“Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad.
El mundo tendrá una generación de idiotas”.

Albert Einstein

El anuncio del Presidente del Gobierno de España (PG), Pedro Sánchez (PS), sobre la regulación del uso de las redes sociales por parte de la infancia y la adolescencia, llegando a la prohibición de su uso a los que tengan menos de 16 años, ha tenido una gran repercusión con ataques ácidos y tremendos por parte de patronos de las redes sociales X y Telegram, Elon Musk y Pável Dúrov, respectivamente, que se han despachado con insultos y descalificaciones políticas y personales hacia nuestro Presidente del Gobierno.

No obstante, hemos de señalar que es una tendencia que se plantean varios gobiernos de países de muy diversa ideología, como Australia, Francia, Portugal, Reino Unido, Dinamarca y ahora España.

¿Quién tiene razón en esta pelea sobre el uso de la información en redes? Quizá sean los magnates de la informática o quizá sean los gobernantes ¿Son alarmistas los gobiernos de estos países, citados con anterioridad, o por el contrario se basan en evidencias científicas?

La utilización de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) ha tenido una historia paulatina, a la par que se modificaban las herramientas informáticas. En la década de los 50-60 del pasado siglo aparece la TV, en nuestro país, para que en las décadas 60-70 aparecieran dos elementos claves para la evolución: la TV en color y el inicio de los videos. En los años 70-80 se generaliza el uso de los videos. En las dos siguientes décadas, los 80-90, eclosionan los ordenadores personales (PC) y las video-consolas de juegos para la infancia y adolescencia. En la década: 90-2000 se establece la generalización de los PC y de las video-consolas y video-juegos, la popularización del uso de internet y, sobre todo, la aparición masiva de los teléfonos móviles. En el periodo 2000-2010 la generalización de la utilización de los teléfonos móviles, sobre todo de los móviles de alta gama y última generación, así como la difusión de una nueva generación de video-consolas y video-juegos coincidiendo con la generalización del uso de internet, la conjunción de estos factores potencia el nacimiento de los grupos de redes sociales. En la década actual los teléfonos móviles pasan a ser los smarphone que son unos potentes ordenadores en el bolsillo de sus poseedores, ya que unifican todas las funciones anteriores con un aparato que se lleva en el bolsillo y cabe en la mano.

La generalización de las TIC puso en evidencia importantes aspectos positivos, entre los que se destacaban: estar y ser incluido con la generación que corresponde en estos tiempos. Se comprueba que su uso ayuda a un tipo de lógica concreta en su dimensión de lógica formal. Se facilita una comunicación controlada… o no, este aspecto contine ambas posibilidades. Se facilita el acceso a la información (trabajos, estudios, cultura…), que se hacen accesibles de forma rápida y flexible. Se sabe que el uso de las TIC ha ido ocupando actividades de ocio, tiempo libre y esparcimiento. En su conjunto, su uso introduce una lógica formal bastante adecuada.

El primer toque de atención que se explicitó en España fue cuando los video-juegos empezaron la generalización de su uso, se caracterizó como auto-competitividad, tendencia al aislamiento y la repetición, cada vez ocupa más tiempo (tanto en jugar como en tema de conversación e intercambio) y su retirada o ausencia prolongada produce signos de inquietud/ansiedad, contenidos prioritariamente de utilización de la violencia para solventar dificultades y ganar puntos y, por fin, las temáticas son sexistas en la elección de personajes y desarrollo de las temáticas. Estos aspectos fueron expuestos en una entrevista que me realizaron en el extinto Diario-16 a inicios de los años 90 del pasado siglo, fue un primer aviso y que fue útil para tener la atención dirigida hacia estos temas en mi ejercicio profesional en la infancia y la adolescencia, desde entonces fui profundizando en estos temas con gran interés, lo hice con la inestimable colaboración de tres grandes profesionales: el doctor Carlos González Navajas y las doctoras Sandra Quirós y Mercedes Folqué, que sufrieron conmigo los embates de los “sabios” de aquel momento.

Estefanía Jiménez Iglesias, de la Universidad del País Vasco, nos avisaba hace 10 años que el 60% de los niños y niñas, en la actualidad se sitúa entre el 80-85%, según una encuesta de UNICEF. Los niños y niñas a estas edades ya poseen un smartphone, en la mayoría de los casos de última generación y más potentes que los que poseen sus propias figuras parentales. En estos casos se comprueba una sustitución progresiva de los juegos tradicionales por la utilización de los teléfonos móviles que se transforman en juguetes y, en no pocas ocasiones, en calmante de situaciones de soledad y/o de ansiedad.

Por lo tanto, aparece un hiperconsumo que origina signos claros de alteración en la relación social (restricción paulatina de las relaciones sociales “reales”, disminución de contactos con sus amigos habituales e incremento del tiempo de permanencia en el domicilio familiar) y en las interacciones (disminución de las interacciones sociales habituales, disminución de las interacciones familiares, las interacciones se encuentran mediadas por las TIC, incremento del tiempo de permanencia en su habitación e información desde y por las redes (in)sociales, difundiendo la desinformación de forma masiva).

Efectivamente, se pueden distinguir tres formas de utilización de los móviles: Uso: hacer servir una cosa para algo, consiguiendo disfrutar de algo y ejecutar o practicar algo habitualmente o por costumbre. Abuso: acción y efecto de abusar, desarrollar un ejercicio de un derecho en sentido contrario a su finalidad propia y con perjuicio ajeno. Y, en tercer lugar, dependencia, que incluye la subordinación a un poder mayor, una necesidad compulsiva de consumir alguna sustancia o desarrollar una actividad, como alcohol tabaco o drogas, para experimentar sus efectos o calmar el malestar producido por su privación.

Es indudable que las TIC poseen un atractivo muy relevante para la infancia y, sobre todo, en la adolescencia y ello es así por aspectos sintónicos con el funcionamiento del proceso mental en esa etapa del desarrollo humano. En efecto, en las TIC existe una sincronía, anonimato, capacidad de socializar y sentirse miembro activo de un grupo, le permite la construcción de identidades diversas, juegos sexuales y galanteo, todo ello se realiza con inmediatez, accesibilidad y teniendo la posibilidad de comunicación escrita. Lo que origina una oportunidad de estar en contacto permanente con ese contexto virtual, de socializarse virtualmente, disfrutar del ocio, generar seguridad y una sensación de control en figuras parentales y parejas, facilitando la gestión del tiempo y de la información, capacidad de expresar sentimientos, combinando dos tipos de comunicación, la sincrónica (oral) y la asincrónica (escrita).

Es evidente que esta utilización un tanto descontrolada de las TIC por la infancia y adolescencia originan dos tipos de desórdenes de relevancia: la posible adicción y el uso disfuncional de ese medio.

Las TIC son potencialmente adictivas, por dos factores claves: la gratificación emocional y mental de forma inmediata y por facilitar la evasión de la realidad a una nueva realidad, en este caso virtual.

La evidencia científica aporta que el uso excesivo y frecuente de las TIC se acerca a la adicción, puesto que presenta los siguientes signos: tolerancia, precisando cada vez más tiempo de uso para obtener similares resultados, cuando no se utiliza aparecen síntomas subjetivos de ansiedad y malestar que son propios de la abstinencia, se constata una pérdida de control paulatina  que potencia el consumo con ocultación y el abandono de actividades y cambios en el comportamiento y presencia de craving, que es un fenómeno que se presenta como la sensación de anhelo hacia su consumo y todo ello tiene un relevante y fundamental componente personal de modulación y modelación de esos síntomas y signos.

A partir de un momento dado se comprueba que esta hiperutilización de las TIC se relacionan, por asociación, con alteraciones psicopatológicas con un camino de comportamientos muy evidentes. Por un lado, se utilizan los móviles para llamar con el objeto de presionar/acosar, se utilizan las grabaciones para tener “pruebas” y difundir por las redes (in)sociales para que “se sepa el poder que tengo”; en este sentido el móvil se transforma en una centralita de comunicación total, apareciendo las citas de siempre y, sobre todo, las “nuevas” citas y caracterizan a una adicción nueva con características muy particulares.

Estas situaciones ya comienzan a ser visibles, en el año2016 el Centro de Atención a Drogodependencias (CAD) de la Comunidad de Madrid afirma que el 13,5 % de sus consultas iniciales eran jóvenes madrileños, entre los 18-25 años de edad, que acudían con conductas adictivas a las TIC.

Se sabe que en España existen más de 12 millones de usuarios habituales de redes (in)sociales, compitiendo Whatshap, Facebook, You-tube, Tik-Tok, Instagram, Telegram y Google (Buzz). Esta sobrerrepresentación en el consumo de las redes y, sobre todo, en la adolescencia tiene una serie de razones básicas: inmediatez y concreción de los mensajes, lo que comporta una labor de síntesis de los mensajes, capacidad para generar conversación y de incrementar la retransmisión en directo de la propia actividad, posibilidad de publicar aspectos de la propia vida, surgiendo la posibilidad de crear negocios y convertir el nombre en negocio (“Branding”) y, por fin, que son áreas de multitarea.

Debemos considerar que, según Estefanía Jiménez Iglesias de la UPV, el inicio del consumo de redes sociales es muy precoz, representando en torno al 15% a los 9-10 años, se va incrementando hasta que a los 15-16 años su utilización se eleva hasta el 95%. Según los propios usuarios a estas edades se persigue mantener contactos, entretenimiento, buscar amigos, es la moda, representa una novedad y para “ligar”.

El hiperconsumo de las TIC se las puede relacionar con clínica de elevado nivel de ansiedad, somatizaciones, trastornos del comportamiento, dificultades de concentración y de aprendizaje, síntomas de la serie depresiva, aislamiento social, miedo generalizado, trastornos de la alimentación, trastornos del sueño, conductas regresivas y, en casos extremos con trastornos disociativos y conversivos. No son baladí este tipo de consecuencias, no es para simplificar.

En Japón se describió un tipo de trastorno en casos extremos que mi equipo detectó en, al menos, tres casos de jóvenes que habían ingresado en la unidad de hospitalización. Este proceso se denominó por los japoneses como Hikikomori y que constaba de alejarse y confinarse, con una negativa a aventurarse fuera de su habitación, que se transforma en un verdadero refugio rodeado de realidades alternativas (juegos, Internet, Manga…). Tiene una mayor incidencia en varones adolescentes y en Japón se han diagnosticado en un año a 1,2 millones de japoneses.

Existe una relación entre el hiperconsumo de las redes sociales y conductas de autolesiones y otro tipo de conductas autolíticas. En los últimos 10 meses se han detectado más de 360.000 entradas en páginas como “autolesiones adolescentes”, “cómo autolesionarse”, “grupos de autolesiones adolescentes” y “born to die”. Más de 2 millones de entradas se han detectado en temas relativos al suicidio en la adolescencia con entradas tipo: “quiero suicidarme”, “suicidarme sin dolor”, “suicidio sin dolor”, “ayuda a suicidarme” o “cómo suicidarse”.

Más de 3,5 millones de entradas de adolescentes se han detectado en dos páginas relacionadas con la anorexia (Ana) y con la bulimia (Mía), con entradas tan explícitas como: “no quiero comer”, “cómo vomitar”, “no ganar peso”, “ser delgada”, “atracones”, “vigorexia” y “ortorexia”.

Una segunda categoría psicopatológica de gran interés es el ciberacoso o ciberbullying, que ya representa el 70-80% de la totalidad de los procesos de acoso en la infancia y la adolescencia. El ciberacoso consiste en un uso de información electrónica y medios de comunicación con contenidos difamatorios para acosar a un par o grupo de iguales, mediante ataques personales u otros medios y que constituyen un verdadero problema de salud pública, tal como lo señalan Feldman et al (2013); Borowsky et al, (2013). Entre las formas de ciberacoso se destaca: ciberacoso sexual, acoso entre adultos con finalidad sexual; ciberbullying o ciberabuso, acoso entre menores; ciberacecho (Cyberstaking), seguimiento de los pasos online de la víctima; grooming (child grooming, internet grooming, cybergrooming), engatusamiento de niños y adolescentes por parte de pedófilos o pederastas online, que consiste en ganárselos simulando empatía y cariño; cebo (Luring), artimañas de los pedófilos online para atraer a niños a encuentros fuera de la Red.

En los últimos 5 años el ciberbullying se ha multiplicado por tres, sobre todo entre los 9 y los 12 años, disminuyendo a partir de los 15 años, las imágenes sexuales se han multiplicado por seis y el sexting por cuatro veces, estos resultados de la investigación de Estefanía Jiménez son verdaderamente demoledores.

El ciberacoso acontece más en chicas y en poblaciones de jóvenes LGTBIQ+. Su inicio aparece cada vez de forma más temprana, es frecuente la asociación con acoso presencial, el ciberacoso presenta una marcada dificultad de desconexión con la situación acosadora por parte de la persona ciberacosada, se transforma en un sufrimiento silencioso.

Según Garaigordobil (2011) el ciberacoso afecta a la salud física, al bienestar emocional y al rendimiento académico. A corto y medio plazo se manifiesta como ansiedad (16´6% Bartrina, 2014), somatizaciones: cefaleas y trastornos gastrointestinales inespecíficos, fatiga, enuresis secundaria, hiporexia, pérdida de peso, tics, mareos y vértigo (Garaigordobil, 2011), cuadros depresivos y dificultades en el mantenimiento del sueño, retracción social y tendencia al aislamiento como estrategia de evitación ante la sensación de vivir expuesto al acoso, conductas autolesivas, ideación suicida (29% Borowsky et al. 2013) o desenlaces fatales, incluso con mayor frecuencia que en los casos de acoso tradicional. A largo plazo va instaurándose una alteración en la capacidad de relación consigo mismo y con terceros, pese al cese la situación de acoso; interferencia en el desarrollo emocional y cognitivo de la víctima y en el de su personalidad con sentimientos de culpa y auto-reproche y sensación de inferioridad y baja autoestima, que perpetúan la sensación de inseguridad y escasa protección. Según la investigación de mi grupo de trabajo, las formas de presentación clínica prevalente eran tres: trastornos psicosomáticos, trastornos del comportamiento y trastornos del humor. Por ello en estos procesos es tan importante realizar una meticulosa semiología sobre la utilización de las TIC.

De esta suerte se va evolucionando del ciberacoso a la situación de estrés postraumático, según un trabajo de Pedreira y Basile (2011) el tipo más frecuente es el de tipo III de Terr, que representa un acoso crónico con fases de agudización, lo que hace que se ensombrezca el pronóstico y pueda llevar a una conducta autolítica.

El último efecto psicopatológico se refiere al uso y abuso de la pornografía por parte de la infancia y adolescencia, un abuso de pornografía que se inicia a los 8-9 años y sustituye a la inexistencia de una correcta educación sexual integral. Ese consumo precoz de la pornografía lleva a problemas comportamentales de agresión sexual en grupo e individual y a actitudes machistas de gran relevancia.

Todo lo anteriormente referido son evidencias científicas que soportan la necesaria acción por parte del gobierno para atajar el desarrollo de procesos de tanta relevancia en la infancia y la adolescencia.

No deja de tener importancia que los dueños de las plataformas, los magnates y oligarcas de las redes (in)sociales se opongan a la regulación, porque hace referencia a su “negocio”, pero el gobierno debe actuar sobre la prevención de procesos en la población infantil y juvenil, sobre todo porque se sustenta en evidencias científicas de primera magnitud.