Un fenómeno, acaecido ya en otros periodos históricos no muy lejanos, pero que se está dando de forma muy amplia en nuestra sociedad es lo que podemos denominar “el voto suicida”. A priori parece una contradicción absoluta que el derecho de votar libremente, que costó tantos sacrificios y vidas en el pasado y también actualmente todavía en algunas latitudes, se le asocie el concepto de suicida.

Analizándolo de una forma más precisa, quizás sea el apelativo que más se acerca a lo que realmente sucede cuando personas en pleno ejercicio de sus derechos civiles y políticos deciden votar a determinadas opciones y partidos políticos que van directamente contra sus propios intereses materiales y vitales como individuo, e incluso cabría añadir como grupo o clase social.

¿Qué puede hacer que un ciudadano/a que percibe el salario mínimo interprofesional elija electoralmente a una opción política que rechaza política y legislativamente un aumento del mismo? Lo mismo cabe decir respecto a algún trabajador/a por cuenta ajena que disfruta de un contrato indefinido tras la última reforma laboral e igualmente defiende y vota por grupos políticos que rechazaron taxativamente dicha ley. O por personas inmigrantes que se decantan también por ideologías, y finalmente consuman su voto, con partidos que los tildan, de forma general e infundada con los hechos, como asalta casas, roba empleos, obtenedores de paguitas, y otras lindezas semejantes, pero todas conducentes a poner trabas, cuando no a criminalizar la inmigración.

Igualmente, por ciudadanos/as que dependen enteramente de la sanidad pública para atender su salud, o su educación y la de sus hijos, y votan masivamente a opciones que una y otra vez reducen los presupuestos de la sanidad y educación pública, privatización y concertación al máximo posible de estos dos pilares elementales del estado de bienestar y de la igualdad de oportunidades. Se podrían poner más y más ejemplos de esta realidad en la que muchos ciudadanos dan su voto libremente a opciones políticas que tanto en la oposición, como cuando ostentan legítimamente el poder político, su legislación y medidas políticas van directamente contra intereses nucleares, como decimos, de estos mismos votantes.

¿Hay alguna respuesta desde el mundo de la sociología, de la ciencia política, etc.? Ciertamente que está realidad tan compleja y múltiple difícilmente se puede analizar o entender desde un único parámetro, ya sea el político, sociológico, psicología, etc.

¿Podría deberse en alguna medida al gran poder de buena parte de los grandes medios de comunicación en los que mayormente se ofrecen explicaciones y opiniones claramente desde la vertiente e intereses de determinados grupos económicos y sociales tanto en programas informativos, de debate, como de manera más soterrada desde programas que pasan por ser de puro entretenimiento pero que “cuelan” claramente determinados puntos de vista políticos, sociales y formas de estar y ser en la vida, tanto en su información como en la elección de sus invitados, siempre de forma prácticamente constante de determinada ideología de los mismos?

¿Puede deberse a la consumación de la difuminación del individuo – una premisa de la ideología neoliberal- como átomo y que ya ha perdido su conciencia de clase o grupo social al que, se reconozca o no, afectan determinadas políticas públicas?

¿O quizás al desencanto total y absoluto de sectores de la sociedad, particularmente las cohortes más jóvenes, que ven con desesperanza e indiferencia buena parte de las opciones políticas que no solucionan sus graves problemas directamente vitales que les afectan como la vivienda, precariedad laboral, etc. y se arrojan en los brazos de demagogos de todo tipo y condición?

Se abre pues un vasto campo para la investigación y el análisis de la génesis y consecuencias políticas, económicas y sociales que a medio y largo plazo puede tener esta forma de elección, recalcar sin la menor duda que absolutamente libre y legítima, para los propios intereses de estas personas y sus familias, y por ende para la propia calidad y progreso democrático de cualquier país.