Según la última estadística publicada por la OCDE, la renta de los hogares españoles creció un 3’5% durante el año 2024, casi el doble de la media del 1’8% registrada entre los países de la Organización para el Desarrollo Económico. Somos el segundo país en crecimiento, detrás de Portugal, en este selecto club de países.

Estos datos se obtienen de la suma de los ingresos netos familiares después de los impuestos y de la inflación, a los cuales se suma cualquier prestación social, como pueden ser las pensiones. El incremento, apunta la OCDE, también recoge las rentas de la propiedad, como un componente muy sustantivo dado los fuertes incrementos de los dividendos proporcionados por los inmuebles en régimen de alquiler. También las guanacias patrimoniales o las acciones y depósitos.

Al margen de la importancia que todas estas cuestiones pudieran tener en nuestro país, el impacto de las actualizaciones salariales y prestaciones derivadas de la negociación colectiva, unidas a la subida del SMI, la revalorización de las pensiones y el incremento del sueldo de los funcionarios, han sido muy determinantes. Los convenios crecieron un 3’1% de media y son muchos los sectores que vienen arrastrando crecidas derivadas de los desfases anteriores con la inflación. La moderación actual de la inflación está haciendo que todos los países miembros de la OCDE perciban mejoras comparativamente con años anteriores.

Aunque casi todos los países se han apuntado a esta tendencia, el resultado no es homogéneo y hay algunos que retroceden respecto del 2023.Es el caso de Australia, en algo más de un punto, Bélgica en cuatro décimas, o con índices negativos, como es el caso de Chile, Alemania, Grecia, Italia, Hungría y Dinamarca.

Sin duda, los datos aportados por la OCDE son muy positivos para nuestro país, ahora bien, aunque también hay otros que pueden equilibrar el tufo triunfalista al que nos pueden llevar. Por ejemplo, el informe Gini sobre la pobreza en España indica que, en el año 2024, la desigualdad de la riqueza se sitúa en el 31’2%, la cifra más baja de la serie histórica, la población en riesgo de pobreza y exclusión social sigue siendo del 25’8%, respecto del 2023.Pese a que respecto de ese año se haya reducido un 0’7%. (lo que supone que unas 200.000 personas dejan de estar en riesgo de pobreza este año), los datos siguen siendo muy preocupantes. Es más, una de cada seis familias españolas con hijos y en las que al menos un progenitor trabaja, vive en la pobreza. Una de cada tres, si son familias numerosas o solo hay un adulto al frente de la casa.

Hoy en día, tener un puesto de trabajo no garantiza la estabilidad o desahogo económico y ni siquiera llegar a final de mes según dice Save the Children. La pobreza laboral que puede afectar al 15% de la población, incide especialmente en los hogares con niños, y se da más en personas de baja formación, que trabajan como autónomos o a tiempo parcial.

Según el INE, medidas como el alza del SMI o las ayudas derivadas de la pandemia han sido absorbidas por la subida de la inflación de los últimos años, y sobre todo por los elevados precios de la vivienda.

La renta media por persona está en 14.807 €, con una diferencia sustancial respecto del 2011 que era 11.074 €, casi cuatro mil € más. Sin embargo, estas mejoras no son suficientes, ya que el 33.4% de la población no puede permitirse ir de vacaciones fuera de casa al menos una semana al año, mientras que el 47’4% tiene dificultades para llegar a fin de mes, y, un 35’8% no puede afrontar gastos imprevistos.

La derecha política y económica afirman una y otra vez, que “la mejor política social es crear empleo”, pero este argumento es falso. Estamos viendo que crear empleo por sí solo no basta si este es precario o a tiempo parcial, y si no va acompañado con medidas de carácter fiscal para redistribuir la riqueza, políticas de vivienda para paliar el alza de los alquileres, o políticas de ayuda a las familias en riesgo de pobreza energética.

Los datos estadísticos siempre son muy fríos. Nos pueden acercar a la realidad, pero el día a día es más que un número o una ratio. Los indicadores marcan una tendencia de recuperación de algunos estándares, pero todavía estamos lejos de los datos del 2008, antes de la crisis económica. La pérdida de poder adquisitivo que supuso esos casi cinco años de crisis unido a los efectos de la pandemia, la inflación y las políticas arancelarias de Trump, son un lastre para todas las economías desarrolladas del que se benefician los populismos de la extrema derecha. Combatirlas pasa por mejorar las condiciones de vida de la gente.