidiendo, ante las esperadas subidas de costes por los aranceles, dejar de contratar al ritmo que lo hacían. A esto debe añadirse otro factor relevante: la expulsión de inmigrantes está afectando a las actividades agrarias y a la construcción, de forma que han escaseado los trabajadores y, en paralelo, ello ha condicionado subidas salariales con dos espirales claras, un círculo poco virtuoso: incremento de costes y menores contrataciones.
Un tercer aspecto se relaciona con las consecuencias del fallo del Tribunal Supremo. Esto afecta a una reclamación esperada, por parte de empresas estadounidenses, del orden de 150 mil millones de dólares. Esto no se resolverá de forma inmediata, por los litigios judiciales que va a implicar; pero supone un golpe tremendo a la política económica de Trump, a su solvencia, su credibilidad y sus condiciones de estabilidad futura.
Un cuarto elemento es la evolución de los mercados de la Inteligencia Artificial (IA). Los datos son preocupantes: la rentabilidad de importantes empresas de la IA está cayendo en los últimos meses, al tiempo que esas empresas reclaman más financiación con menores garantías de retorno y, a su vez, un incremento de las emisiones de deuda. Se podría estar dibujando una burbuja económica relacionada directamente con la IA.
Un quinto factor: el sector exterior. Déficits crecientes, desconfianza de los tenedores de la deuda estadounidense. Desequilibrios en el presupuesto por la caída de ingresos –recortes fiscales a las rentas altas– e incremento del gasto militar. Un panorama más que añadir: la búsqueda de conflictos exteriores, Irán, Oriente Próximo, Cuba. Distracción irresponsable ante problemas internos, con la vista puesta en las elecciones de noviembre.
