Las elecciones europeas de junio de 2024 han inaugurado el nuevo ciclo institucional comunitario quinquenal (hasta los siguientes comicios de 2029). El resultado del mismo, según los datos provisionales, prefigura un giro a la derecha en Europa, con el Partido Popular Europeo (PPE) como primera fuerza, con un 25 por ciento de los escaños (y que sube ocho escaños hasta los 184, pero también con un refuerzo de los dos grupos de ultraderecha, Conservadores y Reformistas liderado por Meloni (10 por ciento, y cuatro escaños más, hasta los 73), e Identidad y Democracia de Le Pen (8 por ciento y nueve escaños más, con un total de 58). Los socialistas europeos se mantienen con 139 escaños y el 18,5 por ciento del total, (y donde vuelve a destacar el PSOE como fuerza principal de la socialdemocracia europea), pero ampliándose la desventaja en favor del PPE, su rival directo. Los grandes perdedores del 9J han sido sin duda liberales y verdes. Los primeros se quedan con el 11 por ciento de los escaños. Aunque retienen por la mínima el tercer puesto, pierden 22 escaños quedándose en 80. Los ecologistas obtienen el 7 por ciento dejándose en el camino diecinueve escaños, con un total de 52. La izquierda radical se mantiene estable con 36 escaños perdiendo uno. Hay que tener en cuenta que hay también unos cien escaños de diputados por ahora no adscritos, una parte de los cuales se adherirá a los grupos existentes, lo que también podría aumentar el peso combinado de la ultraderecha.

Por tanto, es necesario construir una mayoría pro-europea que incluya al PPE, socialistas, liberales, y ecologistas, y a la que la aritmética otorga una gran solidez, al contar con unos 457 escaños de un total de 720, y que aísle al conjunto de la extrema derecha, Meloni incluida. No olvidemos que la primera ministra italiana es alidada en su Grupo (Conservadores y Reformistas) de Vox, y del francés Zemmour (y que está a la derecha de Le Pen), y que en su país desarrolla políticas en contra de los derechos de los inmigrantes, colectivo LGT, y de la pluralidad en los medios de comunicación. El Grupo de los Socialistas y Demócratas ha emitido un comunicado el 10 de junio de 2024 en el queda deja claro su disposición a trabajar con el Grupo Popular en conformar una mayoría “democrática y pro-europea” sin flirteos con los ultras[1].

Ciertamente, el voto popular del 6-9J es solamente la primera fase de un intenso proceso que se prolongará hasta finales de 2024 para la determinación de la mayoría que sostendrá las políticas públicas europeas en el nuevo ciclo institucional y los principales cargos de la UE: presidencia del Parlamento Europeo, presidencia de la Comisión Europea, presidente del Consejo Europeo, y Alto Representante para la Política Exterior y de Seguridad Común. Posteriormente también se elige, tras la elección de la presidencia del ejecutivo europeo, y las comparecencias de los comisarios propuestos, el conjunto del colegio de comisarios.

Esto requiere la constitución de los grupos parlamentarios a partir del 10 de junio, la elección del nuevo presidente del Parlamento Europeo (pleno del 16-19 de julio), y la presidencia de la Comisión Europea, en ese mismo pleno o en septiembre. El presidente de la Comisión Europea es propuesto por el Consejo Europeo (mayoría cualificada) y elegido por mayoría absoluta por la Eurocámara. El presidente del Consejo Europeo se elige por sus miembros para un mandato de dos años y medios que se inicia el 1 de diciembre.

Al haber sido el Grupo del PPE el que cuenta con más escaños, no siendo posible una mayoría alternativa estrictamente progresista, y de acuerdo con la posición del Parlamento Europeo expresada en su informe del 12 de diciembre de 2023[2], corresponde a la candidata democristiana, Ursula Von der Leyen, recibir el encargo de construir una mayoría para la investidura como presidenta de la Comisión Europea[3], aunque se le puede reclamar que en todo caso se comprometa a no incluir a Meloni en la mayoría. Esto requiere de tres pasos.

En primer lugar, una mayoría de presidentes de los grupos parlamentarios europeos debe ponerse rápidamente de acuerdo en que Von der Leyen reciba el encargo, de modo que la presidenta del Parlamento Europeo transmita la indicación al Consejo Europeo de que la proponga como candidata a la investidura, en su calidad de “jefatura de estado colectiva”. Éste un trámite crucial para que se respete el proceso de candidatos a presidente de la Comisión que han puesto en marcha los partidos políticos europeos a partir de las elecciones de 2014 (conocido como “Spitzenkandidaten”), de modo que al menos uno de ellos sea propuesto para el cargo, y en primera instancia, el del grupo más numeroso de la Eurocámara. También así el Parlamento Europeo lidera el proceso post-electoral. Así se hizo en 2014 con Jean Claude Juncker, pero no en 2019, lo que debilitó a la institución parlamentaria. Idealmente, el Parlamento Europeo debe transmitir su indicación al Consejo Europeo antes de su reunión informal del 17 de junio, y en todo caso antes de su cumbre formal del 27-28 de junio, para influir en el proceso. Por esta razón hay previstas dos reuniones de la junta de portavoces del Parlamento Europeo con Charles Michel, presidente del Consejo Europeo, los días 20 y 26 de junio.

Esto no quiere decir que Von der Leyen vaya recibir el apoyo de socialistas, liberales, y verdes en la sesión de investidura, (el del PPE lo tiene), sino que las cuatro fuerzas pro-europeas acuerdan que la actual presidenta de la Comisión, como candidata presentada por el partido político europeo más votado, debe ser propuesta para el cargo por parte del Consejo Europeo.

Para que sea efectivamente elegida por el pleno del Parlamento Europeo, en su pleno de julio o de septiembre, el PPE como primer grupo de la cámara debe abrir, tras el acuerdo de la junta de portavoces de la Eurocámara (idealmente ya el 11 de junio), las negociaciones programáticas con los otros tres grupos para acordar el programa de la coalición, sobre la base de los respectivos manifiestos electorales presentados a las elecciones europeas (segundo paso crucial del proceso). Aunque al principio de esta segunda fase Von der Leyen no habrá sido aun formalmente propuesta por los jefes de estado y de gobierno, la posición del Parlamento en su informe ya citado, considera que en su calidad de candidata presidencial presentada por el grupo parlamentario con más escaños, debe liderar las negociaciones, al menos informales, con los distintos grupos para conformar una mayoría para un programa y para su propia elección.

El tercer paso consiste precisamente en la propuesta que debe hacer el Consejo Europeo al Parlamento Europeo de un candidato a presidente de la Comisión en su reunión de los días 27 y 28 de junio. Si Von der Leyen no fuera indicada por el Parlamento Europeo el 11 de junio o en fecha posterior, o bien no iniciara las negociaciones programáticas tras ser identificada por la Eurocámara, en todo caso a partir de la propuesta por parte del Consejo Europeo, la candidata las iniciaría inmediatamente después de 28 de junio (con la pega de que tendría solo quince días para cerrar el acuerdo si la investidura fuera en el pleno de julio). La mayoría necesaria para ser investida requiere 361 votos. Si bien PPE, Socialistas, y liberales, disponen de 405 escaños según los datos provisionales, el respaldo no está asegurado ya que los grupos parlamentarios no son monolíticos, y además la votación es secreta, por lo que los votos disidentes se incrementarán. De ahí la necesidad de sumar también a los verdes, hasta llegar a los 457, con un mejor margen de confianza.

Aunque el Consejo Europeo pactará (en principio) un reparto de cargos ideológicamente equilibrado (también en cuanto género y geografía), por el cual el PPE reclamará la presidencia de la Comisión, los socialistas la presidencia del Consejo Europeo, y los liberales el Alto Representante, con la presidencia del Parlamento Europeo adjudicada a democristianos y socialdemócratas a razón de dos años y medio a cada uno, el Europarlamento, y sus grupos, disponen de la llave crucial, pues de su voto depende el puesto más importante, el de presidente del ejecutivo europeo. De ahí la importancia del acuerdo de legislatura entre las cuatro fuerzas parlamentarias pro-europeas, que impida al PPE desmarcarse en las votaciones junto a los grupos a su derecha, así como de condiciones que pueda poner el propio Parlamento como institución a cambio de su apoyo, para seguir reforzando su poder e influencia, corrigiendo los desequilibrios en favor del Consejo y del Consejo Europeo, y también en parte de la Comisión. La institución parlamentaria debe aprovechar esta coyuntura para pedir mejorar el acuerdo marco con la Comisión, de modo que se pueda reforzar el control y la fiscalización al ejecutivo (incluyendo la posibilidad de sesiones de control periódicas), abrir negociaciones sobre sus poderes de investigación (informe bloqueada desde hace una década), y obtener el apoyo a su proyecto de reforma federal de los Tratados.

Dicho todo esto, la negociación programática de cara a la elección de la presidencia del ejecutivo europeo puede consistir en un acuerdo de grandes líneas, cuya concreción podría cerrarse en noviembre o diciembre al momento de la elección parlamentaria de la Comisión en su conjunto, conformando con los comisarios designados el conjunto del programa de trabajo de la institución. La elegante hoja de ruta descrita para avanzar en la parlamentarización del sistema político europeo no está exenta de algunas contradicciones, la más notable sin duda es la presencia de comisarios no pertenecientes a la mayoría pro-europea que debe elegir al presidente de la Comisión y acordar el programa de la coalición, ya que cada gobierno nacional nombra uno. Por tanto, habrá por lo menos dos comisarios de ultraderecha nombrados por Meloni (Italia) y Fiala (República Checa), pero habrán de respetar el programa de trabajo acordado.

Por último, es imprescindible seguir peleando por la posibilidad de presentar listas transnacionales al Parlamento Europeo, de modo que se pueda establecer un verdadero debate supranacional y se visibilice el proceso de candidatos a presidente de la Comisión por toda la ciudadanía.

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[1] Véase https://www.socialistsanddemocrats.eu/newsroom/leading-progressive-group-sds-will-work-pro-european-and-democratic-majority

[2] Véase https://www.europarl.europa.eu/doceo/document/A-9-2023-0332_EN.html#_section1

[3] El ya citado comunicado de los socialistas europeos señala que “familia socialdemócrata respetará el principio en el que se basa el proceso del spitzenkandidaten y el papel que el Parlamento debe desempeñar en este momento”.