En la madrugada del jueves 5 de febrero de 2026 expiró formalmente el tratado New START, el último acuerdo que limitaba y controlaba los arsenales nucleares estratégicos de Estados Unidos y Rusia. Una semana antes, el Boletín de Científicos Atómicos (Bulletin of the Atomic Scientists) movió las manecillas del Reloj del Juicio Final hasta los 85 segundos para la medianoche, el punto más cercano jamás registrado desde que el indicador se creó en 1947.
Estos dos hechos confirman el sentimiento, cada vez más extendido en amplias capas de la sociedad, de imaginar el futuro en clave de conflicto. Un futuro distópico donde pueden pasar cosas graves y peligrosas, más que un futuro utópico de progreso.
En este sentido, los resultados de la encuesta de Tendencias Sociales del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), realizada a finales de 2025, son elocuentes. Ante la pregunta: “¿Cuáles cree Ud. que serán los tres principales problemas del mundo dentro de diez años?”, las respuestas apuntan con claridad en esa dirección.
Las “guerras” se sitúan como el principal problema del mundo dentro de diez años para los españoles, con un porcentaje muy por encima del resto: un 24,2 por ciento.
Si a esta creencia, le añadimos “las tensiones internacionales, los conflictos económicos, el poder de China”, con un 3,5 por ciento, y “la radicalización ideológica, extremismos políticos y regímenes totalitarios” con otro 3,5 por ciento, se constata que para uno de cada tres españoles el futuro más cercano va a estar marcado por más conflictos, enfrentamientos e inestabilidad y por menos garantías de paz en el mundo.
El segundo problema que señalan los españoles para el futuro es “el hambre, la falta de alimentos, la escasez, el desabastecimiento” con un porcentaje del 19 por ciento. Lo que quiere decir que creen que en la vida cotidiana habrá falta de comida o serios problemas para acceder a bienes esenciales.
Si a esta creencia, le añadimos el problema del “agua, las sequías, la desertificación”, con un 5,4 por ciento; “la energía (encarecimiento, escasez, dependencia)” con un 3,6 por ciento, o “la falta de recursos naturales, la escasez de materias primas”, con un 3,6 por ciento, se observa que un tercio de la población tiene el temor a que en un futuro próximo los recursos sean menos accesibles.
El tercer gran problema es “la pobreza, desigualdades y problemas sociales/ las desigualdades entre países y continentes”, con un 17,3 por ciento, lo que sitúa la desigualdad como una amenaza de primer nivel, tanto en términos internos (pobreza, brechas sociales) como en términos globales (países ricos vs pobres), donde “las desigualdades entre países y continentes” aparece con un 3,4 por ciento. Esto refleja una percepción de que el futuro traerá más fracturas sociales internas dentro de las sociedades y, al mismo tiempo, entre distintas zonas geográficas del mundo.
En cuarto lugar, aparece la inseguridad laboral y el temor al cambio tecnológico, con “el paro, la falta de trabajo, la precarización, la mecanización”, con un 14,2 por ciento. Este dato evidencia la inseguridad que perciben los ciudadanos en lo relativo al empleo y su asociación a los cambios tecnológicos. Aquí se puede señalar que la “crisis económica” aparece también con un porcentaje alto del 9,9 por ciento, lo que refuerza la idea de inestabilidad en el futuro.
Si sumamos “el paro, la falta de trabajo, la precarización, la mecanización”, con un 14,2 por ciento; “la crisis económica”, con un 9,9 por ciento; “la vivienda, con un 5,7 por ciento; “el agua, las sequías, la desertificación”, con un 5,4 por ciento; y “la energía (encarecimiento, escasez, dependencia) energía, con un 3,6 por ciento, un 38,8 por ciento de la población, un número significativo, cree que el futuro será un periodo de mayores dificultades en la vida diaria.
En quinta posición aparece el cambio climático con un 10,5 por ciento. Lo que prueba que, aun siendo una preocupación importante, la gente tiende a priorizar otros problemas que ve como más inmediatos en su día a día.
En un tramo ya con menor porcentaje aparecen “las tecnologías (dependencia, adaptación, mal uso)”, con un 8,6 por ciento, lo que visualiza que son percibidas no solo como un instrumento, sino como un riesgo social. “La inmigración, los movimientos migratorios y las crisis migratorias”, con un 6,5 por ciento. Y “la crisis política, los/as políticos/as” con un 6,5 por ciento, y “La crisis de valores, el consumismo, la incomunicación, la intolerancia”, con un 6,3 por ciento.
Estas dos últimas categorías vienen a visualizar que los ciudadanos no solo creen que habrá problemas materiales, sino reflejan un malestar con las instituciones y dudas con la convivencia social.
En definitiva, analizando los principales problemas que ven los españoles dentro de diez años, se puede afirmar que predomina una visión del futuro basada en tres grandes ideas. En primer lugar, conflicto, inestabilidad y desorden, con guerras, tensiones, y extremismos. En segundo lugar, inseguridad vital, con hambre y escasez. Y, en tercer lugar, fractura social, con desigualdad, precariedad, crisis política y de valores. Y todo ello, conjugado con el cambio climático, que aparece como amenaza relevante, pero en competencia con problemas que se ven como más inmediatos.
Como se dice popularmente, el futuro se construye en el presente. Estamos a tiempo de cambiarlo.

